EL CORAN INDICA EL CAMINO A LA CIENCIA - Harun Yahya
EL CORAN INDICA EL CAMINO A LA CIENCIA
LA RELIGION AYUDA A QUE LA CIENCIA SE ENCAMINE
DE MANERA CORRECTA (2)
Los Esfuerzos que Derrochó la Ciencia para
Intentar Demostrar la Supuesta "Evolución de las Especies"
En la Tierra existen miles de especies vivientes que difieren
entre ellas de las más distintas maneras. Consideremos, por ejemplo, los
caballos, las aves, las serpientes, las mariposas, los peces, los gatos,
los murciélagos, los gusanos, las hormigas, los elefantes, los mosquitos,
las abejas, los delfines, las estrellas de mar, las medusas, los camellos...
Todas las formas de vida difieren entre sí en sus características físicas,
particularidades del lugar donde habitan, técnicas de caza, técnicas de
defensa, hábitos de alimentación, formas de reproducción, etc.
¿Cómo pasaron a existir criaturas con tantas diferencias?
Quien reflexione acerca de esta pregunta recurriendo a su
facultad de razonamiento, descubrirá que todas han sido diseñadas así,
es decir, han sido creadas. Cada diseño prueba la existencia de un diseñador
inteligente. Es decir, lo viviente, como la naturaleza en su conjunto,
demuestra la existencia de Dios.
Dios ha creado a todos los animales de
agua: de ellos unos se arrastran, otros caminan a dos patas,
otros a cuatro. Dios crea lo que quiere. Dios es omnipotente
(Corán, 24:45)
Esta verdad nos ha sido revelada a través de la religión.
En el Corán se nos informa cómo pasaron a existir las criaturas: todas
fueron creadas por Dios, Quien con Su poder y conocimiento infinitos las
equipó con características distintas, haciendo de ese modo que la humanidad
se entere de Su potestad y sapiencia. Algunos versículos coránicos se
refieren a la creación de lo viviente:
Entre Sus signos figuran la creación de
los cielos y de la tierra, los seres vivos que en ellos (es decir, en
los cielos y en la tierra) ha diseminado y que, cuando quiere, puede reunir
(Corán, 42:29).
Dios ha creado a todos los animales del
agua: de ellos unos se arrastran, otros caminan a dos patas, otros a cuatro.
Dios crea lo que quiere. Dios es omnipotente (Corán, 24:45).
Ha creado los cielos sin pilares visibles.
Ha fijado en la tierra las montañas para que ella y vosotros no vaciléis.
Ha diseminado por ella toda clase de bestias. Hemos hecho bajar agua del
cielo y crecer en ella toda especie generosa. Esta es la creación de Dios.
¡Mostradme, pues, qué han creado los otros dioses que hay fuera de El!
Sí, los impíos están evidentemente extraviados (Corán, 31:10-11).
Hay, en verdad, en los cielos y en la tierra
signos para los creyentes. En vuestra creación (es decir, en la creación
de los seres humanos) y en las bestias que El esparce hay signos para
gente que está convencida (de la Verdad) (Corán, 45:3-4).
Hay, en verdad, en los cielos y en la tierra
signos para los creyentes. En vuestra creación y en las bestias
que El esparce hay signos para gente que está convencida (Corán,
45:3-4)
Después de reconocer la realidad de
la creación los científicos establecieron diversas disciplinas, como la
biología, la anatomía y la paleontología, plenamente conscientes de que
todo lo viviente fue creado por Dios. Entre esos estudiosos destacados
tenemos a: Carl von Linneo, conocido como "el padre de la taxonomía vegetal"
y en consecuencia el pionero en la clasificación definida de las plantas;
Georges Cuvier, fundador de la ciencia de los fósiles y de la anatomía
comparada; Gregory Mendel, quien dio inicio a la ciencia de la genética
y descubrió las leyes de la herencia; Louis Agassiz, considerado el principal
biólogo del siglo XIX.
Linneo, quien sostenía que Dios creó todo
lo viviente, fue el fundador de la taxonomía y ordenó por primera
vez en distintas clases todas las formas de vida.
Luego, con la introducción de la teoría de la evolución
de Charles Darwin, el mundo de la ciencia se esforzó por demostrar que
"las especies evolucionaron una de otra". Eso llevó a los científicos
a investigaciones largas e infructuosas. Se pasó a buscar fósiles en todo
el mundo con la idea de encontrar los restos de existencias constituidas
por partes de dos especies distintas, es decir, criaturas intermedias
entre una especie y otra, que justifiquen lo aseverado. Además se fabricaron
escenarios imaginarios para explicar cómo se habría producido esa evolución.
Y esto que era una simple especulación empezó a aparecer en publicaciones
científicas y eventualmente fue enseñado en las escuelas como algo real
y comprobado.
La suposición de que los reptiles evolucionaron
en mamíferos está en desacuerdo absoluto con los hallazgos de la
ciencia, los cuales ponen al descubierto diferencias significativas
entre las escamas de los primeros y la piel de los segundos.
Carl von Linneo
Conviene repasar algunos de esos escenarios para demostrar
cómo los evolucionistas ligaron a la ciencia con sus propias fantasías
alocadas. Por ejemplo, la historia que transcribimos a continuación fue
publicada en un artículo evolucionista que se
ocupa de la supuesta transición de los reptiles a los
mamíferos: Algunos de los reptiles de las regiones más frías comenzaron
a desarrollar un método para mantener caliente sus cuerpos. Consiguieron
producir un aumento del calor corporal en la medida en que el clima era
más frío y evitar su pérdida achicando las escamas, haciéndolas más puntiagudas
y, por último, convirtiéndolas en piel. Otra adaptación para regular la
temperatura del cuerpo fue incorporar a éste la transpiración, es decir,
un mecanismo que enfría todo el organismo por medio de la evaporación
de agua. Además, accidental o casualmente, las crías pasaron a lamer el
sudor de la madre para alimentarse. En consecuencia algunas glándulas
comenzaron a producir una secreción cada vez más rica, la que eventualmente
se convirtió en leche. De ese modo las crías de los primeros mamíferos
comenzaron a llevar un mejor tipo de vida20.
