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¿En Qué Piensa la Gente Normalmente?
Como vimos antes, las personas no piensan como deberían y eso les impide
desarrollar la facultad del entendimiento. Pero debe hacerse una aclaración.
En todo momento se nos pasan cosas por la mente y casi nunca la tenemos
en blanco, excepto en ciertos momentos al dormir. Con todo, muchos de
esos pensamientos son improductivos, "fútiles" e "innecesarios", no nos
sirven para nada en la otra vida y no nos llevan a buen puerto.
Si alguien hace la prueba de recordar lo que pensó durante todo el día
y lo anota, verá que la mayoría de lo registrado son cosas insustanciales.
Y si encuentra algo que le parece digno de elogio, es probable que después
se dé cuenta de que estaba equivocado. Ello es así porque, en términos
generales, las conclusiones que nos parecen correctas no sirven de nada
en la otra vida.
La gente no sólo gasta el tiempo en cosas triviales a lo largo de la
vida, sino que procede de la misma manera con aquello que discurre mentalmente.
Dios aconseja tener una gran fuerza de voluntad para no caer en las trivialidades:
Bienaventurados los creyentes... que evitan el vaniloquio, (Corán, 23:1
y 3). Esto se aplica también a lo que uno medita. Eso se debe a
que las ideas, a menos que las controlemos convenientemente, fluyen de
modo permanente en la mente. Si no sabemos qué queremos, la mente salta
de un tema frívolo a otro. Al dirigirnos a nuestro hogar podemos estar
pensando lo que necesitamos comprar y en seguida recordar, repentinamente,
lo que nos dijo un amigo hace bastante tiempo. Esa forma incontrolada
de pensar puede mantenerse todo el día.
Pero es algo posible de manejar. Todos tenemos la capacidad de cavilar
sobre las cosas que mejorarán nuestra fe, nuestro intelecto, nuestra cortesía
y lo que nos rodea.
En este capítulo haremos mención al tipo de cosas sin importancia que
se tiende a pensar. Y nos referiremos a esto porque si a los lectores
de este libro les pasa por la cabeza algo similar, sabrán que la están
ocupando con cosas inservibles. De ese modo podrán controlar el discernimiento
y volcarlo a algo que sea realmente provechoso.
Temores Sin Fundamento
Cuando una persona no logra controlar las ideas y orientarlas de manera
provechosa, puede verse invadida por el temor, la angustia y la preocupación
en función de cosas que podrían suceder pero que aún no acontecieron.
Por ejemplo, el padre de un joven que debe dar un examen en la universidad
podría suponer cuál sería el destino del hijo: "Si no se recibe no encontrará
trabajo y no podrá ganar lo suficiente como para casarse. Pero si se casa
no me imagino cómo hará frente a los gastos de la boda. Además, se habrá
derrochado todo el dinero que gastó hasta ese momento para que estudie
y la gente nos mirará con desdén. Para peor, ¿qué hago si el hijo de mi
amigo se recibe y el mío no...?".
Esa forma de pensar errónea puede seguir desarrollándose, pero en realidad
el hijo no ha rendido el examen aún. Es difícil resistir ese tipo de temores
infundados a lo largo de la vida si se está alejado de la religión. Seguramente
hay una razón que lleva a ello. En el Corán se dice que el motivo por
el cual la gente no puede enfrentar esas ansiedades sin sentido reside
en que se deja influenciar por los susurros de Satanás:
(El Demonio ha dicho: "...) he de extraviarles, he de inspirarles vanos
deseos..." (Corán, 4:119).
Como lo expresa el versículo, quien se deja invadir por ansiedades triviales
siempre se encuentra predispuesto a los susurros de Satanás, pues olvida
a Dios (se extravía) y no piensa con propiedad. En otras palabras, si
el ser humano engañado por la vida mundanal no actúa como corresponde,
valiéndose de su fuerza de voluntad, y se deja llevar por los acontecimientos
vulgares de todos los días, queda bajo el completo control de Satanás.
Uno de los principales patrones de comportamiento de Satanás es fomentar
la ansiedad. Por lo tanto, todos los conceptos erróneos, pesimismo y ansiedades
urdidos en la mente --como cuando alguien se plantea, "¡qué haré si tal
cosa sucede!"--, tienen su origen en los susurros de Satanás.
Dios nos enseña la forma de no caer en esa trampa. Nos dice en el Corán
que cuando experimentemos una instigación perniciosa de Satanás deberíamos
buscar refugio en El y recordarle:
Cuando los que tienen taqwa (es decir, los que reverencian a Dios) sufren
una aparición del Demonio, se dejan amonestar y ven claro. En cuanto a
sus hermanos, en cambio, (los demonios) persisten en mantenerles descarriados
(Corán, 7:201-202).
Como se expresa en el versículo, quien reflexiona ve qué es lo correcto
y no se deja arrastrar por Satanás a cualquier parte.
Lo importante es saber que ese tipo de pensamiento que mueve al miedo
no sirve para nada. Por el contrario, impide meditar sobre la realidad,
reflexionar sobre temas importantes y, en consecuencia, purificar la mente
de las concepciones inútiles. Sólo se puede meditar apropiadamente si
se libera la mente de pensamientos ramplones, prosaicos. Esa es la manera
de mantenerse "alejado de lo vano", como ordena Dios en el Corán.
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