SEGUNDA PARTE: UNA NUEVA DIMENSIÓN
Al principio de este libro, mencionamos la instilación que
la sociedad hace en nosotros de ciertas ideas preconcebidas. Hicimos énfasis
en que, por tal condicionamiento, aceptamos sin reserva muchas afirmaciones,
que, de hecho, necesitan un escrutinio meticuloso. También hicimos constar
que, para tomar una decisión correcta, necesitamos revisar nuestros prejuicios,
independientemente del tema que nos ocupe.
Aquí, en este capítulo, cuestionaremos una de las ideas preconcebidas
más importantes del sistema actual. Pondremos en nuestra agenda un tema
en el que apenas se ha pensado hasta ahora en un intento por entender
la verdadera naturaleza del “mundo exterior “. ¿Qué es en realidad el
“mundo exterior” que nos rodea?
La fuente de toda la información que tenemos acerca del “mundo exterior”
son nuestros cinco sentidos. Puesto que hemos estado bajo su dependencia
desde nuestro nacimiento hasta ahora, no pensamos que el “mundo exterior”
pueda ser diferente al cuadro construido para nosotros por nuestros sentidos.
Estamos tan condicionados a creer que el universo es como lo percibimos,
que nos resulta innecesario discutir este tema.
Sin embargo, recientes investigaciones llevadas a cabo por los científicos
han conducido a plantear serias dudas acerca de nuestras percepciones
y la naturaleza del mundo tal y como lo percibimos a través de nuestros
sentidos. Estas investigaciones han echado por tierra las explicaciones
clásicas del universo y la materia, y han ocasionado una magnitud y una
aproximación muy diferentes al mundo científico, que llamamos “una nueva
dimensión”.
EL MUNDO ESTÁ COMPUESTO DE SEÑALES ELÉCTRICAS.
Todo cuanto percibimos como el “mundo exterior” es, de hecho, una serie
de señales eléctricas. Tomemos la “vista” como ejemplo. La respuesta a
la pregunta “¿Cómo vemos?” es por lo general “Con nuestros ojos, por supuesto”.
Sin embargo, la cuestión no es tan simple.
Los fotones que pasan a través de nuestros ojos sufren una serie de procesos.
Se convierten en señales eléctricas y de este modo se transmiten al cerebro.
Es decir, lo que se transmite al cerebro no son fotones provenientes de
un objeto percibido sino señales eléctricas producidas como reacción al
impacto de los fotones en un estrato de los órganos de la vista llamados
ojos. En otras palabras, el centro de la visión localizado en el cerebro
no procesa los rayos de luz originales sino sus copias eléctricas. Cuando
decimos: “Veo este objeto”, en realidad no lo estamos viendo. Lo que vemos
son las señales eléctricas que lo representan en nuestro cerebro. Vemos
todo, incluido el universo entero, en nuestro centro de visión que sólo
mide un par de pulgadas cuadradas.
Si necesitamos interpretar el conocimiento que tenemos hasta ahora, entonces
podemos decir que la percepción final no tiene lugar en los ojos sino
en el centro de la visión. Es decir, contrariamente a la creencia popular,
no vemos con nuestros ojos sino con el centro de la visión. Puesto que
ninguna luz entra al cerebro, éste siempre está oscuro. Si colocásemos
una fotocélula (un dispositivo que mide la luz) marcaría cero en todo
momento, incluso aunque estuviésemos mirando al sol directamente. En suma,
el cerebro nunca ve el objeto sino las señales eléctricas que éste emite.
Bertrand Russell pone el siguiente ejemplo:
“El sentido común imagina que cuando ve una mesa, ve
una mesa. Ésta es una burda y falsa ilusión. Cuando el sentido común
ve una mesa, ciertas ondas luminosas alcanzan sus ojos, y son de un
tipo que, en su experiencia previa, ha asociado con ciertas sensaciones
táctiles, así como con el testimonio de otras personas que también la
vieron. Pero nada de esto nos trajo la mesa misma. Las ondas luminosas
provocaron unos ciertos sucesos en nuestros ojos, y éstos causaron otros
en el cerebro. Cualesquiera de ellos, que hubiesen ocurrido sin los
preliminares habituales, habría provocado en nosotros las sensaciones
que denominamos 'ver la mesa', aunque no hubiese habido ninguna.” (Bertrand
Russell, The ABC of Relativity, George Allen and Unwin Ltd., 1958, p.
129)
Este hecho relacionado con la vista es aplicable a todos los demás sentidos.
Olemos señales eléctricas, oímos señales eléctricas y, una vez más, no
saboreamos las cosas que comemos, sino las señales eléctricas que las
representan.
Lo mismo se puede decir del sentido del tacto. “Incluso
cuando golpeas tu cabeza contra una pared de piedra, realmente no la
tocas. Cuando piensas que tocas una cosa, hay ciertos electrones y ciertos
protones, que forman parte de tu cuerpo, que son atraídos y repelidos
por ciertos electrones y ciertos protones de la cosa que piensas que
estás tocando, pero no hay contacto real. Los electrones y los protones
de tu cuerpo, al agitarse por la cercanía a los otros electrones y otros
protones, se desestabilizan, y transmiten una perturbación desde los
nervios hasta el cerebro; el efecto en éste último es lo que se necesita
para tener una sensación de contacto.” (Bertrand Russell, In Praise
of Idleness and Other Essays, George Allen and Unwin Ltd., 1958, p.
228)
La audición no es diferente. Las ondas acústicas que alcanzan los oídos
se convierten gracias al sistema nervioso en señales eléctricas y se envían
al centro de audición. Como en el caso del mecanismo de la vista, son
copias eléctricas de las ondas acústicas las que alcanzan el cerebro.
EL MUNDO COMO UNA CREACIÓN DE NUESTRO CEREBRO.
Hasta ahora, hemos puesto claramente de manifiesto que los objetos que
vemos, tocamos y oímos son simples señales eléctricas que nuestros cerebros
producen e interpretan. Cuando una persona come una manzana, por ejemplo,
su cerebro produce e interpreta varios impulsos eléctricos. Lo que se
percibe como una manzana, no es una manzana propiamente dicha sino algunas
señales eléctricas que representan en nuestro cerebro su forma, olor,
sabor y solidez. A este respecto, el mundo exterior que se nos presenta
a través de nuestros órganos sensoriales es una suma de copias eléctricas.
Nuestros cerebros, durante toda nuestra vida, procesan y evalúan estas
copias. Creemos que estamos vinculados con objetos “reales”, sin embargo,
sólo tratamos con copias de imágenes.
LA POSIBILIDAD DE QUE EL MUNDO EXTERIOR “REAL” NO EXISTA.
No podemos llegar a los objetos “reales” a través de los sentidos. Así
que nunca podemos estar seguros de si el mundo formado en nuestras mentes
es un reflejo exacto del mundo real. Las imágenes creadas en nuestro cerebro
puede que no sean similares a los objetos reales del mundo exterior. El
cerebro convierte los mensajes entrantes en otro lenguaje dentro de su
sistema y forma un universo aparte. Como hemos dependido de este sistema
desde nuestro nacimiento, no hemos tenido oportunidad de asegurarnos de
si el cerebro refleja el mundo real y nos da la información correcta acerca
de él. Decimos “Sí, estoy convencido de que lo hace, porque cuando percibo
una cosa, otros me dicen que también perciben lo mismo”. Aquí, sin embargo,
nos olvidamos del hecho de que esas otras personas son también una parte
del mundo exterior y por consiguiente un producto de nuestra percepción.