Para sustentar la hipótesis evolucionista era necesario
probar de modo científico acontecimientos imposibles, como la transición
del sudor a leche y de las escamas a la piel. Ello hizo que miles de estudiosos
desperdiciasen su tiempo intentando verificar semejantes supuestos. En
realidad, ninguna de dichas transiciones es posible. Es absolutamente
imposible que el sudor haya evolucionado hasta convertirse en leche, la
cual contiene todo lo necesario para el desarrollo del bebé. Se trata
de una sustancia que se regula especialmente, en concordancia con las
necesidades y con cada fase de la criatura que la toma. Es decir, lo que
encuentra la criatura en la leche de la madre es exactamente lo requerido
para cada momento de su desarrollo.
Por ejemplo, en el momento en que el bebé necesita potasio,
la leche es más rica en potasio. Lo mismo sucede con todos los demás componentes
que vaya a necesitar en sus primeros años de desarrollo. Por supuesto,
es imposible que esa concordancia se dé como producto de la casualidad.
Por otra parte, es imposible la evolución de las escamas
de los reptiles hasta convertirse en el pelaje de los mamíferos, pues
ambos elementos poseen estructuras completamente distintas:
1) El pelaje es folicular, es decir, crece de un saco (folículo
piloso), a diferencia de las escamas, que son estructuras planas dentro
de la piel. Además, las escamas se desarrollan, crecen y se desprenden
de un modo absolutamente distinto de como lo hace el pelaje. No tienen
nada en común.
2) No hay ninguna evidencia científica que sugiera que el
pelaje sea el producto de una evolución a partir de las escamas. Los evolucionistas
no poseen evidencia fósil alguna que demuestre esa suposición, de la misma
manera que no pueden presentar ningún mecanismo lógico que haga posible
esa transformación.
Es decir, todas las suposiciones como estas dos mencionadas
colisionan claramente con la realidad científica.
Alan Feduccia
Las plumas de las aves son completamente diferentes
de las escamas de los reptiles y poseen propiedades extremadamente
complejas que permiten el vuelo.
Lo dicho respecto de la conversión de reptiles en mamíferos
no es la única fábula anticientífica. Cada evolucionista elabora su propio
"libreto". Así se inventaron muchos escenarios para hacer creer que los
dinosaurios evolucionaron en aves, como el que relata que dichos reptiles
comenzaron a volar mientras cazaban moscas. Otro cuento nos dice que desarrollaron
alas mientras saltaban de un árbol a otro. Finalmente la ciencia se fue
acostumbrando a "demostrar" esos escenarios creados por la imaginación
de los evolucionistas. Hasta ahora muchos científicos han llevado a cabo
investigaciones para "comprobar" cómo los dinosaurios pudieron haber comenzado
a volar mientras corrían o saltaban de las ramas de los árboles, e invirtieron
años para "evidenciar" cómo las escamas se convirtieron en las plumas
de las aves. Uno de ellos, el conocido científico ornitólogo Alan Feduccia,
se pasó la vida trabajando en este tema. Después de 25 años de investigación
buscando una conexión entre dinosaurios y aves, hace la siguiente confesión:
Bien, he estudiado cráneos de aves durante 25 años y no encuentro similitudes
de ningún tipo. No las veo... El origen de las aves terópodas, en mi opinión,
será la más grande dificultad de la paleontología del siglo XX21.
Los escenarios evolucionistas
no se limitan a lo dicho. Como admitió el paleontólogo evolucionista Dr.
Colin Patterson, Existe una tremenda cantidad de
fábulas, una más imaginativa que otra, sobre la naturaleza de esas historias
de vida22.
Los darwinistas proponen también la fantástica suposición
de que los mamíferos marinos --ballenas, focas, delfines-- llegaron a
ser tales después de evolucionar a partir de osos nadadores. Incluso,
para dar fundamento a ese escenario, produjeron teorías acerca de criaturas
semiballenas y hasta de "ballenas caminantes".
Los evolucionistas suponen que los miembros
de adelante de algunos dinosaurios se transformaron en alas mientras
perseguían a sus presas voladoras. No tienen ningún problema en
desarrollar teorías ridículas o fantasear sin límites.
El problema no está en que los
evolucionistas sueñen y crean en los escenarios que se les ocurran sino
en que derrochan los recursos científicos y el tiempo en todo el mundo
esperanzados en encontrar pruebas que justifiquen sus pretensiones. Dijo
el conocido científico evolucionista Pierre Paul Grassé acerca de esos
escenarios: No existe ninguna ley que prohiba soñar despierto, pero la
ciencia no debe entregarse a esa práctica23.
La ciencia continuará dándose la cabeza contra la pared
en sus intentos por demostrar esos mitos en la medida en que los científicos
sigan fundamentándose en hipótesis incorrectas como las del darwinismo.
Sólo el reconocimiento de la verdad de que todo ha sido creado pondrá
fin a esos esfuerzos vanos que inhiben el progreso de la ciencia. Como
mencionamos antes, todas las criaturas fueron creadas
por Dios, una por una. Sus características físicas, hábitos de
alimentación, técnicas de caza y defensa, la forma en que nutren a sus
vástagos, etc., reflejan compatibilidades perfectas. No tiene sentido
investigar cómo la casualidad dio lugar a esos procedimientos tan armoniosos.
La perfección que exhiben no pudo pasar a existir de modo fortuito sino,
solamente, a través del poder y control de nuestro Señor, el Creador Supremo.
Por consiguiente, sería mucho más valioso investigar lo posible de verificar
y sus particularidades, antes que producir escenarios completamente imaginarios.
