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LA MUERTE, LA RESURRECCIÓN Y EL INFIERNO

LA MUERTE, LA RESURRECCIÓN
Y EL INFIERNO

Di: “Ciertamente, la muerte de la que huís acabará alcanzándoos – y luego seréis devueltos a Aquel que conoce cuanto está fuera del alcance de la percepción de los seres creados, y también cuanto pueden percibir, y entonces Él os hará entender realmente todo lo que hacíais [en la vida].”
(Sura 62:8 La Congregación)

   


LA VERDADERA MUERTE Y LO QUE DE ELLA SE DERIVA

La muerte del alma (La verdadera muerte)

¿Has pensado alguna vez en cómo morirás, en cómo es la muerte y en lo que ocurrirá en el momento de morir?

Hasta ahora, nadie que haya muerto ha aparecido para compartir sus experiencias y sentimientos con respecto a ella. Es por esto que resulta técnicamente imposible recabar información sobre cómo es la muerte y lo que uno siente en el momento de morir.

Dios, El que da vida al hombre y se la quita a su debido tiempo, nos informa en el Corán sobre cómo ocurre la muerte. De este modo, el Corán se convierte en la única fuente de información sobre la misma y sobre lo que experimenta y siente alguien que muere.

La muerte, tal y como se refiere a ella el Corán, es bastante diferente a la “muerte clínica” que se observa desde fuera.

Ante todo, ciertos versículos nos ponen al corriente de lo que le ocurre a la persona que está muriendo visto por ella misma y que no pueden percibir otros. Lo relata la sura “Lo que ha de ocurrir”:

¿Por qué, pues, cuando llega [el ultimo aliento] a la garganta [de un moribundo], mientras vosotros miráis [impotentes] -y Nosotros estaos más cerca de él que vosotros, pero no [Nos] veis? (Sura 56: 83-85 Lo que ha de ocurrir)

A diferencia de la muerte de los incrédulos, la de los creyentes es dichosa:

...esos  quienes los ángeles se llevan a su muerte mientras están en un estado de pureza interior, y les dicen: “¡La paz sea con vosotros! ¡Entrad en el paraíso por lo que hicisteis [en vida]!”. (Sura 16: 32 La abeja)

Estos versículos revelan un hecho muy importante e inalterable acerca de la muerte: cuando ésta nos llega, por lo que pasa la persona que está muriendo y lo que observan los que le rodean son experiencias distintas. Por ejemplo, alguien que fue toda su vida un incrédulo inflexible parece desde fuera que tiene una “muerte tranquila”. Sin embargo, el alma, que ahora se encuentra en una dimensión totalmente diferente, saborea la muerte de un modo muy doloroso. Mientras, el alma de un creyente, a pesar de que parezca estar sufriendo enormemente, deja el cuerpo “en un estado de virtud”.

En resumen, la “muerte clínica del cuerpo” y la muerte del alma, a la cual hace referencia el Corán, son acontecimientos totalmente diferentes.

Al ignorar esta verdad de la que nos informa el Corán, los incrédulos, que piensan que la muerte es un sueño tranquilo y eterno, buscan también la manera de hacer menos doloroso y más cómodo el momento de morir. Las consecuencias de este error se ejemplifican claramente con los casos de los que cometen suicidio ingiriendo pastillas, inhalando gas o recurriendo a cualquier otra forma indolora de morir para escapar de una dolorosa enfermedad.

Como mencionábamos anteriormente, la muerte que “saborean” los incrédulos se convierte en una gran fuente de tormento para ellos, mientras que resulta una dicha para los creyentes. El Corán ofrece un relato detallado de las dificultades que experimentan los incrédulos cuando se llevan sus almas por el modo en que los ángeles manejan sus almas en el momento de su muerte:

¿Qué [será de ellos] pues, cuando los ángeles los recojan a su muerte, y les golpeen en la cara y en la espalda? Esto, porque solían seguir lo que Dios condena, y detestaban [lo que obtendría] Su complacencia: y entonces Él ha hecho que se malogren todas sus [buenas] obras. (Sura 47: 27-28 Muhammad)

El Corán también hace referencia a la “agonía de la muerte”, que en realidad es consecuencia de las noticias que dan los ángeles sobre el tormento eterno en el momento de morir:

... ¿Y quien puede ser más perverso que quien inventa una mentira acerca de Dios, o dice: “Esto me ha sido revelado”, cuando no le ha sido revelado nada? - ¿o quien dice: “También yo puedo hacer descender lo que Dios ha hecho descender”?