Esta situación es similar a la de una persona que ha permanecido toda
su vida en una habitación y se comunica con el mundo exterior a través
de una pantalla. Es imposible que esta persona evalúe si las imágenes
que observa como el “mundo exterior” realmente reflejan el mundo real
o no.
Para resumir, la forma en que percibimos el “mundo exterior” se basa
solamente en nuestra percepción y la decodificación única de nuestro cerebro.
“En realidad, en el universo no existe la luz como
la vemos y definimos, ningún sonido como lo oímos, ni ningún calor como
lo percibimos. En otras palabras, nuestros órganos sensoriales nos engañan
al establecer la relación entre el mundo exterior y el cerebro.” (Prof.
Dr. Ali Demirsoy, Evrenin Çocuklari Children of the Universe, p.3-4)
Bertrand Russell explica en su libro "Philosophical Matters" la diferencia
entre el “mundo exterior” y el que se forma en nuestros cerebros con el
ejemplo de un ciego. Siempre se puede decir a un ciego que la luz es un
movimiento ondulado, algo que él puede imaginar, puesto que las personas
impedidas visualmente se orientan por el tacto. No obstante, lo que el
ciego entiende por luz según esta definición es completamente diferente
a lo que realmente es. Nunca se puede definir o explicar lo que es la
luz a una persona ciega. La luz, descrita como un movimiento ondulado,
es completamente diferente a la luz que percibimos. Por consiguiente,
es imposible decir que la fuente de la imagen que se crea en el cerebro
es luz. Lo que tratamos de decir es que lo que vemos, no nos da a conocer
necesariamente la materia que vemos en el “mundo exterior”. El mismo fenómeno
ocurre con los otros sentidos. Pongamos otro ejemplo:
“Incluso la sinfonía más bella es una composición de
ondas acústicas que vibran en nuestro oído interno. Se supone que el
mundo exterior desencadena todas las sensaciones. Pero no emanan de
allí sino que existen como percepciones propias a nosotros” (Bilim ve
Teknik (Science and Technique), agosto, 1988)
De hecho, es nuestro cerebro el que convierte estas ondas acústicas del
“mundo exterior” en una sinfonía. Esto quiere decir que la música realmente
no ocurre en el mundo exterior sino que es nuestro cerebro el que hace
que la sintamos.
Podemos llegar a la misma conclusión en lo que se refiere a la percepción
del color; al observar colores diferentes, realmente lo que ocurre es
que diferentes longitudes de onda luminosas alcanzan nuestros ojos. Es
otra vez nuestro cerebro el que convierte estas longitudes de onda en
colores. Por ejemplo, la razón de que veamos una manzana de color rojo
es la percepción de la longitud de onda luminosa que la manzana refleja
en el cerebro. Esto quiere decir que la manzana no es de hecho roja, el
cielo no es azul y el árbol no es verde; los vemos de ese modo a causa
de nuestra percepción.
La famosa revista de ciencia, “La Recherche” opina
lo siguiente sobre este tema: “No hay nada en la luz que podamos llamar
rojo o azul. Físicamente, no podemos hablar de la existencia del color.
Ésta es sólo una percepción psicológica.” (Enero 1981)
LOS ANIMALES VEN DE MODO DISTINTO.
Además, se sabe que los animales ven los objetos según patrones y colores
diferentes. Éste es otro ejemplo que prueba que lo que se ve depende del
perceptor.
Para los caballos, el cielo no es azul, sino gris. Las abejas, a diferencia
de los seres humanos, pueden percibir colores ultravioleta, de manera
que ven muchos matices adicionales. Para los cocodrilos y los ratones,
todo es blanco y negro. Las vacas y los toros viven en un mundo donde
el color rojo no existe. Se sabe también que los animales observan las
formas de los objetos de modo distinto.
En este caso, la pregunta: “¿Quién está en lo cierto?” nos viene a la
mente. Resulta obvio que no tenemos base para decir que sólo las personas
ven las cosas en la forma correcta.
VIVIENDO EN EL UNIVERSO CREADO POR NUESTRO CEREBRO
Lo que nos hace decir que un objeto existe es que lo vemos, tocamos u
oímos. A pesar de todo, estas sensaciones no forman parte del objeto mismo,
porque éstas son características que nuestros cerebros, mejor dicho, nuestras
mentes atribuyen al objeto. Esto quiere decir que esas sensaciones provenientes
de uno de los cinco sentidos como el sentimiento de calor o el dolor,
no forman parte del “mundo exterior”, sino que todo ocurre dentro de nuestras
mentes, donde se crean.
Entonces, puesto que el “mundo exterior” del que hablamos es sólo una
compilación de estos sentidos, este mundo exterior no puede existir sin
una mente. Si suprimimos todas las propiedades de una fruta, como su vista,
olor o sabor, entonces la fruta ya no tendrá un significado para nosotros.
Una fruta sin sabor, olor, solidez o color ya no será una fruta.
El mundo que conocemos es de hecho un mundo dentro de nuestras mentes
donde se diseña, se le da expresión y color o incluso se crea. El único
mundo del que estamos seguros es éste.
Para resumir, vivimos en este mundo dentro de nuestras cabezas donde
no podemos dar un solo paso más allá y estamos equivocados al pensar que
éste es el “mundo exterior” auténtico. Ésta no es una interpretación diferente
de una filosofía; ésta es la evidencia clara de la ciencia.
¿REALMENTE EXISTE UN “MUNDO EXTERIOR”?
La incertidumbre que se origina en el auge de ciencia no se centra solamente
en las características del “mundo exterior”. Mientras que los nuevos descubrimientos
científicos nos hacen dudar de nuestra creencia en lo que sentimos, también
hace que nos formulemos una pregunta dramática: “¿Existe realmente un
“mundo exterior”?
¿Has pensado alguna vez en qué es lo que hace que creamos en este “mundo
exterior”? El que veamos, oigamos o toquemos un objeto es por lo general
suficiente para que creamos en su existencia. Sin embargo, ésta es sólo
una creencia que hemos adquirido por costumbre, lo cual es contrario a
la ciencia y a la lógica.
“En lo que se refiere al sentido del tacto, cuando
presionamos la mesa con nuestros dedos tiene lugar una perturbación
eléctrica en los electrones y protones de las puntas de los mismos,
producidas, según la física moderna, por la proximidad de dichos electrones
y protones a la mesa. Si la misma perturbación que ocurre en nuestros
dedos surgiera de cualquier otra forma, deberíamos tener sensaciones,
a pesar de no existir ninguna mesa.” (Bertrand Russell, The ABC of Relativity,
George Allen and Unwin Ltd., 1958, p. 129-130)
Lo que queremos explicar aquí es que una persona puede tener las sensaciones
de vista, tacto o sonido, incluso cuando un objeto no existe. Nuestros
cerebros pueden forjar un mundo tan real y vital como el verdadero con
el estímulo artificial que recibe.
Imaginemos una sofisticada grabadora en la cual se codifican muchas señales
eléctricas diferentes. Primero, registremos en esta grabadora todos los
pormenores de un ambiente, como su vista, su olor, su sonido y también
nuestros cuerpos. Luego reenviemos estas señales eléctricas a las partes
pertinentes del cerebro. Debido a que las señales eléctricas que provoca
el "mundo exterior" activan en el cerebro todos los sentidos, como son
la vista, el tacto, etc., seríamos unos ilusos si pensásemos que realmente
nos encontrábamos en este entorno después de iniciar el sistema de vídeo.
