| Es un gran milagro de Dios
que, dejando hacer al Demonio, durante 150 años algunas personas
se hayan aferrado a una creencia extraordinariamente ilógica. La
gente juiciosa y con fe en Dios fue y es conciente de ello. De todos modos,
hubo que esperar el lapso de tiempo mencionado y valerse entretanto de
distintos métodos racionales, científicos e inductivos para
que los evolucionistas llegasen a tomar conciencia de ese engaño
de Satanás.
La forma en que cientos de miles de profesores, científicos,
estudiantes universitarios y doctores han creído ciegamente en
los supuestos particularmente irracionales de la teoría de la evolución,
es un fenómeno histórico que será recordado con asombro
dentro de unos 20 años y será tema de bromas y representaciones
teatrales.
Los partidarios del evolucionismo son influenciados por el lenguaje
científico, pomposo, con términos en latín y sostienen
que “cualquier cosa que digan los científicos evolucionistas
tiene que ser verdad”, sin meditar en el verdadero significado de
lo que expresan. Una de las formas más efectivas de hacer recapacitar
a los embelezados con el darwinismo y sacarlos del hechizo en el que han
caído, es explicarles de manera clara y simple lo que en realidad
sostiene la teoría de la evolución.
Los Supuestos de la Teoría de la Evolución Violan Completamente
la Razón y la Lógica
Según el supuesto irracional y acientífico de dicha teoría,
un universo infinito, inerte y siempre existente que no se sabe cómo
surgió, dio origen gradualmente al género humano como resultado
de procesos casuales. De acuerdo con esa hipótesis total e increíblemente
ilógica, primero aparecieron espontáneamente de la nada
partículas de polvo y luego la tierra, las piedras, el agua, las
montañas y los océanos. A continuación, algunos átomos
en esos componentes produjeron por casualidad elementos como el calcio,
el fósforo y el carbono. Con el paso de millones de años,
estas sustancias inertes, desprovistas por completo de intelecto, memoria,
conocimiento y conciencia, dieron lugar al ser humano, competente para
respirar, hablar, pensar, regocijarse y llorar y provisto de alma, memoria,
raciocinio, sapiencia y conciencia que le permitirían inventar
cosas y escribir una inmensa cantidad de libros. En otras palabras, mediante
la casualidad y con el transcurso de miles de millones de años,
la acumulación de polvo, tierra y barro generó seres humanos
de carne, sangre y alma, capaces de instalar fábricas extraordinarias
y producir los modelos más espectaculares de automóviles,
de establecer estaciones espaciales, de edificar palacios y de crear obras
de arte maravillosas. Suponer que la piedra y la tierra pudieron convertirse
en seres humanos en algún momento como resultado de la casualidad,
es aún más irracional e ilógico que la creencia en
cuentos de hadas, de los que se ríen hasta los niños.
Si las afirmaciones de los evolucionistas fuesen ciertas, no habría
ninguna razón para que ese proceso no se repitiera. Por ejemplo,
debería esperarse que dentro de miles de millones de años
en el pantano más grande del mundo aparezca un castillo construido
por seres humanos que surgieron de allí por casualidad. Para ayudar
a la acción azarosa dejemos que los darwinistas que llenen la ciénaga
con carbón, fósforo, nitrógeno, hierro, magnesio
y oxígeno, pues son elementos necesarios para la aparición
de un célula viva.
Está absolutamente fuera de discusión que de allí
pueda surgir una célula viva debido a que la misma es extraordinariamente
compleja: implica una central de energía, fábricas productoras
de enzimas y hormonas esenciales para la vida, un banco de datos con información
de todo lo que se produce, sistemas de transporte complejos que acarrean
materia prima y elaborada de una región a otra, tuberías,
laboratorios y refinerías de avanzada para elaborar lo que se trae
desde el exterior y convertirlo en componentes provechosos, membrana celular
proteica especializada para controlar la entrada y salida de sustancias
diversas en la célula. Lo dicho es la descripción más
simple y superficial de lo que involucra una célula. Una sola de
sus características es suficientemente compleja como para que su
exposición abarque muchos libros.
¿Pudo la casualidad producir un sistema tan organizado de ese
supuesto “caldo primigenio”? ¿Pudo la casualidad hacer
que el más pequeño sistema altamente complejo produzca una
entidad como el ser humano? ¿Pudo la casualidad enseñar
a un mono a hablar, saludar, pensar, edificar palacios, fundar pueblos
y civilizaciones, construir barcos, descubrir continentes, instalar laboratorios
y llevar a cabo experimentos para analizar las células que lo integran?
¿Qué casualidad puede dotar de alma a un mono? La respuesta
a cada una de estas preguntas resulta muy clara y definida: la casualidad
no puede producir un ser humano y ni siquiera una célula, el componente
más pequeño del mismo.