Si pudieras ver [que será de] tales malhechores cuando se vean en la agonía de la muerte, y los ángeles extiendan sus manos [y exclamen]: “¡Entregad vuestras almas! ¡Hoy seréis retribuidos con el sufrimiento de la humillación por haber atribuido a Dios algo que no es la verdad, y por haber despreciado arrogantemente Sus mensajes!”. (Sura 6: 93 El ganado)

Y si tan solo pudieras ver [que pasará] cuando Él haga morir a los que insisten en negar la verdad: los ángeles les golpearán en la cara y en la espalda, y [dirán]: “¡Saboread el castigo del fuego en pago a lo que vuestras manos han adelantado -pues Dios no es injusto en absoluto con Sus criaturas!”. (Sura 8: 50-51 El botín)

Estos versículos dejan claro que la muerte de un incrédulo es, en sí misma, un período de agonía. Mientras que los que le rodean observan una aparente muerte tranquila en su cama, empieza un gran tormento espiritual y físico para él. Los ángeles de la muerte toman su alma, inflingiéndole dolor y humillación. En el Corán, los ángeles que recogen las almas de los incrédulos se describen: “esos que ascienden para luego ponerse”. (Sura 79: 1 Los que ascienden)

La última etapa de cómo se llevan el alma se explica de la siguiente manera:

¡Pero no! Cuando llega [el último aliento] a la garganta [del moribundo] y la gente pregunta: “¿Hay algún mago [que pueda salvarle]?” –mientras que él [mismo] sabe que ésta es en verdad la partida. (Sura 75: 26-28 La resurrección)

En este instante, el incrédulo se enfrenta a la verdad que negó durante toda su vida. Con su muerte, empezará a sufrir las consecuencias de su enorme culpa, su negación. Los ángeles “golpeando sus espaldasyarrancando (el alma) con fuerza” suponen sólo el principio y un pequeño indicio del sufrimiento que les espera.

Por el contrario, para un creyente, la muerte supone el principio de la felicidad y la dicha eternas. A diferencia del incrédulo, que sufre amargamente, el alma del creyente “navega con navegación serena” (Sura 79: 2 Los que ascienden) mientras los ángeles dicen: “¡La paz sea con vosotros! ¡Entrad en el paraíso por lo que hicisteis [en vida]!” (Sura 16: 32 La abeja) Es algo parecido al sueño. –en él, el alma se desliza suavemente hacia otra dimensión, como indica el siguiente versículo:
 
[Únicamente] Dios [tiene este poder -Él] es quien hace morir a todos los seres humanos en el momento de su muerte [corporal], y [hace que estén como muertos], mientras duermen, a aquellos que aún no han muerto: así retiene ´-el a aquellos para los que ha decretado la muerte, y remite a los otros hasta un plazo fijado [por Él]. (Sura 39: 42 Las multitudes)

Esta es la verdad fundamental sobre la muerte. Exteriormente, la gente es testigo sólo de la muerte clínica: un cuerpo que pierde gradualmente sus funciones. Los que observan desde fuera a una persona al borde de la muerte no ven ni cómo golpean su cara ni su espalda, ni cómo su alma llega hasta su garganta. Únicamente el alma de la persona en cuestión experimenta estas sensaciones y ve estas imágenes. Sin embargo, la verdadera muerte la “saborea” en todas sus facetas la persona que está muriendo en una dimensión desconocida para los que la ven desde fuera. En otras palabras, lo que se experimenta durante la muerte es un “cambio de dimensión”.

Podemos resumir los acontecimientos que revelan estos versículos que hemos analizado como sigue: ya se sea creyente o no, la muerte de una persona no se retrasa ni se adelanta ni siquiera una hora. Dondequiera que esté, la muerte le sorprende, si ha llegado su hora. En el momento de morir, se recibe un tratamiento diferenciado, aunque exteriormente no se puede distinguir.

La muerte del creyente

—          Al ser consciente de que la muerte es inevitable, el creyente se prepara para enfrentarse a ella durante toda su vida y finalmente pasa el examen.

  1. Los ángeles de la muerte le saludan y le dan buenas nuevas del paraíso.
  2. Los ángeles tratan el alma de un creyente con delicadeza.
  3. El creyente siente la necesidad de dar la buena nueva de que la promesa de Dios es cierta a otros creyentes que aún están en el mundo y de que no existe miedo ni dolor para ellos. Pero esto no está permitido.
La muerte del incrédulo.
  1. Se enfrenta a la muerte que ha intentado evitar durante toda su vida.
  2. Sufre convulsiones mientras muere.

—          Los ángeles extienden sus manos y le informan sobre el degradante castigo del infierno.

  1. Los ángeles golpean su cara y espalda mientras está muriendo.
  2. Se llevan el alma con un gran tormento interior.
  3. Cogen el alma y llega hasta la garganta y, en ese momento, no queda nadie para curarle.           
  4. El alma sale con dificultad, mientras que sigue negando.
  5. En el momento de morir, no se le permite expresar su fe ni arrepentirse.