En la cirugía cerebral, los pacientes tienen visiones diferentes de sus
amigos o de escenas cuando se toca el centro de memoria de la vista. Experimentan
sabores diferentes y empiezan a reír a carcajadas cuando se tocan otras
partes del cerebro. Por consiguiente, no necesitamos que exista un mundo
real ahí fuera para crear un mundo en nuestros cerebros; sólo necesitamos
estímulos reales o artificiales.
LOS SUEÑOS: EL MUNDO EN NUESTROS CEREBROS.
Otro ejemplo llamativo del ficticio mundo creado por el cerebro es nuestros
sueños.
La vida que vivimos en nuestros sueños resulta a menudo extremadamente
real. Una persona que sueña que un desconocido le sigue suda a medida
que corre a través de las calles. Se pone tan tenso que puede que hasta
sufra un ataque al corazón. Mientras todos estos procesos tienen lugar,
no existe tal desconocido, ni siquiera su cuerpo.
En resumen, un sueño es un claro ejemplo de realidad virtual donde uno
asume existir en un ambiente real.
¿Qué pasa si ahora mismo estás soñando? Puede parecer una pregunta extraña,
pero asumamos por un momento que alguien te dice que lo que estás experimentando
en estos momentos sólo es un sueño y que las cosas que están pasando a
tu alrededor están ocurriendo únicamente en tu cerebro. ¿Cuál sería tu
respuesta? No tienes ninguna evidencia que te indique que estás soñando.
Todo parece nítido, lógico y real. No hay nada que te haga pensar otra
cosa. Por tanto, no estás soñando. Sin embargo, ¿se basa en estos criterios
el modo en que diferencias entre la realidad y el sueño? ¿O es sólo que
las imágenes son tan reales que parecen formar parte de una serie de acontecimientos?
¡Ten cuidado! El método que utilizas para diferenciar los sueños de la
realidad no parece muy científico. Cuando sueñas, no puedes distinguir
si se trata de un sueño o no. Por tanto, no hay razón para mirar los sueños
con desdén. Hablas con alguien que en realidad no existe y quieres tener
un coche virtual. Cuando te despiertas, ambos sueños y la “vida” que crees
que es real tienen las mismas características, puesto que ambos los experimentas
a través de tu cerebro.
Cuando sueñas, los acontecimientos escapan a tu control. No tienes capacidad
para controlar el lugar, el tiempo o el escenario donde ocurren tus sueños.
De repente, te encuentras teniendo una aventura mientras duermes. Lo que
es más, no crees que lo que sucede a tu alrededor es extraño, aunque no
se ajuste al sentido común y va contra las leyes de la naturaleza.
Muy probablemente, para ti, la realidad la representan las cosas que
puedes ver y tocar. También sujetas algo con tu mano y la ves en tu sueño,
aunque ni tienes mano ni ojos, ni un objeto que poder ver. ¡Esta situación
es esencialmente engañosa! Un filósofo que trata de descifrar este conflicto
declara lo siguiente:
“Pues mientras soñamos, no sabemos que estamos soñando;
es sólo más tarde, después de despertarnos, que reconocemos nuestro
sueño como un sueño. ¿Cómo podemos afirmar que nuestras experiencias
presentes son de más fidedignas que las de un sueño? El hecho de asociarlas
a una sensación de realidad no las hace más de fiar, porque experimentamos
el mismo sentimiento en un sueño. No podemos excluir por completo la
posibilidad de que experiencias posteriores prueben que, incluso ahora,
estemos soñando.” (Hans Reichenbach, The Rise of Scientific Philosophy,
University of California Press, 1973, p.29)
Descartes también hizo la misma proposición: “En mis
sueños me veo yendo a lugares; cuando me despierto me doy cuenta de
que no he estado en ninguna parte y me encuentro simplemente tumbado
en mi cama. ¿Quién me puede asegurar que no estoy soñando ahora mismo,
o que mi vida entera no es un sueño? Por estas razones, la realidad
de mundo en que vivo se convierte en un concepto completamente dudoso.”
(Macit Gökberk, Felsefe Tarihi (History of Philosophy), p.263)
Entonces, ¿cuál es la diferencia entre los sueños y la vida real? ¿Es
el hecho de que la vida real tenga una naturaleza ininterrumpida y continua,
o es porque en los sueños prevalece una clase diferente de mecanismo razonador?
Éstas no son diferencias importantes en principio, puesto que ambas vivencias
ocurren en el cerebro.
Si podemos vivir en una vida virtual cuando soñando, ¿por qué no podríamos
estar viviendo en una vida virtual cuando no estamos soñando? No hay razón
lógica que nos impida pensar que, cuando nos despertamos de un sueño,
comenzamos a vivir en un sueño más largo que llamamos “vida real”. Son
nuestros prejuicios y nuestra forma tradicional de pensar los que nos
hacen no tener dudas acerca de este tema, aunque no disponemos de ninguna
evidencia sólida acerca del mismo.
EL MUNDO CREADO POR LA HIPNOSIS.
Bajo hipnosis, el paciente, aunque esté en un sueño profundo, oye, ve
y siente aleccionado por otra persona. El hipnotizador puede simular de
palabra cualquier ambiente y el paciente creería que está dentro de ese
ambiente y éste es real. En la revista General Hospital Psychiatry (enero
de 1987), un experimento realizado a un niño de diez años cuya pierna
se había fracturado en un accidente de coche se relata como sigue:
“El paciente recibió instrucciones de cerrar los ojos
y sentir como si estuviera en el cine. Durante la operación, el niño
permaneció serenamente tumbado y moviendo su mano derecha regularmente
entre su boca y su rodilla. Mientras tanto, el doctor se encargó de
la fractura. ¿Qué significado tenían los movimientos rítmicos de la
mano? Después de despertarse, el niño dijo que había estado comiendo
palomitas de maíz en el cine.”
Bajo hipnosis, puedes hacer que alguien oiga las voces que tú quieras.
Si le convencemos de que nuestra voz sale de una pared, entonces pensará
que la pared habla. Si vamos más allá y decimos que la voz proviene de
nuestras manos o nuestros oídos, entonces dará por supuesto que estos
órganos hablan.
Además, el concepto de tiempo en hipnosis es bastante diferente. Vale
la pena mencionar un experimento llevado a cabo en el Departamento de
psicología de la Universidad de Virginia. Se hipnotizó a una estudiante
universitaria que recibió instrucciones de regresar a sus años de secundaria
y entrar en cada aula de su escuela. Había unas 20 aulas en su escuela
y se le pidió que dijese lo que estaba ocurriendo en cada una de ellas.
Pero sólo disponía de media hora para hacerlo, mientras un metrónomo regulaba
el tiempo. Se informó a la chica de que un metrónomo marcaría cada minuto,
a fin de que supiera cuánto tiempo le quedaba para terminar.
La chica hipnotizada controló bien el tiempo y logró lo que se esperaba
de ella dentro del tiempo que se le fió. Pero el metrónomo no marcaba
cada minuto, sino cada segundo. En otras palabras, el metrónomo funcionó
durante un total de 30 segundos, no media hora.
Al cabo de 30 segundos se detuvo el metrónomo y el profesor despertó
a la chica. Luego le preguntó qué recordaba de la experiencia. Su subconsciente
había reaccionado como se le había pedido que hiciera, así es que pudo
relatar en detalle lo que vio en cada aula. Cuando se enteró de que el
experimento entero había durado 30 segundos y no media hora, se quedó
atónita.