Lo importante es que esa investigación nos ayudará a conocer mejor a Dios,
el Todopoderoso, Quien creó a los seres humanos y a todo el universo de
la nada.
El Atolladero de las Mutaciones
Otra aseveración de los evolucionistas que provocó una gran
pérdida de tiempo a la ciencia, fue la ilusoria búsqueda de "mutaciones
benéficas".
Las mutaciones son cambios que ocurren en el código genético
de un organismo por efectos de las radiaciones, sustancias químicas, etc.
Aunque los darwinistas suponen que lo viviente evolucionó a través de
mutaciones, estas son casi siempre dañinas porque causan desórdenes orgánicos.
El escape de radiación en Chernobyl constató, desgraciadamente, los efectos
nocivos de las mutaciones. Luego de ese desastre muchas personas empezaron
a padecer de leucemia y distintos tipos de anormalidades muy serias, como
las deformaciones físicas en los recién nacidos.
Los experimentos de mutaciones llevados a cabo
durante decenios en las moscas de la fruta, no produjeron una sola
mutación beneficiosa. Se trata de uno más de los desesperanzadores
intentos de los evolucionistas en la búsqueda de cambios favorables.
Este desorden físico es un ejemplo de los
efectos deletéreos de las mutaciones, las cuales sólo pueden dañar
una estructura correcta.
El neodarwinismo les dio el carácter de "mecanismo evolutivo"
a dos procesos negativos. Uno de ellos es el de la mutaciones. Por lo
tanto se vieron obligados a demostrar que podían dar lugar a efectos beneficiosos
en lo que a la evolución concierne. Sin embargo, como explicamos antes,
las mutaciones son siempre dañinas y nunca se ha observado que conlleven
a la evolución.
Con una tenacidad sorprendente
proyectaron modelos de mutaciones artificiales y trabajaron durante decenios
con miras a lograr una beneficiosa. Por ejemplo, numerosas veces provocaron
mutaciones en la moscas de la frutas esperanzados en "llegar a mejorar
el código genético". El resultado fue un fracaso total.
El evolucionista Michael Pitman hizo la siguiente observación acerca de
estos dilatados experimentos en el campo de las mutaciones, realizados
con el objeto de que conduzcan a algo concluyente: Morgan, Goldschmit,
Muller y otros genetistas han sometido varias generaciones de moscas de
la fruta a condiciones extremas de calor, frío, luz, oscuridad, radiaciones
y exposición a agentes químicos. Se produjeron diversos tipos de mutaciones,
prácticamente todas irrelevantes o abiertamente nocivas. ¿Consiguió el
ser humano reproducir la evolución? En realidad, no. Pocos de los monstruos
creados podrían haber sobrevivido fuera de las probetas en las que fueron
engendrados. En la práctica, los mutantes mueren, son estériles o tienden
a volver al tipo original24.
También Gordon Taylor, otro conocido
evolucionista, dijo que se perdieron cincuenta años con los experimentos
sobre mutaciones: En los miles de experimentos de reproducción de moscas
llevados a cabo en todo el mundo durante más de cincuenta años, nunca
hemos visto que aparezca una especie nueva o, aunque más no sea, una enzima
nueva25.
Las experiencias de los evolucionistas en otras áreas de
la ciencia no han sido diferentes. No obstante, a pesar de toda la evidencia
científica en contra, consideran que esa persistencia (irracional) en
el error es "perseverancia científica". Pero su comportamiento
no es tal sino resistencia u oposición a los principios de la ciencia.
El Atolladero en el Campo de los Fósiles
Los científicos Richard Leakey y Alan Walker
pasaron gran parte de sus vidas buscando evidencias paleontológicas
de la evolución. Hasta la fecha no lo han logrado.
Otro ejemplo de la pérdida de tiempo de la que es responsable
la teoría de la evolución lo encontramos en el callejón sin salida al
que fue empujada la paleontología. Nadie duda de que los estudios paleontológicos
son fundamentales para la comprensión de la historia de la vida en la
Tierra. Sin embargo, los preconceptos erróneos de la teoría de la evolución
tuvieron un efecto negativo en los mismos y llevaron a los científicos
a conclusiones equivocadas. Los paleontólogos que investigan "el origen
del ser humano" se ven en apuros: todas las investigaciones llevadas a
cabo para encontrar una criatura semisimia, semihumana, han sido una completa
pérdida de tiempo.
Debemos mencionar que la búsqueda
de fósiles se hace bajo condiciones muy difíciles y requiere presupuestos
elevados. Las excavaciones realizadas por numerosos investigadores en
los últimos ciento cincuenta años en regiones como las de los desiertos
africanos y en campamentos bajo el sol ardiente, con presupuestos de millones
de dólares, no han brindado resultados concretos.
El conocido paleontólogo Richard Leakey y el renombrado escritor científico
Roger Lewin, hicieron la siguiente confesión acerca de la carencia de
resultados de esos estudios: Si alguien se toma el trabajo de coleccionar
en una habitación todos los fósiles encontrados de nuestros ancestros
(y sus parientes biológicos) que vivieron, digamos, entre cinco millones
y un millón de años atrás, para exponerlos necesitará solamente un par
de caballetes y dos tablones grandes. ¡Y como si esto no fuese bastante
lamentable, una simple caja de zapatos sería más que suficiente para acomodar
los fósiles de homínidos con una antigüedad de entre quince y seis millones
de años!26.
En los tórridos desiertos africanos se llevaron
a cabo excavaciones, con presupuestos millonarios, "para
descubrir evidencias de la evolución". Pero no lograron su
objetivo y han sido esencialmente inútiles. Los evolucionistas
no quisieron reconocer el fracaso y entonces, en su desesperación,
recurrieron al fraude.