Podemos aprender algo de la “muerte clínica” que la gente observa desde fuera. La manera en que este tipo de muerte reduce el cuerpo humano a algo insignificante hace que uno vea como ciertos algunos hechos muy importantes. Por consiguiente, la “muerte clínica” y la tumba, que nos esperan a todos, también merecen mencionarse y meditar sobre ellas.

La muerte del cuerpo (vista desde fuera)

Cuando morimos, a la vez que el alma abandona la dimensión en la que vive el hombre, deja también atrás un cuerpo sin vida. Como en el caso de las criaturas que cambian la piel, se abandona la envoltura externa y se continúa hacia la verdadera vida.

A pesar de esto, la historia de la “envoltura” que permanece en este mundo es importante, especialmente para aquellos que dan al cuerpo más importancia de la que realmente merece...

¿Has pensado detenidamente lo que le sucede a esta “envoltura” cuando uno muere?

Morirás un día. Quizá de un modo que nunca imaginaste: mientras vas a la panadería a comprar el pan, puede que un coche te atropelle; o una enfermedad mortal acabará con tu vida; o, simplemente, tu corazón dejará de latir sin motivo aparente.  

Entonces empezarás a saborear la muerte

De aquí en adelante, no tendrás nada que ver con tu cuerpo. Ese cuerpo que asumiste como “tuyo” durante toda tu vida se volverá un simple trozo de carne. A tu muerte, otros se lo llevarán. Habrá gente alrededor llorando y lamentándose. Luego llevarán ese cuerpo al depósito, en donde permanecerá una noche. Al día siguiente comenzarán los preparativos para el entierro. Lavarán el cuerpo sin vida, ahora muy rígido. Señales de la muerte aparecerán en algunas partes del mismo, poniéndose morado.

Luego envolverán el cadáver en un sudario y lo colocarán en un ataúd de madera que conducirá un coche fúnebre. Conforme avanza hacia el cementerio, la vida en las calles seguirá como siempre. Al percatarse de que pasa un coche fúnebre, algunos viandantes mostrarán respeto, pero la mayoría seguirán con lo que estaban haciendo. En el cementerio, el ataúd lo transportarán los que te querían o los que decían quererte. Lo más probable es que aún haya gente llorando y lamentándose. Entonces llegarán a su inevitable destino: la tumba. Inscribirán tu nombre en la lápida de mármol… Sacarán tu cadáver del ataúd y lo meterán en la fosa. Recitarán oraciones por tí. Finalmente, cogerán las palas y cubrirán tu cuerpo con tierra. También arrojarán tierra en el sudario y tu boca, garganta, ojos y nariz se llenarán de ella. Poco a poco te irás cubriendo de tierra por completo. Enseguida acabará el funeral y la gente se irá marchando. Entonces el cementerio volverá a su silencio habitual. Los que asistieron a las exequias seguirán con sus vidas y, en cuanto a tu cuerpo enterrado, la vida ya no tendrá sentido para él. Una casa bonita, una persona bien parecida, un paisaje impresionante no significarán nada. Tu cuerpo no se encontrará con un amigo nunca más. De ahora en adelante, lo único cierto para él será la tierra, los gusanos y las bacterias que la habitan.

¿Has pensado alguna vez en cómo será el aspecto que tendrá tu cuerpo después de morir?

Con el entierro, tu cuerpo experimentará un rápido proceso de  descomposición provocado por factores tanto internos como externos.

Poco después de que te coloquen en la tumba, las bacterias y los insectos que proliferan en el cadáver debido a la ausencia de oxígeno empezarán a actuar. Los gases liberados por estos organismos hincharán el cadáver, empezando por el abdomen, alterando su forma y apariencia. Una espuma sanguinolenta brotará de la boca y la nariz debido a la presión de los gases sobre el diafragma. Conforme avanza la descomposición, se desprenderán el pelo, las uñas, las plantas de los pies y las palmas de las manos. Acompañando a esta alteración externa del cuerpo, los órganos internos tales como los pulmones, el corazón y el hígado también se descompondrán. Mientras tanto, la escena más horrible tiene lugar en el abdomen, donde la piel no puede soportar ya la presión de los gases y revienta, expandiendo un olor insoportable y repugnante. Comenzando por el cráneo, los músculos se separarán de su sitio. La piel y los tejidos blandos se desintegrarán por completo. El cerebro se pudrirá y empezará a parecer barro. Este proceso continuará hasta que todo el cuerpo quede reducido a un esqueleto.

