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EL ATLAS DE LA CREACION - Harun Yahya

EL ATLAS DE LA CREACION

   


CAPITULO 9

EL ESCENARIO DE LA EVOLUCION HUMANA


Una Simple Mandíbula  Como Chispa de Inspiración
El primer fósil encontrado de  Ramapitecus se trataba, en realidad,  de una mandíbula compuesta de dos partes, como se ve abajo. Apoyándose en eso, los evolucionistas tuvieron la osadía de representar al Ramapitecus, su familia y el medio en que vivieron. Cuando se comprobó que esos dibujos eran una invención y que la mandíbula había pertenecido a un mono común, fue sacado del imaginario árbol genealógico del ser humano (David Pilbeam, Humanos Perdidos y Primeros Ancestros, Science, Abril de 1982, pp. 6-7)

En los capítulos anteriores hemos visto que en la naturaleza no hay ningún mecanismo que conduzca a la evolución a los seres vivientes y que éstos pasaron a existir no como resultado de un proceso evolutivo sino que, más bien, emergieron repentinamente con su actual estructura perfecta. Es decir, fueron creados individualmente. Por lo tanto, es obvio que la "evolución humana" es una fábula que nunca tuvo lugar.

¿Qué es lo que proponen, entonces, los evolucionistas como fundamento de su teoría?

Dicho fundamento es la existencia de muchos fósiles, sobre los cuales son capaces de construir interpretaciones imaginarias. A lo largo de la historia han vivido más de 6000 especies de monos, la mayoría de las cuales se extinguieron y constituyen un rico recurso para los evolucionistas. Hoy día viven solamente 120 especies.

Los evolucionistas describieron el escenario de la evolución humana disponiendo convenientemente algunos cráneos que se ajustaban a sus propósitos, los ordenaron de menor a mayor y esparcieron entre ellos algunas calaveras de razas humanas extintas. Según este escenario, los seres humanos y los monos actuales tienen antecesores comunes. Esas criaturas ancestrales se desarrollaron con el tiempo convirtiéndose algunas en los monos de hoy día, mientras que otro grupo que siguió otro camino derivó en los seres humanos actuales.

Sin embargo, todos los descubrimientos biológicos anatómicos y paleontológicos han demostrado que esa pretensión de la evolución es tan ficticia e inválida como todas las demás. No se ha presentado ninguna evidencia real o cabal que pruebe que existe una relación entre el mono y el ser humano, excepto, claro está, las falsificaciones, las distorsiones, los dibujos y las discusiones o comentarios que inducen al error.

Los registros fósiles nos indican a lo largo de la historia que los seres humanos han sido seres humanos y los monos solamente monos. Los evolucionistas conjeturan que algunos de esos fósiles son ancestros relativamente recientes de los seres humanos –vivieron hasta hace unos diez mil años– y luego desaparecieron. Sin embargo, aún hoy día existen comunidades con la misma apariencia y características físicas que esos supuestos antecesores. Todo esto sirve como una clara prueba de que el ser humano nunca pasó por un proceso evolutivo en ningún período de la historia.

Lo más importante es que hay numerosas diferencias anatómicas entre los monos y los seres humanos y ninguna de las mismas son del tipo que pasan a existir a lo largo de un proceso de evolución. El “andar bípedo” es uno de ellos. Como describiremos más adelante detalladamente, esa forma de desplazamiento es peculiar del ser humano y una de las características más importantes que lo distingue de los animales.

El Arbol Genealógico Imaginario del Ser Humano

Los darwinistas alegan que los seres humanos actuales han evolucionado a partir de algún tipo de mono antropomorfo. Se sostiene que durante ese pretendido proceso evolutivo, el cual habría comenzado hace 4-5 millones de años, existieron algunas "formas transitorias" entre los seres humanos de hoy día y sus ancestros. Según este escenario totalmente imaginario, se registran cuatro "categorías" básicas:

1.- Australopiteco.
2.- Homo habilis.
3.- Homo erectus.
4.- Homo sapiens.