Todas esas tareas fueron un desperdicio de tiempo, conocimiento,
trabajo, dinero y recursos, consideradas equivocadamente "en función de
la ciencia". En todo el mundo, miles de universidades, instituciones y
organizaciones científicas, millones de científicos, instructores y estudiantes,
laboratorios, expertos, equipos técnicos e incontables recursos, han sido
consagrados al servicio de un argumento falso. El resultado concreto de
todo esto es "nada", pero así y todo se sigue en esa línea de acción aunque
los nuevos descubrimientos siguen exponiendo la falacia de la hipótesis
evolucionista.
El científico darwinista S. J.
Jones explica en un artículo publicado en la revista Nature las dificultades
de la paleoantropología, del estudio de los fósiles y de la investigación
sobre el origen del ser humano: Parece que los paleoantropólogos cubren
la falta de fósiles con un exceso de entusiasmo y esta debe ser ahora
la única ciencia en la que aún es posible hacerse famoso sólo por tener
una opinión. Como dijo un cínico, en paleontología humana el consenso
lo tiene quien grita más fuerte27.
Los Daños que Causan a la Ciencia Quienes Niegan la Existencia de un "Diseño
Perfecto en la Naturaleza"
Negar el hecho de la creación, es decir, la existencia del
"diseño" en la naturaleza, significa impedir la investigación científica.
El estudioso que es consciente de esa existencia emprende sus estudios
con el objeto de investigarlo y llegar a conocer cuál es su propósito.
Pero un evolucionista no tendrá la misma meta debido a que considera que
la naturaleza es un amontonamiento de materia sin ninguna intención.
El físico y filósofo norteamericano William Dembski, es
otro de los que sostiene que en la naturaleza hay un "diseño" y dice que
el punto de vista evolucionista, al negar la existencia de un propósito
en la misma, detiene el progreso científico. Ejemplifica esto valiéndose
del término "ADN chatarra" usado por los darwinistas. (Denominan así a
los elementos del ADN que según ellos no contienen información genética
y por lo tanto no cumplen una función en lo que hace a la herencia biológica).
Dice Dembski: El diseño no es una barrera infranqueable para la ciencia.
Por el contrario, puede promover la investigación que el enfoque evolucionista
obstruye. Consideremos el término "ADN chatarra". Lleva implícito que
debido a que el genoma de un organismo ha sido formado a través de un
proceso evolutivo largo y caótico se trata de un compuesto integrado con
partes de cualquier cosa, de las cuales sólo algunas son esenciales para
el organismo. Por consiguiente, según los evolucionistas es de suponer
que hay una gran cantidad de ADN inútil.
Pero si consideramos que los organismos han sido diseñados,
contamos con descubrir la función de cada parte del ADN. Y justamente
los últimos hallazgos sugieren que decir que cuenta con componentes que
son "basura", no hace más que esconder nuestra ignorancia actual de la
función que cumplen. Por ejemplo, en un reciente ejemplar de Revista de
Biología Teórica, John Bodnar describe cómo "el ADN no codificado en el
genoma contiene un lenguaje que programa el crecimiento y desarrollo del
organismo". El diseño alienta a los científicos a descubrir nuevas funciones
allí donde los evolucionistas pierden el interés...
Admitir el diseño en el mundo
de la ciencia sólo puede enriquecer el emprendimiento científico. Todos
los elementos e instrumentos verdaderos de la ciencia quedan intactos,
pero el diseño suma una nueva herramienta al arca de las que ya disponen
los científicos. Además, una vez que admitimos el diseño, se abre a la
investigación un conjunto de cosas al querer saber cómo fueron producidas,
su grado de optimización y el propósito que tienen28.
Obviamente, ser consciente de que lo viviente ha sido creado
por Dios abre nuevos caminos a la ciencia y también contribuye a un mejor
entendimiento de la naturaleza.
Los comportamientos que exhiben las abejas melíferas son tan intrincados
que sólo recientemente se ha descubierto el propósito de los mismos.
Sin embargo, los científicos materialistas
que niegan el poder creativo de Dios, suponen que todas las formas de
vida sobre la Tierra pasaron a existir debido a eventos casuales. Para
esa gente, la existencia de "diseños aberrantes" o "elementos innecesarios"
es absolutamente natural en un universo que es producto de la casualidad.
Este punto de vista anómalo, mantenido a lo largo de los años, motivó
que muchos estudiosos interpreten la realidad de modo incorrecto e impidió
nuevos descubrimientos. Por ejemplo, un científico materialista que examina
una pluma de ave y observa su estructura asimétrica, determina que esa
configuración es producto del azar. Por consiguiente, no se ve motivado
a estudiarla. En cambio, el científico que acepta que Dios es el creador
de cada forma de vida con el diseño absolutamente adecuado a un propósito
específico, entiende que las características asimétricas de las plumas
son una cualidad importante digna de investigarse. Al iniciar el trabajo
con dicha premisa, descubrirá enseguida que esa forma asimétrica es necesaria
para el vuelo y que las aves con plumas simétricas son incapaces
de volar.
Este tipo de situación es común
en el mundo de la ciencia. Los que estudiaron a las abejas tuvieron una
experiencia similar. Por ejemplo, al calcular los ángulos que forman las
uniones de las celdillas del panal, determinaron que dos de ellos diferían
de lo óptimo en dos minutos de grado (las medidas indicaban que esos ángulos
eran de 109º 28' y 70º 32', en tanto que por medio de un cálculo muy complicado
el matemático Konig determinó que los ángulos óptimos debían ser 109º
26' y 70º 34'). Los científicos que trabajaban en el tema llegaron a la
conclusión de que las abejas cometían ese desliz mínimo. No obstante,
el matemático escocés Colin Maclaurin (1698-1746) no quedó satisfecho
con esa explicación, estudió de nuevo el tema y demostró que las tablas
de logaritmos usadas estaban mal impresas y eran las responsables de esa
diferencia29. ¡De esta forma se supo que los cálculos
hechos por las abejas eran los correctos y que los ángulos que determinaron
eran los óptimos!