El cuerpo que creías tuyo desaparecerá de una manera horrible y desagradable. Mientras que aquellos que dejaste atrás prosiguen con los rituales de costumbre, los gusanos, insectos y bacterias del suelo corroerán tu cuerpo.

Si mueres a consecuencia de un accidente y no te entierran, las consecuencias serán incluso más trágicas. Los gusanos comerán tu cuerpo como si fuera un trozo de carne que se deja a temperatura ambiente durante varios días. Cuando se hayan comido el último trozo tu cuerpo será un esqueleto.

Ésta es la manera en que la vida de un ser humano, creado de “la mejor forma” alcanza el más horrible de los finales.

¿Por qué?

Es sin duda por la Voluntad de Dios que el cuerpo deja de existir de una forma tan drástica. El que así lo haga conlleva un mensaje implícito muy importante. El terrible final que le espera al hombre debería hacer que se diera cuenta de que no es un cuerpo, sino un alma “encerrada” en un cuerpo. En otras palabras, el ser humano debe comprender que tiene una existencia más allá de su cuerpo. Un final tan impresionante, con las muchas lecciones que conlleva, está hecho para que el hombre comprenda que no es simplemente “carne y huesos”.

El hombre debería contemplar su cuerpo, al que da tanta importancia (como si fuera a permanecer en este mundo finito para siempre), y fijarse en su final: la muerte (puesto que se corromperá bajo la tierra, se lo comerán los gusanos y, finalmente, se convertirá en un esqueleto).

LA TRANSITORIEDAD DE LA VIDA DE ESTE MUNDO

¿Has pensado alguna vez porqué el hombre necesita dedicar tanto tiempo y esfuerzo a mantener limpio su cuerpo? ¿Por qué son tan indecorosos un cuerpo sucio, un aliento fétido, una piel o cabello grasientos? ¿Por qué se suda y por qué el olor que acompaña al sudor es tan intenso?

A diferencia del hombre, las plantas despiden olores extremadamente agradables. Una rosa o un clavel nunca apestan, a pesar de que crecen en el suelo y están en un ambiente de polvo y suciedad. Sin embargo, el hombre raramente puede lograr tener una fragancia permanente, no importa cuánto se preocupe por su cuerpo.

¿Has pensado alguna vez por qué el hombre tiene tantas debilidades? ¿Por qué Dios creó las flores con bellas fragancias pero hizo al cuerpo humano propenso a producir un olor tan desagradable?

Las flaquezas del hombre no se limitan a los olores corporales: se cansa y tiene hambre, se siente débil, se lastima, siente nauseas, enferma...

Todo esto puede parecer algo normal, pero no hay que dejarse engañar. Puede ser que alguien no despida nunca mal olor. Del mismo modo, puede que alguien nunca tenga dolor de cabeza o esté enfermo. Todas estas debilidades que sufre el hombre no ocurren por “coincidencia” sino que las crea Dios a propósito. Dios asignó al hombre un objetivo específico y lo hizo intencionadamente débil.

Esta estrategia tiene dos objetivos: primero, hacer que el hombre se de cuenta de que es un ser débil, un “sirviente” de Dios. Ser perfecto es uno de los atributos de Dios. Sus sirvientes son, sin embargo, extremadamente delicados y por tanto intrínsecamente necesitados de su Creador. Esto lo explica el Corán de la siguiente manera:

¡Oh gentes! Vosotros sois los que necesitáis a Dios, mientras que sólo Dios es autosuficiente, Aquel que es digno de toda alabanza.

Si quiere, puede eliminaros y poner [en vuestro lugar] a una nueva humanidad: y eso no sería difícil para Dios. (Sura 35: 15-17 El Originador)

Las debilidades del cuerpo humano recuerdan continuamente al hombre las suyas propias. El hombre puede que se considere a sí mismo un ser superior y perfecto, pero el hecho de que tenga que ir todos los días al aseo y lo que allí experimenta le hace reconocer su verdadero yo.

El segundo objetivo es recordar al hombre la naturaleza temporal de esta vida. Esto es así porque estas debilidades son específicas del cuerpo en este mundo. En el Más Allá, los Compañeros del Jardín estarán dotados de un cuerpo perfecto. El cuerpo pobre, imperfecto y débil de este mundo no es el verdadero cuerpo del creyente, sino un molde perecedero en el que permanece durante cierto tiempo.

Éste es el porqué la belleza perfecta es inalcanzable en este mundo. La persona físicamente más atractiva, perfecta y bella también va al aseo, suda, tiene mal aliento por la mañana y sufre acné de cuando en cuando. Se necesita seguir una rutina diaria para mantenerse limpio y fresco. Algunas personas tienen una cara muy bonita, pero un cuerpo desproporcionado. También encontramos el caso contrario. Otros tienen unos ojos preciosos, pero una nariz enorme. Podríamos enumerar miles de ejemplos. Una persona aparentemente atractiva puede que sufra una grave enfermedad.