Los evolucionistas llaman al supuesto primer ancestro común de los monos y de los seres humanos "Australopiteco", término que significa "mono del sur". Los Australopitecos no son otra cosa más que un viejo tipo de mono extinto, el cual comprende varias formas. Algunos de ellos están bien constituidos y otros son pequeños y gráciles.

A la etapa siguiente de la evolución humana los evolucionistas la clasificaron como género "Homo", es decir, "hombre". Suponen que los seres vivientes en las series Homo están más desarrollados que los Australopitecos y no son muy distintos de los hombres actuales. Se dice que el ser humano de hoy día, es decir, el Homo sapiens, se ha formado en la última etapa de la evolución de este género.

Fósiles como el "Hombre de Java", el "Hombre de Pekín" y "Lucy", que aparecen en los medios de información de vez en cuando y se encuentran en las publicaciones y libros de texto evolucionistas, se incluyen en uno de los cuatro grupos mencionados al principio. Se asume también que dichos grupos se subdividen en especies y subespecies.

Algunas formas transitorias del pasado, como el Ramapiteco, tuvieron que ser excluidas del imaginario árbol genealógico después que se comprendió que se trataba de monos comunes.70

Para bosquejar los vínculos en la cadena " Australopiteco > Homo habilis > Homo erectus > Homo sapiens", los evolucionistas argumentan que cada uno de estos tipos es el antecesor del siguiente. Sin embargo, recientes descubrimientos de paleoantropólogos han revelado que los autralopitecinos, Homo habilis y Homo erectus existieron en distintas partes del mundo al mismo tiempo. Además, algunos de esos humanos clasificados como Homo erectus han vivido probablemente hasta hace muy poco. En un artículo del periódico Science titulado “El Ultimo Homo Erectus de Java: Potencialmente Contemporáneo con el Homo Sapiens del Sudeste Asiático”, se informa que el fósil de Homo erectus encontrado en Java tenía “una edad media de 27±2 a 43±4 mil años” y que ello “plantea la posibilidad de que el Homo erectus se haya sobrepuesto en el tiempo a los humanos anatómicamente modernos (Homo sapiens) en el sudeste asiático”.71

Por otra parte, está claro que el Homo sapiens neandertalense y el Homo sapiens sapiens (el ser humano actual) coexistieron. Esta situación indica aparentemente la invalidez del supuesto que uno es antecesor del otro.


En las dos ilustraciones a la izquierda se puede ver un A. aferensis. El cuadro de abajo retrata un A. boisei. Uno y otro son conjeturas totalmente imaginarias. En realidad, los australopitecinos son una especie de mono extinta.

Intrínsecamente, todos los descubrimientos e investigaciones científicas han revelado que los registros fósiles no sugieren un proceso evolutivo como el planteado por los evolucionistas. Los fósiles que los evolucionistas suponen son los ancestros de los seres humanos, en realidad pertenecen a distintas razas humanas o, en su defecto, a especies de monos. Entonces, ¿cuáles fósiles son de humanos y cuáles de monos? ¿Es posible que cualquiera de ellos sea considerado forma transitoria? Con el objeto de responder a estas preguntas veamos de modo más ajustado cada categoría.

Australopitecos: Una Especie de Monos

Australopiteco, que es la primera categoría, significa "mono del sur". Se asume que estas criaturas aparecieron primero en Africa, hace unos 4 millones de años y vivieron hasta hace 1 millón de años. Entre los australopitecinos  hay distintas especies. Los evolucionistas suponen que la especie Australopiteco más vieja es el A. afarensis. Después le sigue el A. africanus y a continuación viene el A. robustus, el cual tiene huesos, relativamente, más grandes. El llamado A. boisei es aceptado por algunos investigadores como una especie distinta, mientras que otros lo consideran una subespecie de A. robustus.

Todas las clases de Australopitecos son de monos extintos que se asemejan a los monos actuales. Sus volúmenes craneales son iguales o más pequeños que el de los chimpancés actuales. En manos y pies tienen salientes que usaban para trepar a los árboles al igual que los chimpancés de hoy día, y sus pies son hábiles para prenderse y mantenerse en las ramas de los árboles. Son de escasa altura (1,30 m. – 51 pulgadas, aproximadamente) y al igual que los actuales chimpancés, los machos son más grandes que las hembras. Muchas otras características, como las particularidades en los cráneos, la cercanía de ambos ojos, el molar agudo, la estructura maxilar, los brazos largos, las piernas cortas, son evidencias de que no diferían para nada del mono de hoy día.