Este ejemplo muestra cómo se puede crear un mundo ficticio a través de
la hipnosis. De tal manera que incluso aunque conservemos sólo el cerebro
de un ser humano vivo, le podríamos dar un cuerpo y una cara a voluntad
a través de la hipnosis, y le podríamos hacer vivir una vida igual que
la que estamos viviendo en estos momentos.
EL HOLOGRAMA: EL SUEÑO TRIDIMENSIONAL
Aparte de la capacidad del cerebro humano para inventar lugares virtuales,
la tecnología moderna nos proporciona las herramientas necesarias para
establecer “mundos virtuales” tridimensionales. La técnica tridimensional
de fotografía, cuyo resultado final es el “holograma”, se genera con la
ayuda de rayos láser.
Las imágenes producidas por un holograma se asientan en el espacio y
es posible verlas desde todos los ángulos. Hoy en día, el holograma se
usa en actividades de la vida diaria, como en la exhibición de joyería
o representaciones teatrales. Mientras no se toque, es imposible diferenciar
un holograma de su original.
Todos estos ejemplos indican un hecho cierto: “El cerebro no puede distinguir
si el estímulo proviene de una fuente real o falsa.”
En otras palabras, el hecho de que veamos, toquemos u olamos una sustancia
no quiere decir que realmente exista. Al soñar, bajo la hipnosis, o cuando
los nervios se estimulan artificialmente, no tenemos dudas acerca de la
realidad del escenario en el que estamos. Sin embargo, el escenario que
creemos que es real, sólo ocurre en el cerebro.
En resumen, nuestro cerebro o, en términos más precisos, nuestra mente
nos presenta un mundo creado para nosotros. Es imposible que tengamos
idea acerca de la verdadera naturaleza de la existencia de este mundo.
Entonces, ¿cómo podemos tener certeza de la existencia de este mundo
en el que vivimos y asumir que es real? Aunque no hay soporte científico
ni lógico para la existencia de un mundo real, la razón por la que creemos
en él se fundamenta en el modo tradicional de pensar y en la manera en
que hemos formado nuestro conocimiento y nuestras percepciones sobre el
mundo desde que nacimos. Podemos observar claramente este hecho cuando
liberamos nuestra mente y pensamos sin las limitaciones de nuestros prejuicios.
LA VERDADERA NATURALEZA DE LA MATERIA.
Desde la medicina hasta la física y en muchas otras ramas de la ciencia,
recientes avances han revelado serias dudas acerca de la realidad del
“mundo exterior”. Los científicos y los astrónomos manifiestan que la
verdadera naturaleza del universo no es la materia, pero también añaden
que prevalece un orden perfecto. Por ejemplo, Einstein asevera: “Me asombro
cuando veo el orden del universo”. El astrónomo Arthur Eddington, por
otra parte, manifiesta la creencia de que el cimiento básico del universo
es el pensamiento. James Jeans, otro astrónomo, también está de acuerdo
con los puntos de vista citados anteriormente y afirma que el universo
es como un gran pensamiento en vez de una gran máquina.
Los recientes avances que han tenido lugar en la ciencia durante el último
siglo han hecho que ciertas teorías referentes a la naturaleza del mundo
y a la existencia real de la materia se derrumben y las han reemplazado
por un concepto enteramente nuevo.
Uno de los estudios más importantes relacionado con la verdadera naturaleza
de la materia es la teoría de la relatividad de Einstein. Einstein, con
su famosa fórmula E = mc2, aseguró que la materia es una forma de energía.
En otras palabras, la unidad básica de la materia es la energía, la cual
no ocupa ningún espacio y no tiene ni volumen ni masa. En ese caso, es
imposible afirmar que la materia tiene volumen o masa, y que tiene una
existencia en el sentido en el cual la percibimos.
“Antes de la teoría de la relatividad, los científicos
aceptaban la existencia de dos conceptos separados en el universo: materia
y energía. Se pensaba que la materia tenía volumen y masa y se definió
la energía como un concepto ondulante e invisible que carecía de masa.
Albert Einstein descubrió que estos dos conceptos son lo mismo y probó
que lo que se percibe como materia es, en esencia, energía. En otras
palabras, la materia es energía y la energía es materia.” (Ali Demirsoy,
Evren ve Çocuklari (Universe and Its Children), p.18)
Otro avance que ha dejado sin valor las definiciones clásicas de la materia
es la física cuántica. Durante la investigación atómica, se ha observado
que un análisis más profundo de los átomos indicaba que éstos eran de
una naturaleza diferente. Esto es porque los quarks, la parte básica del
átomo, no son materia sino energía. Estas partículas no se pueden definir
como materia puesto que carecen de volumen o masa y no ocupan espacio.
Por ejemplo, los fotones son también quarks. En este caso el átomo que
está hecho de estas partículas no se puede definir como materia. En conclusión,
dado que el elemento básico del “mundo exterior” es el átomo, no es posible
hablar de la verdadera existencia del universo. Para decirlo de otro modo,
el universo está hecho de átomos, que no se pueden llamar materia.
“Toda clase de materia en el universo, ya sea en forma
de gas o líquido, está formada por ondas diversas. Vivimos en un océano
de ondas y percibimos niveles diferentes de energía en forma de sentidos
diferentes.” (Ali Demirsoy, Evren ve Çocuklari (Universe and Its Children),
p.6)
Aydin Aritan, escritor de la revista Bilim ve Teknik (Ciencia y Técnica)
afirma lo siguiente:
“El universo también está hecho de ondas, de vibraciones
diversas que tienen frecuencias diferentes. La física cuántica nos dice
que estas vibraciones constituyen las dimensiones y la materia que percibimos.
Pero no percibimos el “mundo exterior” como ondas sino como imágenes
y formas de materias. En este caso, el mundo exterior y todas sus percepciones
son simplemente una mala percepción, tal como Berkeley dijo una vez.”
“Según la teoría de relatividad de Einstein, el mundo
no aparece como una estructura erigida sobre entidades de existencia
independiente e inanalizables, sino más bien como una trama de relaciones
entre elementos cuyos significados provienen enteramente de su relación
con el todo. De modo semejante, la mecánica cuántica puede inducir a
pensar que la realidad física es esencialmente poco sustancial (que
únicamente los campos o las relaciones son reales). Los místicos del
este lo sabían. Llamaron "maya" a la separación de los objetos, una
ilusión que proviene de nuestro intelecto que clasifica en categorías.”
(Newsweek, 13 de agosto de 1979, p. 46)
Como hemos visto, el “mundo exterior” como se llama comúnmente, no es
sino un océano de ondas que no tiene ni masa, ni volumen, ni posición.
Entonces ¿por qué lo percibimos como imágenes normales? La respuesta es
que vivimos en un mundo generado por la mente. El color, la voz, la masa,
la fuerza, la forma y otras características son todos conceptos generados
por la mente y no tienen existencia real en el “mundo exterior”.
Aydin Aritan esboza este concepto como sigue: “Percibimos el mundo exterior
como formas de materia e imágenes, porque nuestro cerebro y sentidos están
organizados de este modo. No obstante, esto no quiere decir que el mundo
exterior tenga en realidad estas características.”
“Si tratamos de conocer el universo a través de nuestros
sentidos, no podemos encontrar la verdad. Si tratamos de aproximarnos
a él por medio de un método distinto a nuestros sentidos, entonces llegamos
al alma que carece de fórmulas matemáticas.” (Ali Demirsoy, Evren ve
Çocuklari (Universe and Its Children), p.7)
El neurólogo Karl Pilgram, quien es conocido por su investigación sobre
la existencia real del “mundo exterior”, manifiesta que dicho “mundo exterior”
es simplemente un holograma compuesto de ondas que el cerebro descifra:
“En un simposio celebrado en Minnesota, Pilgram declaró
que la respuesta podría estar en el gestaltismo. En otras palabras,
la sustancia percibida adquiere una realidad según el tipo de percepción
que el perceptor tiene. Tal vez el mundo entero no es sino un holograma.