Además de lo dicho, la persona aparentemente más perfecta al final envejece y muere. En un accidente de tráfico inesperado, su cuerpo podría lesionarse sin remedio. En este mundo, no sólo el cuerpo humano es imperfecto, defectuoso y caduco. Todas las flores se marchitan y la comida más deliciosa se pudre. Son rasgos distintivos de este mundo. Nuestra corta vida así como nuestro cuerpo son favores finitos que Dios nos ha otorgado. Una vida eterna y una creación perfecta son sólo posibles en el Más Allá. Como dice el Corán:

Y [recordad que] lo que [ahora] se os da es sólo para el disfrute [pasajero] de esta vida –mientras que lo que hay junto a Dios es mucho mejor y más duradero. (Sura 42: 36 La consulta)

En otro versículo se explica la esencia real de este mundo de la siguiente manera:

¡Sabed [oh hombres] que esta vida es solo juego y distracción, y un hermoso espectáculo, y [motivo para] vuestra jactanciosa rivalidad unos con otros, y [vuestro] afán por más riqueza e hijos!

Su parábola es la de la lluvia [vivificante]: la vegetación que hace crecer complace a los labradores; pero luego se marchita y la ves amarillear, y al final queda convertida en paja.

Pero [la realidad permanente de la condición humana se hará patente] en la Otra Vida: [ya sea] el castigo severo, o el perdón de Dios y Su complacencia: pues esta vida no es más que el disfrute pasajero de un engaño... (Sura 57: 20 El hierro)

En resumen, en este mundo Dios, como señal de Su infinito poder y sabiduría, ha creado muchas cosas bonitas y maravillosas, así como otras imperfectas. La permanencia y la excelencia van en contra de las leyes de este mundo. Nada que la mente humana pueda imaginar, incluyendo la tecnología más avanzada, cambiará esta ley de Dios. Esto es así para que la gente se esfuerce en alcanzar el Más Allá y muestre el debido respeto y gratitud a Dios. También para que se percaten de que el verdadero lugar de estos favores no se encuentra en este mundo perecedero, sino en la morada eterna preparada para los creyentes. En el Corán se alude a ello como sigue:

Pero vosotros preferís esta vida, aunque la Otra Vida es mejor y más duradera. (Sura 87: 16-17 El Altísimo)

Otro versículo dice: “la morada en la Otra Vida es en verdad la única vida [verdadera]: ¡si tan sólo supieran esto! (Sura 29: 64 La araña) Existe una línea muy fina entre este mundo, que es un lugar pasajero, y nuestra “verdadera vida”: el Más Allá. La muerte es el instrumento que se encarga de borrar dicha línea. Con la muerte, el hombre rompe cualquier relación con su cuerpo y con este mundo y comienza la vida eterna con su recién estrenado cuerpo.

Puesto que la verdadera vida es la que comienza con la muerte, las verdaderas “leyes de la naturaleza” son las que conciernen al Más Allá. Los defectos, las imperfecciones y la transitoriedad son leyes de este mundo, pero no son leyes reales o inalterables. Las verdaderas leyes se formulan según los principios de infinidad, excelencia e inmortalidad. En otras palabras, lo normal es que una flor no se marchite, que un hombre no se haga viejo y que una fruta no se pudra. Las leyes reales implican la realización instantánea de los deseos del hombre o la eliminación de los sufrimientos y las enfermedades, o incluso el sudor o el frío. A pesar de esto, las leyes temporales tienen efecto en esta vida temporal, mientras que las verdaderas leyes son obligatorias en la próxima. Todas las imperfecciones y defectos con los que nos encontramos en este mundo existen debido a la distorsión deliberada de las verdaderas leyes.

La morada de estas últimas, el Más Allá, no está muy lejos, como se cree. Dios puede poner fin a la vida del hombre en cualquier momento y hacer que vaya al Más Allá. Esta transición ocurrirá en un período de tiempo muy corto, en un abrir y cerrar de ojos. Se asemeja al despertar de un sueño. Uno de los versículos del Corán describe la brevedad de este mundo de la siguiente manera:

[Y] Él preguntó [a los condenados]: “¿Cuántos años habéis permanecido en la tierra?”