Una persona consciente de que Dios crea todo lo viviente
de modo perfecto, nunca supone que exista una aberración en el diseño
de cualquier objeto de la naturaleza. Sabe que cada detalle es creado
por Dios con un propósito específico.
El ADN, con su compleja composición y cada
una de sus propiedades en función de un propósito específico, demuestra
que fue creado.
Otro concepto erróneo al que adhieren los científicos que
no admiten la creación perfecta de Dios, también está relacionado con
las abejas. El ejemplar de la revista New Scientist del 12 de octubre
de 1996 contiene un artículo en el que Ben Crystall sostiene que las abejas
baten las alas excesivamente y por consiguiente su vuelo es deficiente.
Manifiesta que el aleteo unas veces es más rápido que otras, pero siempre
vuelan a la misma velocidad, por lo que en determinados momentos derrochan
energía sin sentido. Para el autor de la nota se trata de una falla en
el diseño.
El tema fue estudiado por un equipo conducido por Jon Harrison
de la Universidad Estatal de Arizona y sus resultados publicados en la
revista Science (1996, vol. 274, p. 88). Allí sugiere que hay buenas razones
para explicar las diferencias en las frecuencias del aleteo de las abejas.
Se les controló la temperatura corporal, la velocidad con que movían las
alas y la tasa metabólica cada vez que cambiaba la temperatura ambiente.
Se observó que al aumentar ésta de 20°C a 40°C, la frecuencia del aleteo
decrecía. La investigación reveló que las abejas baten las alas con una
frecuencia menor en ambientes cálidos y con una mayor en los fríos, manteniendo
siempre la misma velocidad de vuelo. Se descubrió entonces que el aleteo
con una mayor frecuencia en los ambientes fríos se realiza para generar
calor y mantener el cuerpo y la colmena a las temperaturas adecuadas.
Es decir, hace poco se supo que las alas de las abejas cumplen dos funciones:
sirven para el vuelo y para producir calor.
Otra falacia presentada por los
evolucionistas que no admiten que Dios creó todo lo viviente de modo perfecto
y en las formas que conocemos, es la teoría de los "órganos atrofiados".
Puesto que suponen que todas las criaturas evolucionan de un predecesor
por casualidad, creen en la existencia de "órganos no funcionales" heredados
de ancestros y que con el paso del tiempo se atrofiaron debido a que no
se los usaba. En la medida en que la ciencia progresó, se comprendió que
esos órganos resultaban vitales para el cuerpo. La mejor demostración
de lo incorrecto de la premisa inicial, que obstaculizó el progreso de
la ciencia, se encuentra en la gradual reducción de la larga lista de
los supuestos "órganos atrofiados". El evolucionista S. R. Scadding concuerda
con esa realidad en un artículo publicado en la revista Evolutionary Theory,
titulado ¿Pueden los Organos Atrofiados Constituir una Evidencia de la
Evolución? Dice allí: Puesto que no es posible aceptar una interpretación
ambigua de estructuras inútiles y que la estructura del argumento usado
no es válida científicamente, concluyo que los "órganos atrofiados" no
proveen ninguna evidencia sustantiva para la teoría de la evolución30.
La lista de los "órganos atrofiados" compilada por el anatomista
alemán R. Wiedersheim en 1895 comprendía alrededor de cien, incluidos
el apéndice y el coxis. Con el avance de la ciencia esa lista empezó a
disminuir, además de descubrirse que los mismos cumplían funciones muy
importantes. Por ejemplo, se descubrió que el apéndice, considerado un
"órgano atrofiado", en realidad es un órgano linfóideo que combate las
infecciones. También se descubrió que las amígdalas, incluidas en la misma
lista, cumplen un papel importante en la protección de la garganta de
las infecciones, especialmente hasta la adolescencia. Se descubrió asimismo
que el coxis, ubicado en el extremo inferior de la columna vertebral,
sostiene los huesos alrededor de la pelvis a la vez que es punto de convergencia
de algunos músculos pequeños. Más adelante se llegó a comprender que el
timo incentiva el sistema inmunológico del cuerpo humano activando las
células T; que la glándula pineal es la encargada de segregar hormonas
importantes; etc. De ese modo, poco a poco se descubrieron las funciones
de los supuestos "órganos no funcionales". Darwin consideraba que el pliegue
semicircular en el ojo era un "órgano atrofiado", pero resultó ser el
encargado de limpiar y lubricar las cejas.
Todos los ejemplos dados apuntan a una realidad: para que
la investigación científica sea efectiva y expeditiva, se debe cimentar
en premisas correctas. Dios creó todo con un propósito y con un diseño
perfecto e inimitable. Por consiguiente, el objetivo último del estudioso
de la naturaleza debería ser descubrir las particularidades de esa perfección
en todo lo analizado y averiguar el sentido oculto en cada fenómeno que
percibe.
Los Efectos Negativos que Sufren los Científicos
Ateos y Evolucionistas al Saber que Realizan Esfuerzos Vanos
En realidad, el conducir investigaciones y estudios dilatados
de hipótesis inciertas y falaces, es emocionalmente agotador para los
evolucionistas. Cuando llegan a comprender que esos trabajos a los que
dedicaron sus vidas son insubstanciales e inservibles, les invade la desesperación.
La investigación científica requiere una gran disciplina y disposición
al sacrificio. Realizar prolongados experimentos de laboratorio en función
de premisas que se sabe no llevan a ninguna parte y descubrir en definitiva
que lo único correcto es exactamente lo opuesto a la hipótesis que se
quiere demostrar, es algo que realmente trastorna a cualquiera.
