Dios emplaza a la humanidad
a investigar y reflexionar acerca de los cielos, la tierra, las montañas,
las estrellas, las semillas, las plantas, los animales, la alternancia
del día y la noche, la creación del ser humano, la lluvia, etc., es
decir, sobre todo lo creado. Al hacerlo, dentro del pensamiento lógico,
reconocemos el arte de Dios en la creación de todo lo que nos rodea
y, en definitiva, que El creó el universo de la nada. "La ciencia"
ofrece un método por medio del cual se puede examinar todo lo que
contiene el universo para descubrir el arte en la creación de Dios
y de ese modo hacerlo conocer a la humanidad. La religión, por lo
tanto, alienta a la ciencia a la vez que la adopta como un instrumento
para dilucidar la sutileza de la creación de Dios.
Hace catorce siglos Dios
reveló el Corán a la humanidad como un libro guía, y exhortó a la
gente a aferrarse a él para ser conducidos hacia la verdad. Como se
lee en el versículo: "Pero no es [el Corán] sino un Recordatorio para
todos los mundos" (Sura al-Qalam [68]: 52), desde el día de su revelación
hasta el Día del Juicio, este último libro divino permanecerá como
la única guía para la humanidad. El lenguaje y estilo inigualables
del Corán, así como la sabiduría que encierra, constituyen una evidencia
incontrastable de que es la Palabra de Dios. Además, él posee muchos
atributos milagrosos que prueban que es la Palabra de Dios. Uno de
ellos es el hecho de que cierto número de verdades científicas -que
sólo ha sido posible descubrir con la tecnología del siglo XX- aparecen
ya enunciadas en el Corán hace 1400 años.
Muchas sociedades que
se rebelaron contra la voluntad de Dios y consideraron como enemigos
a Sus mensajeros, fueron barridas de la faz de la tierra totalmente…
Todas ellas fueron destruidas a través de erupciones volcánicas,
diluvios desastrosos o una tormenta de arena.
"Pueblos Desaparecidos" examina esos castigos según
los presentan los versículos coránicos y a la luz de
los descubrimientos arqueológicos.