Dirán: “Hemos permanecido allí un día, o parte de un día; pero pregunta a aquellos [capaces] de computar [el tiempo]…”

[Entonces] Él dirá: “Habéis permanecido allí sólo por poco tiempo: si hubierais sabido [cuan breve iba a ser] ¿Pensabais, acaso, que os creamos por mera diversión, y que no habríais de retornar a Nosotros?”. (Sura 23: 112-115 Los creyentes)

Cuando llega la muerte, los sueños llegan también a su final y el hombre comienza su verdadera vida. El hombre, que permaneció en la tierra por un período de tiempo tan corto como un “abrir y cerrar de ojos”, se presenta ante Dios para dar cuenta de sus actos en este mundo. Si ha tenido en cuenta la muerte durante toda su vida y ésta la ha vivido con el fin de lograr la aprobación de Dios, se salvará. En el Corán, las palabras de “aquellos que reciben sus Libros en la mano derecha” son las siguientes:

Aquel cuyo registro le sea entregado en su mano derecha, exclamará: “¡Venid todos! ¡Leed mi registro! ¡En verdad, sabía que tendría que enfrentarme [un día] a mi cuenta!” (Sura 69: 19-20 La exhibición de la verdad desnuda)

LA SITUACIÓN EN ESTE MUNDO Y EN EL MÁS ALLÁ DE LOS QUE NO APRENDEN NADA DE LA MUERTE 

La mayoría de la gente tiene un concepto equivocado de la muerte. Uno de ellos es pensar que “la muerte es el momento en que acaba la vida”. Sin embargo, si miramos un poco más lejos, comprenderemos que es el momento en que comienza la próxima. Este equivocado punto de vista hace que los incrédulos compriman todos sus deseos en este corto período que es la vida. Es el porqué los que no se dan cuenta de la verdad del Más Allá quieren sacar el máximo partido de ella sin pararse a pensar en nada más. Sin distinguir el bien del mal, buscan satisfacer todos sus instintos. Esta postura se basa en creer que la muerte pone punto y final a todas las alegrías y placeres de este mundo. Creen que tienen muchos años por delante y hacen planes a largo plazo. Se consideran muy inteligentes, y opinan que los creyentes, que tienen una fe inquebrantable en Dios y en el Más Allá y por tanto se preparan para ello, son unos insensatos. Éste es uno de los métodos clásicos empleados por Satán para engañar al hombre. Dios llama nuestra atención contra este “método engañoso” en el siguiente versículo:

En verdad, los que dan la espalda [a este mensaje] después de habérseles mostrado claramente la guía, [lo hacen porque] Satán les ha seducido y les ha llenado de falsas esperanzas. (Sura: 47: 25 Muhammad)

Les promete y les llena de vanos deseos: pero cuando Satán les promete es sólo para engañarles. (Sura 4: 120 Las mujeres)

Amasando fortunas en este mundo como si la vida durase para siempre, los incrédulos perciben ésta como una competición. Durante toda ella se sienten orgullosos de sus posesiones e hijos. Este orgullo les confiere un sentimiento de superioridad artificial, lo que les hace alejarse por completo de centrar sus pensamientos en el Más Allá. Sin embargo, los siguientes versículos revelan a dónde están destinados a causa de su gran error:

¿Piensan, acaso, que mediante la riqueza y los hijos que les damos Nosotros [queremos sólo] hacer que compitan entre sí en hacer [lo que ellos consideran] buenas obras? ¡Qué va, -pero no se dan cuenta [de su error]! (Sura 23: 55-56 Los creyentes)

Que sus riquezas o [la felicidad que puedan obtener de] sus hijos no provoquen tu admiración: Dios quiere sólo castigarles por medio de ello en esta vida y [hacer] que sus almas partan mientras [siguen aún] negando la verdad. (Sura 9: 55 El arrepentimiento)

Dios envía al hombre muchas advertencias y mensajes para que medite sobre la muerte y el Más Allá. En un versículo, Dios llama nuestra atención sobre las pruebas que nos sirven de advertencia:

¿Es que no ven que son probados continuamente? Y, no obstante, no se arrepienten y no se acuerdan [de Dios]. (Sura 9: 126 El arrepentimiento)

De hecho, la mayoría de las personas hacen frente a varias pruebas, con el fin de que se arrepientan y hagan caso. Puede que ocurran raramente (una o dos veces al año), como menciona el versículo anterior, o puede que se trate de pequeños problemas cotidianos. El hombre es testigo de accidentes, muertes o lesiones. Los periódicos están llenos de historias de muertes y de necrológicas. A la luz de estos hechos, el hombre debe recordar que le puede ocurrir una calamidad en cualquier momento y que, en cualquier momento, puede acabar su período de prueba. Tomar conciencia de ello hace que uno se vuelva sinceramente hacia Dios, busque refugio en Él y Le pida perdón.