El conocido bioquímico norteamericano
Michael Behe sostiene la invalidez científica del darwinismo en su libro
La Caja Negra de Darwin y describe la psicología de los científicos evolucionistas
confrontados con la realidad del "diseño" de la célula: La bioquímica
moderna ha descubierto los secretos de la célula en las últimas cuatro
décadas. El progreso ha sido ganado a un alto costo, pues requirió decenas
de miles de personas que dedicasen la mejor parte de sus vidas al trabajo
tedioso de laboratorio... El corolario de esos esfuerzos acumulados para
investigar la célula, es decir, para estudiar la vida a nivel molecular,
es una clara y penetrante exclamación: "¡diseño!". Dicho resultado es
tan indiscutible y significativo que puede ser considerado uno de los
más grandes logros en la historia de la ciencia, triunfo que debería evocar
la exclamación de "¡Eureka!" en decenas de miles de gargantas. Pero no
se ha destapado ninguna botella ni las manos han aplaudido... Por el contrario,
un silencio desconcertante, curioso e incómodo rodea la severa complejidad
de la célula. Cuando el tema se trata en público, la gente arrastra las
suelas de los zapatos por el piso y tiene una respiración agitada. En
privado esas mismas personas se muestran más relajadas y muchas admiten
explícitamente lo obvio, pero después bajan la mirada, sacuden la cabeza
y siguen como antes. ¿Por qué la comunidad científica no abraza
con orgullo su magnífico descubrimiento? ¿Por qué la comprobación de una
creación con un propósito o intención es tratada con tantos miramientos
intelectuales? El dilema es que si a una parte del elefante se la etiqueta
como creada por un designio inteligente, la otra parte debe ser etiquetada
(con el nombre del creador, es decir) Dios31.
Algunos evolucionistas de la
comunidad científica han reconocido la desesperación que sufren. Por ejemplo,
el paleontólogo Dr. Colin Patterson, Director del Museo Británico de Historia
Natural y autor del libro Evolución, hizo un conocido comentario durante
la inauguración del Museo de Historia Natural de Nueva York: La pregunta
es: ¿pueden decirme algo acerca de la evolución, aunque más no sea una
sola cosa, que sea verdad? Hice esta pregunta al grupo de geólogos del
Museo Field de Historia Natural y la única respuesta que obtuve fue el
silencio... Entones desperté y me di cuenta que viví engañado al tomar
al evolucionismo, de una u otra manera, como la verdad revelada32.
En otra parte del mismo discurso
también señaló: Una de las razones por la que comencé a tener este criterio
antievolucionista, o digamos, no evolucionista, fue que el año pasado
y de modo repentino, comprendí que si bien pensaba que durante veinte
años trabajé sobre el tema de la evolución, no era así. Algo sucedió una
noche pues al despertarme a la mañana siguiente percibí que en todo este
tiempo no llegué a conocer nada sobre la misma. Es
una verdadera conmoción enterarse de que uno puede estar tan extraviado33.
El doctor N. Heribert-Nilsson,
evolucionista y director del Instituto de Botánica de la Universidad de
Lund en Suecia, confesó haber derrochado más de
cuarenta años para nada: Mi intento por demostrar la evolución
a través de un experimento llevado a cabo durante más de cuarenta años,
ha fracasado completamente34.
Gran parte de los intensos esfuerzos de
los científicos evolucionistas fueron inútiles. Por supuesto,
eso motivó que muchos de ellos pierdan el entusiasmo por la investigación.
Estos ejemplos evidencian que la ciencia se ha perjudicado
en la medida en que sus operadores se enfrascaron en una teoría falsa.
Con el objeto de apoyar el mito de la evolución durante decenios, se han
desperdiciado en una aventura espuria, el conocimiento, el tiempo, las
energías, el trabajo y las pruebas de laboratorio de miles de científicos,
así como la dedicación del personal auxiliar y los recursos financieros.
Lo que es peor, no sólo los científicos
de hoy sino hasta el mismo Darwin, fundador de la teoría, se lamentaron
muchas veces por "perder el tiempo inútilmente"
en algo con lo que "finalmente se verían decepcionados".
Darwin habló muchas veces de sus temores en tal sentido en los artículos
que escribía o en las cartas a sus amigos. En una de esas notas confiesa
que en la naturaleza no hay ninguna evidencia que sustente su teoría:
Toda la naturaleza es perversa y no se comportará como yo deseo35.
Su falta de seguridad se manifiesta también en otro párrafo:
A pesar de todo, dudo de que valga la pena consumir tanto tiempo en el
trabajo (de escribir El Origen de las Especies)36.
Obviamente, si una teoría falaz
es defendida solamente por razones ideológicas, también causa angustia
y desesperación en quienes la proponen. Estas son las consecuencias inevitables
de colocar a la ciencia en un curso erróneo.
Los Daños Que Causaron a la Ciencia los
Fraudes Evolucionistas
Al decir Darwin, dudo de que valga la pena
consumir tanto tiempo en el trabajo (de escribir El Origen de las
Especies), expresaba la falta de fe en sus intentos por demostrar
la teoría de la evolución.
Los evolucionistas, incapaces
de encontrar evidencias que respalden su teoría, de vez en cuando engañaban
a la humanidad distorsionando sus hallazgos. La más evidente de esas falsificaciones
fue la del "Hombre de Piltdown". Al no poder hallar fósiles semihumanos-semimonos,
cuya existencia afirmaban, decidieron fabricarlos. Montaron la mandíbula
de un orangután en un cráneo humano y le dieron apariencia antigua tratándolo
con sustancias químicas. Durante muchos años lo exhibieron en el museo
más famoso del mundo como "un antepasado del ser humano". El evolucionista
F. Clark Howell describe el perjuicio que causó a la ciencia dicho engaño:
Descubierto en 1953, Piltdown no es otra cosa más que una mandíbula de
simio montada en un cráneo humano. Se trata de un engaño con una finalidad...