¿Es la audiencia que está en frente de él un holograma? ¿Son frecuencias
decodificadas por sus propios cerebros y los cerebros de los demás?
Si la naturaleza de la realidad es materia holográfica, entonces el
mundo, como lo representan las filosofías de Extremo Oriente, es simplemente
una mala percepción.” (Günes (The Sun), 9 de septiembre de 1990)
Finalmente, cuando liberamos nuestras mentes de prejuicios, podemos llegar
a comprender que no hay evidencias sólidas que prueben la existencia de
un mundo real.
A estas alturas, la siguiente pregunta es la primera que se nos ocurre:
“Si no hay un mundo exterior, ¿cuál es el origen de las imágenes que vemos
a nuestro alrededor? ¿Cómo sentimos que vivimos en un mundo real y verdadero?”
Antes de contestar a estas preguntas, echemos un vistazo a los recientes
avances tecnológicos que nos ayudarán a comprender mejor el tema.
EL SIMULADOR: LA REALIDAD ARTIFICIAL.
La técnica llamaba “simulación” genera un mundo virtual artificial con
la ayuda de un ordenador. Un casco con una pantalla proporciona una imagen
tridimensional y, a través de la estimulación de los cinco sentidos ligados
al cerebro, le hace creer que lo que experimenta es el mundo real. Un
ordenador equipado con las últimas técnicas de simulación y modelado que
puede manipular casi por completo nuestros cinco sentidos provee al cerebro
de la excitación necesaria. ¿Cómo se puede lograr algo así? ¿Y cuáles
son sus implicaciones?
Se logra, esencialmente, aplicando formas avanzadas de imagimática con
las cuales estamos ya familiarizados gracias a los juegos de realidad
virtual en 3D. Para entrenar a pilotos de F16, se han diseñado máscaras
o cascos de pantalla de cristal líquido (LCD) que muestran al piloto una
imagen tridimensional de la aeronave de manera que, cuando mueve la cabeza
de arriba abajo, siente como si realmente estuviese en el avión. Si añadimos
un sistema de sonido perfecto y un asiento que se mueve de según lo que
se muestra a través del casco de la pantalla de cristal líquido (LCD),
el aprendiz de piloto puede "experimentar" todas las emociones y las sensaciones
de volar.
Este ejemplo muestra el hecho de que los efectos sensoriales pueden producir
fácilmente un mundo virtual.
¿QUIÉN ES EL ÚNICO QUE VE?
“¿Está “el mundo exterior” realmente allí o lo creamos
en nuestro cerebro? Es un hecho establecido que tenemos cinco sentidos.
Es también obvio que los sentidos llegan al cerebro a través del sistema
nervioso y el cerebro almacena esta información procesada. A pesar de
todo, ¿qué o quién lleva realmente los datos y organiza el estímulo
sensorial y lo convierte en un mecanismo consciente al cual nos referimos
como la percepción del “mundo exterior”?” (Gelisim Bilim ve Teknik Ansiklopedisi
(Encyclopedia Gelisim of Science and Technique), p.1216)
No hay duda de que el mundo en que vivimos se forma en el cerebro. Sin
embargo, la pregunta principal surge en este punto. Si todas las cosas
que vemos y experimentamos no tienen una existencia material, como es
el caso de los sueños, ¿cómo se generan estas imágenes?
Se dice algunas veces que estas imágenes son una “ función del cerebro
que aún no se ha descubierto". En este caso, el sueño lo produce la memoria
de un modo desconocido. De hecho, cuando se formula la pregunta: ¿Quién
muestra estas imágenes en el cerebro?” se dice, aunque sin ningún tipo
de evidencia, que es "el propio cerebro" quien las genera.
En este punto, debemos hacernos cargo de otro aspecto del asunto del
que hemos hecho caso omiso hasta ahora. Bertrand Russell afirma:
“Por supuesto, si la materia en general se interpreta
como un grupo de sucesos, esto también se debe aplicar al ojo, al nervio
óptico y al cerebro” (Bertrand Russell, The ABC of Relativity, George
Allen and Unwin Ltd., 1958, p. 129)
En otras palabras, el cerebro es también una parte del “mundo exterior”
que se aprecia ahora como una colección de imágenes sin posición, masa
o volumen. Un ejemplo acerca de un sueño clarificará nuestro planteamiento.
Ahora, demos por supuesto que estamos teniendo un sueño en nuestro cerebro.
En nuestro sueño, tendremos un cuerpo virtual y, por tanto, cerebro y
ojos virtuales. Si alguien pregunta en nuestro sueño: "¿Dónde vemos el
mundo?”, nuestra respuesta sería "en mi cerebro”. Si la misma persona
va más allá y pregunta dónde está nuestro cerebro y cómo es, entonces
agarraríamos nuestra cabeza virtual y diríamos “mi cerebro está en mi
calavera y pesa un kilo aproximadamente”.
Es obvio que no hay cerebro sino una cabeza y un cerebro virtuales en
nuestro sueño. El que ve las imágenes no es el cerebro virtual del sueño
sino una existencia “más allá” del mismo.
Realmente, no existe una diferencia apreciable entre el trasfondo del
sueño y el del “mundo real” como lo llamamos. Por consiguiente, cuando
nos planteamos la misma pregunta en nuestra vida diaria, dar el mismo
tipo de respuesta no tendría mucho sentido. El que ve está “más allá”
del cerebro, y es una existencia marcada por características completamente
diferentes.
Esta “existencia” es algo que siente, toca, ve, oye, ama, tiene miedo
y se refiere a sí mismo como “yo”. Esta “existencia” es un organismo viviente,
pero no es ni materia ni una imagen. Es también absurdo llamarla una parte
del cuerpo que pesa 1 kilo y 300 gramos. Esto es así porque resulta imposible
que los átomos que forman las células creen un mundo tridimensional perfecto.
Cuando se hace un análisis profundo del cerebro nos encontramos estructuras
naturales como los aminoácidos, moléculas que son comunes en cada parte
del universo. En otras palabras, en el cerebro no existe posición o estructura
que genere las imágenes o cree conciencia.
Obviamente la “existencia” que siente, ve, piensa y se llama a sí mismo
“yo”, está en algún lado más allá del cerebro. La religión se refiere
a esta existencia como el “espíritu”. El “mundo exterior”, por otra parte,
tal como en nuestro sueño, se plasma en las imágenes que Dios presenta
a nuestro espíritu. En otras palabras, el ser humano no está en el universo
sino que el universo está en el ser humano.
La razón por la que el “mundo exterior” parece ser tan real es la perfección
de los sentidos y las imágenes. Nuestro Creador crea a un mundo perfecto
para nosotros. Lo que nos confunde es la excelencia de la creación de
estas imágenes. Brevemente, podemos definir el universo como una imagen
lo suficientemente perfecta como para llamarlo casi “real”.
¿Cómo trata el asunto el Corán?
Lo que hemos dicho hasta ahora facilita la comprensión de ciertos hechos
importantes; la verdadera naturaleza del universo se manifiesta en las
explicaciones dadas anteriormente y pone fin a la soberanía del enfoque
materialista, que fue válido en el pasado para explicar la existencia
de Dios y de los seres humanos.