Las lecciones que los creyentes sacan de la adversidad a la que se enfrentan son perdurables, pero los mismos acontecimientos tienen un impacto totalmente diferente en los incrédulos. Aterrorizados como están por la muerte, estos últimos vuelven la espalda a la realidad de la muerte o simplemente intentan olvidarla. Con ello buscan alivio; pero este engañoso método lo único que les hace es daño, porque Dios “les concede una prórroga hasta un plazo fijado [por Él]” y este período, contrariamente a lo que piensan, se vuelve en su contra. (Sura 16: 61 Las abejas) En otro versículo del Corán se dice:

Y no deben pensar -quienes se obstinan en negar la verdad- que el que les demos rienda suelta es bueno para ellos: si les damos rienda suelta es sólo para que aumenten su delito; y les aguarda un castigo humillante. (Sura 3: 178 La casa de Imrán)

Un individuo despreocupado, que ni siquiera aprende algo cuando la muerte acontece cerca de él, se vuelve muy sincero a su Creador cuando él mismo se enfrenta a ella. Esta manera de pensar se relata en el Corán como sigue:

Él es quien os permite viajar por tierra y por mar. Y [ved que ocurre] cuando salís al mar en barcos: [salen al mar en barcos,] y navegan en ellos con viento favorable, y se complacen de ello -hasta que les sobreviene una tempestad y las olas les azotan por todos lados, y se sienten rodeados [por la muerte; y entonces] claman a Dios, sinceros [en ese momento] en su fe sólo en Él: “¡Si nos libras de esto, seremos ciertamente de los agradecidos!”(Sura 10: 22 Jonás)

Sin embargo, tras su liberación, dicho individuo vuelve a su estado inicial de despreocupación. Olvidando su promesa, muestra una actitud baja y falsa y no siente el menor remordimiento de conciencia. Con todo, esta falsedad será una evidencia en su contra el Día del Juicio Final:

Pero tan pronto como Él les ha salvado de ese [peligro], he aquí que se comportan insolentemente en la tierra, atentando contra todo derecho. (Sura 10: 23 Jonás)

Con desesperación, el hombre intenta hacer lo mismo en el momento de su muerte, pero su tiempo ha terminado:

Si tan solo pudierais ver [cómo será el Día del Juicio], cuando los que están hundidos en el pecado aparezcan cabizbajos ante su Sustentador, [y digan:] “¡Oh Sustentador nuestro! ¡[Ahora] hemos visto y oído! ¡Devuélvenos, pues, [a nuestra vida terrenal] para que hagamos buenas obras: pues [ahora] estamos, ciertamente, convencidos [de la verdad]!”

Pero si hubiéramos querido, habríamos impuesto Nuestra guía a cada individuo: pero [no lo hemos querido así-y así] se ha cumplido Mi palabra: “¡Ciertamente, he de llenar el infierno de seres invisibles  de hombres, todos juntos!”

[Y Él dirá a los pecadores:] “¡Saboread pues, [vuestro merecido] por haberos olvidado de la llegada de este vuestro Día [del Juicio] –pues ciertamente, [ahora] Nos hemos olvidado de vosotros: saboread [este] permanente castigo por todo el [mal] que solíais hacer!”. (Sura 32: 12-14 La postración)

Los mismos esfuerzos continuarán en el infierno:

Y en ese [infierno] gritarán:”¡Oh Sustentador nuestro! ¡Sácanos [de este infierno], y haremos [entonces] buenas obras, no lo que solíamos hacer [antaño]!”

[Pero responderemos:] “No os dimos acaso una vida lo bastante larga como para que quien tuviera voluntad de recapacitar, recapacitara? ¡Y [además,] vino a vosotros un advertidor! ¡Saboread ahora [el fruto de vuestras malas acciones]: pues los malhechores no tendrán quien les auxilie!”. (Sura 35: 37 El Originador)

Estos desesperados esfuerzos en el Más Allá y el doloroso final son sin duda los resultados de la escasa comprensión por parte del hombre del verdadero propósito de la existencia y de su valor. Alguien que no tiene fe no aprende de lo que ocurre a su alrededor, no escucha las advertencias que Dios le envía, finge ignorar la voz de su conciencia o no le presta atención y ve la muerte como algo que no es probable que le ocurra a él. Acata los deseos del lado malvado de su alma en vez de buscar el favor de Dios. Con el tiempo, todo ello prepara el terreno para que la muerte le coja de improviso y le haga caer en la desesperada situación descrita en los versículos anteriores. Por tanto, antes de que te llegue la muerte, deberías despertar del profundo sueño en que te sume la despreocupación, puesto que el momento de morir es demasiado tarde para recuperarse:

Y gastad en los demás de lo que os hemos dado como sustento, antes de que le llegue a uno de vosotros la muerte, y diga entonces: “¡Oh Sustentador mío! ¡Si tan sólo me concedieras una breve prórroga, daría limosna y sería de los justos!”