Puesto que los evolucionistas creen en dicho imposible, permitámosles
tomar cierta cantidad de tierra y agua de la que eventualmente provendrá
la edificación de palacios, la producción de un automóvil
Jaguar último modelo o la construcción de puentes. Permitámosles
que esperen a que ese barro dé lugar primero, de modo espontáneo,
a una célula singular, luego peces, lagartos, caballos, monos y,
finalmente, seres humanos. Después permitamos que esos seres humanos
diseñen automóviles, hagan descubrimientos y funden civilizaciones.
En realidad, hasta el más intransigente evolucionista sabe que
eso nunca puede suceder, aunque supongan que sosteniendo esa invención
acompañada con términos en latín y un estilo solemne,
de un modo u otro se vuelva creíble.
Creer que todo lo viviente que vemos sobre la Tierra, las flores con
su belleza incomparable, las frutas, los sabores, las mariposas, las gacelas,
los conejos, las panteras, los pájaros y miles de millones de seres
humanos con sus aspectos distintivos, las ciudades construidas por esas
personas, los edificios y los puentes, son en definitiva el producto de
un “caldo o barro primigenio”, significa haber perdido el
juicio. Que mucha gente crea en semejante cosa sin sentido no la legitima
para nada. Por el contrario, nos está diciendo que se trata de
algo milagroso que se origina hace 150 años cuando un hombre ya
maduro y aficionado a la biología comenzó a influenciar
sobre muchas personas con sus ideas absurdas producto de una fantasía
hilvanada durante un viaje marítimo. Que muchos hayan sido seducidos
por sus insensatos supuestos es un gran milagro de Dios, Quien revela
en el Corán que algunas personas creen en lo imposible y admiten
disparates, aunque sean inconscientes de ello.
La Teoría de la Evolución es un Engaño de Satanás
Pero sus Mentiras son Endebles
Dios revela en el Corán que Satanás ha jurado apartar a
la gente del sendero recto, engañarlas, hacerles creer absurdos
y perversiones y prepararles trampas:
…he de extraviarles, he de inspirarles vanos deseos, he de ordenarles
que hiendan las orejas del ganado (como hacían los árabes
paganos para consagrarlo a alguna deidad) y que alteren la creación
de Dios!”. Quien tome como amigo al Demonio, en lugar de tomar a
Dios, está manifiestamente perdido. El Demonio les hace promesas
y les inspira vanos deseos, pero lo que les promete no es sino falacia.
(Corán, 4:119-120)
Cuando leemos que en las civilizaciones pasadas alguna gente adoraba
el fuego o ídolos hechos de piedra y tomaban al sol o a la luna
como sus dioses, nos sorprende que se pudiese haber creído en tales
cosas. Como se revela en la cita coránica, hay personas que increíblemente
admiten absurdos, incitadas por Satanás y entonces imaginan, como
si estuviesen hechizados, que las cosas más irracionales e ilógicas
son ciertas. El Demonio ha asumido ?con el permiso de Dios y con los medios
que El le permite? la tarea de engañar a quienes no creen en su
Señor, generándoles ideas insanas y haciéndoles aceptar
falsedades en vez de Su verdad. Por medio del engaño se las presenta
como razonables y legítimas. La teoría de la evolución
es una de esas mentiras y Satanás la ha utilizado a lo largo de
los últimos 150 años. Además, la ha convertido en
una de sus armas más potentes pero oculta bajo el nombre de algo
en lo que más confía la gente, es decir, la ciencia. Quienes
aceptan el engaño de Satanás de manera inconsciente o no,
aunque sean personas muy calificadas profesional o académicamente,
pasan a creer los disparates más insólitos que ni los chicos
aceptarían.
De todos modos, el arma de Satanás sólo es efectiva frente
a los débiles, los incrédulos. Los individuos devotos nunca
son afectados y perciben el engaño del Demonio con toda claridad.
Dios nos dice en el Corán 4:76 que …¡Las
artimañas del Demonio son débiles! Y en 15:39-40
El nos hace conocer que Satanás nunca será capaz de extraviar
a Sus siervos sinceros. Como se revela en los versículos mencionados,
Dios hace que las trampas de Satanás sean estériles con
Sus siervos sinceros, quienes también contrarrestan las mismas
haciéndolas conocer.
Es fácil liberarse de las celadas del Demonio. Para ello lo que
hay que hacer es pensar con probidad. Cualquiera que proceda así
verá que los supuestos de la teoría de la evolución
son falsos. El común de los naturalistas también percibirá
esta verdad manifiesta si pueden zafarse de los efectos de su propio entorno
y de las preocupaciones que les invaden al pensar en qué dirán
otros materialistas al enterarse que rechazan el darwinismo. Entonces
dejarán de creer en escenarios imposibles como los planteados por
el evolucionismo.
Dios revela:
Cuando los que temen a Dios sufren una aparición del Demonio,
se dejan amonestar y ven claro. (Corán, 7:201)
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