Declararon que cada parte era intermedia entre el ser humano y el mono
y establecieron que tenía una antigüedad de quinientos mil años. Se le
dio un nombre (Eoanthropus Dawsoni u Hombre del Amanecer) y se
escribieron alrededor de quinientos libros acerca del "hallazgo", que
engañaron a los paleontólogos durante cuarenta y cinco años37.
El cráneo falso utilizado en el engaño del
"Hombre de Piltdown".
Las palabras de este científico son en verdad admirables.
Una pieza falsa de algo llamado "evidencia" engañó a los científicos de
todo el mundo durante cuarenta años. El hecho de que se escribiesen quinientos
libros sobre el tema de un cráneo fraudulento habla acerca del gran esfuerzo
sin sentido.
Ernest Haeckel, perpetrador de
otro fraude evolucionista, no sólo confesó su falsificación sino que también
se refirió a las distorsiones hechas por sus colegas para perpetuar sus
diversas ideologías: Después de esta comprometedora confesión de "fraude"
debería considerarme condenado y aniquilado si no tuviera la consolación
de ver en la lista de culpables junto a mí a cientos de mis colegas, entre
ellos muchos de los más confiables investigadores y estimados biólogos.
La gran mayoría de los diagramas en los mejores textos de biología, tratados
y revistas incurrirían en el mismo delito, porque todos ellos son inexactos
y en una u otra medida tratan temas adulterados, urdidos y fabricados38.
Los intentos de realizar observaciones,
experimentos e investigaciones que justifiquen el evolucionismo, el encubrimiento
de la verdad o su presentación distorsionada, han sido, ciertamente, un
gran obstáculo para el progreso de la ciencia. El escritor evolucionista
W. R. Thompson lo admitió, aunque de manera indirecta: Para
la ciencia es anormal e indeseable esta situación en la que los
estudiosos se unen para defender una doctrina que no pueden definir y
mucho menos demostrar con rigor científico, a la vez que intentan mantener
su reputación a través de la supresión de la crítica y la eliminación
de las realidades que les ponen en aprietos39.
Lo más interesante es que todos los estudios y experimentos
que hicieron los interesados en demostrar el evolucionismo, resultaron
en definitiva evidencias que respaldan la Creación.
Los Descubrimientos Científicos Demuestran
Siempre el Hecho de la Creación Aunque a los Evolucionistas no les Guste
Cada descubrimiento señala la existencia
de Dios y las sutilezas de Su creación perfecta, independientemente
del tesón de los evolucionistas por probar lo contrario. Prueba
de lo que decimos son las formas de vida complejas que aparecieron
repentinamente en el período Cámbrico.
La estructura óptica del trilobite es tan
compleja como la de las libélulas de nuestros días.
Como mencionamos al comienzo de este capítulo, cuando
la ciencia es guiada por ideologías erróneas, el tiempo, el dinero y el
trabajo se derrochan inútilmente. La ciencia ha estado bajo la influencia
de los materialistas desde el siglo XVIII y casi todas las investigaciones
tenían por objeto proveerle de fundamentos científicos a su filosofía.
Por consiguiente, resultaba casi obligatorio ocultar la verdadera evidencia
científica o presentarla distorsionada.
Lo que resulta más interesante aún es que cada estudio y
experimento hecho por los evolucionistas para demostrar la validez de
su teoría, brindó más evidencias a favor de la Creación. La ciencia resulta
relativamente simple y sin problemas para quienes creen en la existencia
de Dios. Investigar un fenómeno conocido y desentrañar cómo se produce
no es conflictivo para los científicos aunque sea muy laborioso y absorbente.
Pero si lo que hay que hacer, como ellos mismos certifican, es buscar
evidencia que no existe, se enfrentan a algo "tedioso"
y "aburrido".
Uno de los ejemplos más evidentes
de esto se encuentra en los descubrimientos paleontológicos que corresponden
al Período Cámbrico, acontecido hace 550 millones de años. De allí no
sólo provienen las primeras formas de vida en la Tierra, sino que las
mismas aparecen completamente desarrolladas y con sistemas complejos.
Por ejemplo, una criatura ya extinta llamada Trilobite, poseía una estructura
ocular complicada compuesta de cien lentes, similar a la de la libélula.
Lo que resulta "traumático" para los evolucionistas es que esas formas
de vida aparecen en dicha época de improviso y sin ancestros, cosa que
apunta claramente a la Creación como su generadora. Lo expresado por el
investigador evolucionista y conocido zoólogo británico Richard Dawkins,
confirma que los descubrimientos científicos respaldan el creacionismo:
Por ejemplo, los estratos del Cámbrico, con una antigüedad de 600 millones
de años, son los primeros en albergar la mayoría de los grupos invertebrados
más grandes. Y encontramos que muchos de ellos, que surgen por primera
vez, ya lo hacen en una etapa de evolución avanzada, como si hubiesen
sido plantados allí, sin una historia evolutiva. No hace falta decir que
esa apariencia de haber sido instalados allí de modo repentino ha puesto
contentísimos a los creacionistas40.
Este estado de "incertidumbre"
en el campo de la paleontología es uno de los atolladeros más graves que
entrampa a la teoría evolucionista. Como venimos repitiendo, los investigadores
darwinistas han invertido durante decenios sus mejores esfuerzos en la
búsqueda de formas transitorias (es decir, supuestas criaturas con características
de dos especies distintas) que evidenciarían la existencia de la evolución.
No obstante, nunca han logrado resultados concretos porque ese tipo de
criaturas nunca existieron en la Tierra. El paleontólogo evolucionista
Mark Czarnecki hizo el siguiente comentario acerca de esa búsqueda infructuosa:
El mayor problema en lo que hace a la comprobación de la teoría de la
evolución se ubica en los registros fósiles, es decir, los restos de especies
extintas preservadas en las formaciones geológicas de la Tierra. Esos
registros nunca han revelado indicios de las hipotéticas variantes intermedias
sino que, por el contrario, las especies aparecen y desaparecen abruptamente.