El enfoque materialista se basa en la suposición de que la materia tiene
una existencia incuestionable. Ahora que sabemos que no es así, sino que
se trata de una entidad hecha de percepciones e imágenes, el poder equivocadamente
adscrito a la materia debería ser tenido como algo perteneciente a Dios,
Que crea todas estas imágenes. Puesto que la materia es la compilación
de percepciones, los conceptos de espacio y posición también se vuelven
absurdos.
En este caso, la respuesta a la clásica pregunta: “¿Dónde está Dios?”
se aclara. Según aquellos que no observan la forma de vida y la manera
de pensar del Corán, Dios está arriba “en el cielo” observándolos desde
lejos y raramente interfiere en los asuntos mundanos. Esta mentalidad
separa el universo que está hecho de materia de Dios. La comprensión de
Dios en algunas religiones se basa en esta mentalidad. La misma mentalidad
también prevalece en las sociedades ignorantes cuyos miembros afirman
ser musulmanes.
A pesar de todo, como se ha enfatizado hasta ahora, la materia es simplemente
una percepción. No es una alternativa para que Dios exista fuera esta
colección de materia. Dios está en todos sitios. Nada puede existir fuera
de Dios.
Un número de aleyas del Corán lo explica con mayor precisión.
Y, he ahí, que te dijimos [Oh Profeta:] "Ciertamente,
tu Sustentador circunda a toda la humanidad [con Su conocimiento y poder."
Sura 17: 60 (El Viaje Nocturno)
De Dios es cuanto hay en los cielos y cuanto hay en la
tierra; y, ciertamente, Dios abarca todas las cosas. Sura 4: 126 (Las
Mujeres)
¡Si, en verdad, dudan del encuentro con su Sustentador
[en el Día del Juicio]! ¡Si, en verdad, Él abarca todas las cosas! Sura
41: 54 (Expuestos con Claridad)
De Dios son el este y el oeste: y allí donde os volváis
hallaréis la faz de Dios. Ciertamente, Dios es infinito, omnisciente.
Sura 2: 115 (La Vaca)
cuando Él es Dios en los cielos y en la tierra. Sura
6: 3 (El Ganado)
Aquel de quien es el dominio sobre los cielos y la tierra,
y que no engendra descendencia, y que no tiene asociado en Su dominio:
porque es Él quien crea cada cosa y determina su naturaleza conforme a
[Su] designio. Sura 25: 2 (El Criterio de la Verdad)
… pues estamos más cerca de él que su vena yugular. Sura
50: 16(Qaf)
ÉL ES DIOS, aparte del cual no existe deidad: Aquel que
conoce cuanto está fuera del alcance de la percepción de los seres creados
y también cuanto pueden percibir: Él es el Más Misericordioso, el Dispensador
de Gracia. Él es Dios, aparte del cual no existe deidad: ¡el Supremo Soberano,
el Santo, Aquel de quien depende por entero la salvación, el Dador de
Fe, Aquel que determina qué es verdadero o falso, el Todopoderoso, Aquel
que sojuzga el mal y restaura el bien, Aquel a quien pertenece toda grandeza!
¡Absolutamente distante esta Él, en Su infinita gloria, de todo a lo que
los hombres atribuyen parte en Su divinidad! ¡Él es Dios, el Creador,
el Hacedor que modela todas las formas y apariencias! ¡Suyos [en exclusiva]
son los atributos de perfección. Todo cuanto hay en los cielos y en la
tierra proclama Su infinita gloria: pues sólo Él es todopoderoso, realmente
sabio! Sura 59: 22-24 (La Concentración)
Los intelectuales islámicos, que adoptaron el punto de vista coránico
en su interpretación del universo, se dieron cuenta hace siglos que el
universo no es de una naturaleza material, e hicieron declaraciones muy
explícitas acerca de la auténtica naturaleza de las cosas creadas por
Dios. Uno de los pensadores más prominentes de la historia islámica, Imam
Rabbani, enunció sus puntos de vista como sigue:
“Dios escogió objetos diversos para revelar cada uno de Sus epítetos
(el Justo, el Lleno de Gracia, el Proveedor de Sustento) y reflejó Sus
atributos en estos objetos. La sustancia de estos seres en los cuales
reflejó Sus epítetos es la nada. Dios el Glorioso escogió objetos diversos
para cada uno de Sus epítetos en el área de la nada y los creó en la esfera
de los sentidos y las ilusiones. Y lo hizo cada vez que quiso y como quiso.
La existencia del universo está en la esfera de los sentidos y las ilusiones,
y no es externa. En esta circunstancia, una constancia emerge en la nada
en la esfera de los sentidos y las ilusiones y adquiere tenacidad y fuerza
por la creación de Dios, el Altísimo. Así se convierte en algo que vive,
sabe, actúa, desea, ve, oye y habla. A través del reflejo y la sombra
están su nombre y signo presentes en el mundo exterior. En realidad, no
hay nada en el exterior excepto los epítetos y atributos de Dios.
Todos estos han aparecido en el espejo de la presencia
evidente de Dios, el Supremo. No hay nada afuera sino estas apariencias.
Así han adquirido una imagen en el mundo exterior. Parecía como si realmente
existiesen. En el sentido real, no hay nada afuera sino Dios, el Glorioso.”
(Imam Rabbani, Mektubati Rabbani (Letter of Rabbani), p. 517-519)
La interpretación de otro pensador islámico muy importante, Said Nursi
también transmite el mismo mensaje:
“El mundo material
tiene una naturaleza virtual, siendo un reflejo de la existencia de
Dios. Llega a ser a un mundo real por mandato de Dios. Se vuelve coherente
y constante por la voluntad de Dios. El mundo de la materia no es ni
un mundo real ni una pasajera sombra de ensueño. Existe sólo por la
creación de Dios.” (Mektubat (The Letters), p.503)
En conclusión, el “mundo exterior”, incluyendo nuestro cuerpo, es una
imagen que Dios proyecta a nuestro espíritu. Por consiguiente, no tiene
una existencia propia. El universo está dentro del hombre y lo que rodea
al hombre no es materia, sino Dios. Este hecho se hace así explícito:
“Conocemos el recordatorio de su alma, y estamos más cercanos a él que
su vena yugular”.
Muchas aleyas del Corán describen los diferentes aspectos de la estructura
de la creación:
¿Se atreven, pues, a atribuir divinidad junto con Dios
a seres que nada pueden crear porque ellos mismos son creados? Sura 7:
191 (La Facultad del Discernimiento)
Y esos seres a los que algunos invocan aparte de Dios
nada pueden crear porque ellos mismos son meras criaturas. Sura 16: 20
(La Abeja)
La siguiente aleya pertenece a la creación continua de Dios y explica
claramente cómo Él crea cada imagen a la perfección:
¿O quién, si no, es el que crea [toda la vida] en un
principio, y luego la suscita de nuevo? ¿Y quién es el que os provee de
sustento del cielo y de la tierra? Sura 27: 64 (Las Hormigas)
La existencia continua del universo depende solamente de la voluntad
de Dios de continuar Su creación. Es lo mismo que un programa de televisión
que únicamente se puede ver cuando lo emiten.