Pero Dios no concede prórroga a ningún ser humano una vez vencido su plazo; y Dios es plenamente consciente de lo que hacéis. (Sura 63: 10-11 Los hipócritas)

Una persona inteligente debe pensar en la muerte constantemente, en vez de evitar pensar en ella. Sólo así puede actuar conforme a los deseos de Dios y evitar que el lado malvado de su alma y Satán lo engañen con esta vida fugaz. De hecho, el que alguien haga de esta vida su único objetivo es el mayor peligro para él. Nuestro profeta (la paz y las bendiciones sean con él) nos lo recordó en esta súplica: “no dejemos que los asuntos mundanos sean nuestra mayor preocupación.” (Relatado por Abdullah ibn Umar, Al-Tirmidhi, 783)

Prepararse para la muerte

Este mundo es un lugar de preparación para el hombre. Dios lo cargó de muchas responsabilidades y le informó de los límites que Le había impuesto. En tanto en cuanto el hombre guarde estos límites, obedezca Sus órdenes y evite lo prohibido, alcanzará su madurez personal y un estado de sabiduría y conocimiento. Provisto de tales atributos, un creyente muestra una paciencia inagotable, no importa lo que le suceda: sólo se vuelve a Dios y busca ayuda sólo de Él. Ésta es la manera de venerar a Dios y de sentir una sumisión interior y una fe sin límites en Él. Al darse cuenta del valor de los favores que Dios nos otorga, le expresa una profunda gratitud y se siente cercano a Él. En consecuencia, se convierte en el creyente ideal, dotado de los atributos superiores de sabiduría y moralidad. Además, pasa a ser la clase de persona que merece alcanzar el paraíso, un lugar de perfección. Pero si no se educa al hombre en las realidades del mundo, éste no muestra un comportamiento ejemplar e, incluso estando bien situado desde el puntote vista material, es propenso a cualquier forma de fracaso.

De hecho, el profeta Adán fue enviado a la tierra para recibir el entrenamiento adecuado y Dios concibió una prueba a propósito para prepararle para su vida eterna. Al final, llegó a ser una persona distinguida, de una moralidad superior y un carácter altamente elogiado en el Corán.

Se continúa poniendo a prueba al hombre a través de los innumerables acontecimientos que le ocurren; el que pase estas pruebas con éxito hará que se le recompense en su vida eterna, mientras que el que fracase hará que se le castigue. Nadie sabe cuándo terminará este período de prueba. Según el Corán: “y ningún ser humano muere sino con la venia de Dios, en un plazo prefijado.” (Sura 3: 145 La casa de Imrán) Este plazo a veces es largo, pero otras es corto. Lo cierto es que incluso el período que consideramos largo raramente excede de 7 u 8 décadas.

Éste es el porqué, en vez de involucrarnos en planes a largo plazo, tenemos que guiarnos por el Corán y vivir de acuerdo con sus principios, sabiendo que deberemos dar cuenta de nuestros actos en el Más Allá. Si no, nos encontraremos ante una situación verdaderamente dolorosa al fracasar nuestra preparación para la vida eterna, perdiendo la única oportunidad que se nos concede con este fin, y al ser merecedores del infierno. No deberíamos olvidar nunca que el único destino de alguien a quien se priva del paraíso para siempre no es otro sitio sino el infierno. Ésta es la razón por la cual todo el tiempo desperdiciado inútilmente en este mundo se convierte en una gran pérdida y en un paso gigantesco hacia un final atroz.

Puesto que esto es así, este hecho debería tener prioridad sobre cualquier otro asunto de este mundo. Al igual que nos preparamos para las probables situaciones a las que nos enfrentaremos durante nuestra vida, necesitamos dedicar esfuerzos similares e incluso mayores para prepararnos para la próxima, puesto que seremos nosotros los que moriremos. Experimentaremos todo lo que suceda después de la muerte nosotros solos. Por tanto, este tema nos concierne directamente a “nosotros”, es decir, a “nosotros mismos”. Para aquéllos que buscan la salvación eterna, Dios manda lo siguiente:

¡Oh vosotros que habéis llegado a creer! ¡Sed conscientes de Dios; y que cada ser humano mire bien lo que adelanta para el mañana!

Y [una vez más]: Sed conscientesde Dios, pues Dios es plenamente consciente de lo que hacéis; y no seáis como aquellos que se olvidan de Dios, y entonces él les hace olvidarse de [lo que es bueno para] sí mismos: [pues] son ellos, precisamente, los realmente depravados. (Sura 59: 18-19 La concentración)