Se trata de una anomalía que ha alimentado el argumento
creacionista que sostiene que cada especie ha sido creada por Dios41.
Al leer entre líneas manifestaciones como las arriba expresadas,
se nos revela que todos los esfuerzos por encontrar alguna justificación
científica al evolucionismo no sólo han sido vanos, sino que cada estudio
emprendido con el objetivo de demostrar que todo pasó a existir por casualidad
apunta a una verdad irrefrenable: todo lo viviente
es creado sin tacha por Dios, el Señor de los cielos y de la tierra.
Conclusión
Nuestro entorno inmediato y el universo en el que vivimos
rebosa de signos de la Creación, los cuales, indicativos de la
existencia de Dios y de Su conocimiento supremo, están implícitos
en la fascinante estructura de un mosquito, en el arte glorioso del plumaje
de un pavo real, en los sistemas complejos y perfectos de órganos
como el de la vista y en millones de otras formas presentes.
El científico que sostiene que la Creación es una realidad,
ve la naturaleza desde esta perspectiva y obtiene una gran satisfacción
en cada observación que realiza y en cada experimento que conduce y le
sirve de inspiración para profundizar sus estudios.
La razón por la cual las plumas de un
pavo real “enfermaban” a Darwin, era que implicaban,
evidentemente, la existencia de un Creador superior
Por otra parte, creer en un mito
como el de la evolución y adherir al mismo, a pesar de los descubrimientos
de la ciencia, concluye en un estado emocional de desesperanza: la armonía
del universo y el diseño de las criaturas vivientes se convierten, más
bien, en una fuente de problemas. Las siguientes palabras de Darwin nos
brindan una muestra de los sentimientos de la mayoría de los evolucionistas:
Recuerdo bien el tiempo cuando el pensar en la estructura del ojo me daba
escalofríos. Pero he ido más lejos en la desazón... y ahora particularidades
pequeñísimas de su estructura me ponen a menudo muy incómodo. ¡Me enfermo
cada vez que miro una pluma en la cola del pavo real!42.
Las plumas del pavo real, como
así también otros incontables signos de la creación en la naturaleza,
continúan desconcertando a los evolucionistas. Tratando de ignorar estas
verdades, desarrollan ideas ambivalentes acompañados por un estado mental
de negación. Un buen ejemplo de esto es el caso del prominente evolucionista
Richard Dawkins, quien llamó a los cristianos a que no supusieran haber
sido testigos de un milagro aunque viesen que la estatua de la Virgen
María moviese las manos. Según Dawkins, quizás todos los átomos de los
brazos de la estatua se movieron en la misma dirección al mismo tiempo,
algo que es poco probable pero no imposible43.
Si se quiere ayudar al progreso de la ciencia hay que dejar
a un lado a quienes sostienen esas ideas superadas del siglo XIX y hacer
que ocupen su lugar las realidades que se constatan.
NOTAS
20 George Gamow, Martynas Ycas, Mr. Tompkins Inside Himself,
Allen & Unwin, Londra, 1966, p. 149 21 Pat Shipman, Birds Do It. Did Dinosaurs?, "New Scientist", 1 de
Febrero de 1997, p. 28 22 Colin Patterson, "Harper's", Febrero de 1984, p. 60 23 Pierre-P Grassé, Evolution of Living Organisms, New York, Academic
Press, 1977, p. 103 24 Michael Pitman, Adam and Evolution, London, River Publishing, 1984,
p. 70 25 Gordon Taylor, The Great Evolution Mystery, New York: Harper and
Row, 1983, pp. 34-38 26 Leakey, R., & Lewin, R. People of the lake: Mankind and its beginnings.
New York: Anchor Press/Doubleday, 1978, p. 17 27 S.J. Jones, A Thousand and One Eves, "Nature", vol. 34, 31 de Mayo
de 1990, p. 395 28 William A. Dembski Science and Design, "First Things", N° 86, Noviembre
de 1998, p. 26 29 G. Mansfield, Creation or Chance! God's purpose with mankind proved
by the wonder of the universe, Logos Publications 30 S.R. Scadding, Do 'Vestigial Organs' Provide Evidence For Evolution?,
"Evolutionary Theory", vol. 5, Mayo de 1981, p. 173 31 Michael J.Behe, Darwin's Black Box, New York: Free Press, 1996,
pp.231-232 32 Colin Patterson, Evolución y Creacionismo, discurso en el Museo
Norteamericano de Historia Natural, Nueva York (5 de Noviembre de 1981) 33 Colin Patterson, Evolución y Creacionismo, discurso en el Museo
Norteamericano de Historia Natural, Nueva York (5 de Noviembre de 1981) 34 The Earth Before Man, p. 51 35 Francis Darwin, The Life and Letters of Charles Darwin, vol. I,
New York: D. Appleton and Company, 1888, p. 413 36 Francis Darwin, The Life and Letters of Charles Darwin, vol. I,
New York: D. Appleton and Company, 1888, p. 315 37 F. Clark Howell, Early Man, NY: Time Life Books, 1973, pp. 24-25 38 Francis Hitching, The Neck of the Giraffe: Where Darwin Went Wrong,
New York: Ticknor and Fields, 1982, p. 204 39 Introducción del libro El Origen de las Especies de Charles Darwin
(Dutton: Everyman's Library, 1956), p. xxii 40 Richard Dawkins, The Blind Watchmaker, London: W. W. Norton, 1986,
p. 229 41 Mark Czarnecki, The Revival of the Creationist Crusade, MacLean's,
19 de Enero de 1981, p. 56 42 Norman Macbeth, Darwin Retried: An Appeal to Reason, Boston, Gambit,
1971, p. 101 43 Richard Dawkins, The Blind Watchmaker, London: W. W. Norton, 1986,
p. 159