Dado que Dios crea las imágenes, también crea cada acción. Esto quiere
decir que cuando caminamos, corremos o nos reímos, todas las imágenes
relacionadas con estas acciones están presentes sólo porque Dios así lo
quiere. Algunas aleyas del Corán vienen a nuestra mente por su relevancia
notable en este debate:
Y no obstante, [Oh creyentes,] no fuisteis vosotros quienes
matasteis al enemigo, sino que fue Dios quien les mató; y no fuiste tú
quien arrojó [el terror dentro de ellos, Oh Profeta], cuando lo arrojaste,
sino que fue Dios quien lo arrojó: y [Él hizo todo esto] para probar a
los creyentes con una prueba saludable ordenada por Él. ¡En verdad, Dios
todo lo oye, es omnisciente! Sura 8: 17 (El Botín)
… cuando es Dios quien os ha creado, a vosotros y lo
que hacéis. Sura 37: 96 (Los Alineados en Filas)
… sólo Dios tiene el poder de decidir lo que ha de ser.
Sura 13: 31 (El Trueno)
Para resumir, todo el mundo está bajo el control de Dios y ningún acontecimiento
se puede materializar a no ser por Su voluntad y Su control.
Habéis tenido ya un signo en las dos huestes que se enfrentaron
en combate, una luchando por la causa de Dios y la otra negándole; con
sus propios ojos [los primeros] vieron como los otros les doblaban en
número: pero Dios fortalece con Su auxilio a quien Él quiere. En esto,
ciertamente, hay una lección para quienes pueden ver. Sura 3: 13 (La Casa
de Imrán)
DORMIR, LOS SUEÑOS, LA MUERTE Y EL MÁS ALLÁ
Lo que se relata en el Corán acerca del sueño tiene significado con relación
al tema citado anteriormente. En el Corán, el sueño se describe como sigue:
[Únicamente] Dios [tiene este poder –Él] es quien hace
morir a todos los seres humanos en el momento de su muerte [corporal],
y [hace que estén como muertos], mientras duermen, a aquellos que aún
no han muerto: así retiene Él a aquellos para los que ha decretado la
muerte, y remite a los otros hasta un plazo fijado [por Él]. ¡Ciertamente,
en [todo] esto hay en verdad mensajes para gente que reflexiona! Sura
39: 42 (Las Multitudes)
Y Él es quien os hace estar [como] muertos por la noche
y conoce lo que hacéis durante el día; y os devuelve a la vida cada día
para que se cumpla un plazo fijado [por Él]. Al final, a Él habréis de
volver; y Él os hará entender todo aquello que hacíais [estando vivos].
Sura 6: 60 (El Ganado)
El Corán se refiere a la condición de dormir como “la muerte”. No se
hace ninguna discriminación significativa entre el sueño y la muerte.
Ésta es una indicación clara de que lo que se experimenta mientras se
duerme es muy similar a por lo que se atraviesa cuando uno muere.
Pues bien, ¿qué es común al sueño y a la muerte, y qué clase de significado
tiene? En el sueño, el espíritu deja el cuerpo, mejor dicho, Dios lo toma.
Al soñar, por otra parte, el espíritu gana un cuerpo nuevo y comienza
a percibir un escenario completamente diferente. A lo que se refiere la
aleya como “devuelve a la vida” es el regreso del espíritu al cuerpo real
y continuar experimentando lo que se denomina “la vida diaria”.
Esto es, la muerte pone fin a la vida que experimentamos en el mundo,
gracias a cuyo proceso el espíritu gana otro cuerpo y con ello marca un
nuevo comienzo de una vida enteramente diferente. Éste es de hecho un
concepto crucial que aclara algunas nociones acerca de la religión que
pueden parecer difíciles de comprender. Por ejemplo, la muerte y la resurrección
son simplemente un intercambio de imágenes que Dios presenta a nuestro
espíritu. Cada día, cada instante, Dios recrea el mundo para nosotros
y regala a nuestro espíritu un despliegue continuo de belleza. Lo mismo
también es válido para el sueño. Las delicadas imágenes creadas durante
el curso de un día se forman por la noche en nuestros sueños. De modo
semejante, la transición de este mundo al próximo puede ser tan fácil
como pasar a una fase del sueño; las imágenes relacionadas con este mundo
se convierten en las imágenes del más allá y la muerte sirve de punto
de transición.
Los sueños son también imágenes que nuestra alma percibe, al igual que
las que experimentamos en nuestras vidas diarias. La siguiente aleya primero
nos recuerda la cercanía de Dios al hombre y luego explica con qué propósito
crea Dios los sueños.
Y, he ahí, que te dijimos [Oh Profeta:] "Ciertamente,
tu Sustentador circunda a toda la humanidad [con Su conocimiento y poder]:
y, así, hemos dispuesto que la visión que te hemos mostrado no sea sino
una prueba para los hombres. Sura 17: 60 (El Viaje Nocturno)
Puesto que es Dios quien presenta los sueños al espíritu humano, puede
haber alguna clase de sueños a través de los cuales las personas reciban
noticias de acontecimientos inminentes. Hay muchos ejemplos de tales sueños
en el Corán, como en el Sura 48: Al-Fath (La Victoria) los sueños de Profeta
José, que experimenta en diferentes fases de su vida. Simplemente el tratar
de descifrar los sueños nos hará entender las anteriores aseveraciones.
Las personas que afirman que los sueños son una función del cerebro dicen
que, durante el sueño, reciben ciertas señales del cerebro y que ésta
es la prueba que demuestra que todo ocurre en él. No obstante, no deberíamos
olvidarnos de que Dios crea todo según la relación causa-efecto. Esto
quiere decir que el cuerpo y el espíritu de los seres humanos están estrechamente
relacionados. Que emociones tales como la tristeza, la preocupación, el
amor, etc. hagan mella en el cerebro es una consecuencia normal de la
relación entre el cuerpo y el espíritu. A pesar de todo, no es el cerebro
sino el espíritu el que experimenta las emociones.
LA RELATIVIDAD DEL TIEMPO.
El tiempo y el espacio también han sido creados por Dios, que es el Creador
de todo. Antes, no hubo espacio ni tiempo. En realidad, ni siquiera había
un “antes”, puesto que esto se refiere a un período de tiempo según las
reglas físicas actuales que están limitadas por el espacio y el tiempo.
Como quiera que lo miremos, ambos conceptos son sólo percepciones. Las
diversas aleyas del Corán enfatizan el tiempo como un concepto relativo:
[Y] Él preguntará [a los condenados]: "¿Cuántos años
habéis permanecido en la tierra?" Dirán: "Hemos permanecido allí un día,
o parte de un día; pero pregunta a aquellos [capaces] de computar [el
tiempo]...." [Entonces] Él dirá: "Habéis permanecido allí sólo por poco
tiempo: ¡si hubierais sabido [cuan breve iba a ser]! Sura 23: 112-114
(Los Creyentes)
el Día en que se soplará la trompeta: pues ese Día congregaremos
a todos los que habían estado hundidos en el pecado, nublados sus ojos
[por el terror], susurrándose unos a otros: "No habéis permanecido sino
diez [días en la tierra]...." [Pero] Nosotros sabemos perfectamente lo
que dirán cuando el más perspicaz de ellos diga: "¡No habéis permanecido
[allí] sino un día!" Sura 20: 102-104 (Oh Hombre)
Las aleyas indican que en la otra vida nos daremos cuenta de que la vida
que vivimos en el mundo, que parece continuar durante años, no ha durado
más que un momento, tal como pasa el tiempo en los sueños y bajo hipnosis.
Cuando tenemos un sueño mientras dormimos, pensamos que dura horas o días.
Sin embargo, los descubrimientos científicos demuestran que son sólo un
par de minutos o incluso segundos. De modo semejante, nos percataremos
de que el tiempo en este mundo ha sido cortísimo cuando nos despertemos
de este sueño que es la vida.
CONFUNDIENDO LAS RELACIONES DE CAUSA Y EFECTO
Desde que nacimos, hemos recibido instrucciones de asociar ciertos efectos
a ciertas causas. Ésta es de hecho una consecuencia natural del proceso
de razonamiento que sigue la mentalidad materialista. Sin embargo, el
Corán da información acerca de una clase diferente de regla que prevalece
en la tierra.
¿ES QUE no ves a tu Sustentador [a través de Sus obras]?
--cómo hace que se alargue la sombra [hacia el atardecer] cuando, de haberlo
querido, podría en verdad hacer que se quedara quieta: pero hemos hecho
del sol su guía. Sura 25: 45 (El Criterio de la Verdad)
Aquí en esta aleya, se indica que la sombra se crea separadamente del
sol, y no aparece como una consecuencia natural del mismo. También se
enfatiza que el sol es la “evidencia” de la sombra.
El ejemplo de la sombra del sol en esta aleya señala que ningún incidente
ocurre a consecuencia de una causa, sino que ambos, causa y efecto, son
en realidad creados por Dios. En otras palabras, la razón para que las
cosas ocurran no es lo que parece causarlas. El poder estriba en Dios
y es Él quien crea cada imagen en cada momento del tiempo. La vida tiene
una existencia sólo porque Dios la crea. La aleya “Dios es el que nos
crea a nosotros y a nuestras acciones” expresa claramente este hecho.
Cuando recordamos que no hay diferencia entre la percepción de los sueños
y la del mundo exterior, comprendemos mejor la relación existente entre
sol y sombra. ¿Es el sol el que proyecta la sombra que vemos en nuestros
sueños? ¿Cómo es posible que un sol que no existe haga surgir una sombra?
Más aún, algunas veces el brillante sol que vemos en nuestros sueños puede
hacer que nos deslumbremos. En ese sueño, puesto que realmente no hay
luz del sol, la sensación de deslumbramiento se crea de modo especial
y por separado. La misma lógica conserva su validez para percibir el sabor
de una fruta que comemos o el dolor que sentimos cuando golpeamos un objeto
en nuestro sueño.
La razón por la que percibimos acontecimientos naturales en términos
de causa y efecto se debe a que Dios crea la secuencia de estos acontecimientos.
Es algo parecido a los fotogramas de una película: nuestra vida está formada
por estos fotogramas creados uno a uno. Por ejemplo: en el primero hay
un árbol y en el segundo, una fruta. La razón por la que las personas
piensan que el árbol es la causa de la fruta es que estos acontecimientos
ocurren uno tras otro. Sin embargo, Dios crea ambos, árbol y fruta, separadamente.
”LAS PALABRAS VACÍAS”: LAS LEYES DE LA NATURALEZA.
A la luz de toda esta información, uno debería considerar cuidadosamente
lo que realmente son “las leyes de naturaleza”. En un trasfondo donde
todo está formado por imágenes o sentidos, ¿cómo se puede originar una
“ley”? ¿Puede tener el agua una”fuerza ascensional"? Asimismo, ¿cómo se
puede explicar la fuerza de fricción del aire cuando el aire es, de hecho,
imaginario?
Las aleyas del Corán dan explicaciones claras sobre estas leyes de la
naturaleza, en contra del punto de vista materialista generalmente aceptado:
¿Es que esos [que niegan la verdad] no se han parado
jamás a considerar a las aves, volando suspendidas [por Dios] en el aire,
y que nadie excepto Dios las mantiene en vuelo? ¡Ciertamente, en esto
hay en verdad mensajes para una gente dispuesta a creer! Sura 16: 79 (La
Abeja)
VUESTRO SUSTENTADOR es quien hace que los barcos surquen
el mar para vosotros, para que podáis ir en busca de algo de Su favor.
Sura 17: 66 (El Viaje Nocturno)
CIERTAMENTE, Dios es quien hiende la semilla y el hueso
de fruta, y hace surgir lo vivo de lo que está muerto, y Él es quien hace
surgir lo muerto de lo que está vivo. ¡Ese es Dios: y, sin embargo, que
pervertidas están vuestras mentes! Sura 6: 95 (El Ganado)
Las cosas que llamamos 'las leyes de la naturaleza' surgen de un patrón
de creación sucesivo que proviene de Dios. Él crea la imagen de una semilla
como una causa antes de crear la imagen de una flor. La imagen de la flor
nunca se crea antes de la semilla. Aunque Dios es el Creador de todas
las causas y efectos, los resultados creados están siempre relacionados
con ciertas causas.
Al fin y al cabo, la 'ley de la naturaleza' es sólo el nombre que se
da a este proceso de creación sucesiva. Por ejemplo, como los barcos siempre
se crean navegando en el agua, hablamos de la capacidad del agua para
mantener cosas a flote. De modo semejante, cuando vemos a las aves volando,
decimos que la fuerza aerodinámica es la razón de que esto sea así. Sin
embargo, las aleyas del Corán que ponen de manifiesto que es Dios quien
sujeta las aves en el cielo y hace que los barcos naveguen explican la
realidad de que no existe otra fuerza aparte de la de Dios y que todas
las imágenes se crean de este modo. Por tanto, las leyes de la naturaleza,
como la fuerza ascensional del agua y la gravitación, que pensamos que
existen, son de hecho el modo en que llamamos la creación secuencial y
perfecta que contemplamos.
Einstein describe esta realidad como sigue:
“Cuestiones como la gravedad, la fuerza electromagnética,
la energía, la electricidad y el impulso son todas estructuras teóricas,
similitudes y símbolos forjados por la mente humana para explicar la
realidad básica que subyace en todo lo que vemos.” (Bilim ve Teknik
(Science and Technique), v.272, p.28)
Ciertamente, todo el poder y la gloria pertenecen sólo
a Dios. Sura 10: 65 (Jonás)
El poder y la honorabilidad pertenecientes a Dios se designan con nombres
tales como “gravitación” y “energía”. Después de pensar un poco, podemos
ver claramente que estos nombres en realidad no tienen ningún significado.
En resumen, las personas materialistas y los grupos aficionados a inventar
deidades imaginarias en quienes creer han acuñado términos sin sentido
como “la madre naturaleza” – palabras vacías. Lo dicho por el Profeta
José en el Corán refleja claramente este hecho:
"Todo lo que adoráis en vez de Dios no son sino nombres
[vacíos] que habéis inventado] --vosotros y vuestros antepasados-- [y]
para los cuales Dios no ha hecho descender autorización alguna. El dictamen
[de qué es cierto y qué falso] pertenece sólo a Dios --[y] Él ha ordenado
que no adoréis a nada excepto a Él; esta es la [única] fe verdadera; pero
la mayoría de la gente no lo sabe. Sura 12: 40 (José)
Lo que nos confunde es tal vez el desconocimiento de la mayoría de la
gente de este hecho que enuncia la aleya. Sin embargo, el individuo comprenderá
mejor que este mundo es sólo imaginación cuando se encuentre en el más
allá. Ahora mismo, deberíamos empezar a pensar y entender la existencia
de Dios. Porque la situación de los incrédulos en la otra vida se describe
como sigue en el Corán:
Pero aquellos que están empeñados en negar la verdad,
sus [buenas] obras son como un espejismo en el desierto, que el sediento
cree agua --hasta que al acercarse, descubre que no era nada: en su lugar,
descubre [que] Dios [ha estado siempre presente] con él, y [que] Él le
saldará íntegra su cuenta --¡pues Dios es rápido en ajustar cuentas! Sura
24: 39 (La Luz) |