Sin embargo, los evolucionistas suponen que aunque los australopitecinos tienen la anatomía de los monos, se diferenciaban de éstos al caminar erguidos como los humanos.

Esta suposición de un "caminar erguido" es algo que ha sido sostenido por paleoantropólogos, como Richard Leakey y Donald C. Johanson, durante decenios. No obstante muchos científicos estudiaron profundamente las estructuras de los esqueletos de los australopitecinos y probaron la invalidez de ese argumento. Dos anatomistas mundialmente conocidos, Lord Solly Zuckerman de Inglaterra y el Profesor Charles Oxnard de Norteamérica, realizaron prolongadas investigaciones sobre varios ejemplares de Australopitecos y han hecho ver que los mismos no caminaban como los seres humanos. Después que Lord Zuckerman y su equipo de especialistas estudiaron los huesos de los fósiles durante 15 años, con la ayuda del gobierno británico, llegaron a la conclusión que los australopitecinos eran solamente una especie de mono común y que, de modo concluyente, no eran bípedos. Hay que tener en cuenta que Lord Zuckerman es evolucionista72 Charles E. Oxnard, otro evolucionista conocido por sus investigaciones sobre el tema, también vinculó la estructura del esqueleto de los australopitecinos con los orangutanes de hoy día73

Para decirlo con otras palabras, los australopitecinos no tienen ningún vínculo con los humanos y se trata simplemente de una especie de monos extinta.

El hecho de que el Australopiteco no pueda ser considerado antecesor del ser  humano, también es aceptado por las fuentes evolucionistas. La renombrada revista Science et Vie habla de ello en su edición de Mayo de 1999. Escribe sobre Lucy, el conocido ejemplar fósil de Australopiteco aferensis, bajo el título “Adiós Lucy”. Se refiere a la necesidad de sacar al Australopiteco del árbol genealógico humano. Basándose en el descubrimiento de un nuevo Australopiteco, clasificado ST W 573, expresó:

“Una nueva teoría dice que el género Australopiteco no es de la raza humana... Los resultados a los que arribó la única mujer autorizada a examinar a  ST W 573 son distintos de las teorías comunes sobre el antecesor de la humanidad: esto destruye el árbol genealógico homínido. Grandes primates, considerados los antecesores del hombre, han sido sacados de la ecuación de este árbol genealógico... Las especies Australopiteco y Homo (ser humano) no aparecen en la misma rama. Se espera aún que sean encontrados los antecesores directos del ser humano”. (Isabelle Bourdial, “Adieu Lucy”, Science et Vie, Mayo de 1999, Nº 980, pp. 52-62). 

Homo Habilis: El Mono Que Fue Presentado Como Ser Humano

La gran similitud entre las estructuras del cráneo y del esqueleto de los australopitecinos  y los chimpancés, y la refutación de la pretensión de que los primeros caminaban erguidos, provocó grandes inconvenientes a los paleoantropólogos evolucionistas. La razón de ello está en que de acuerdo al esquema evolucionista imaginario el Homo erectus viene a aparecer a continuación del Australopiteco. Como el prefijo "homo" significa "hombre", ello implica que el Homo erectus es una especie humana y por lo tanto su esqueleto debe ser erguido. El volumen craneal de éste es dos veces más grande que el de los Australopitecos. Una transición de éstos –que se asemejan a los chimpancés– al Homo erectus, que posee un esqueleto sin ninguna diferencia con el ser humano actual, es algo imposible y fuera de discusión, incluso para la teoría de la evolución. Por lo tanto hacen falta los "vínculos" o "formas transitorias". El concepto de Homo habilis surge de dicha necesidad.

Australopiteco Aferensis: Un Mono Extinto

 


Este es un fósil descubierto en Hadar (Etiopía) y se supone que es el primero encontrado de la especie Australopiteco aferensis: AL 288-1 o “Lucy”. Los evolucionistas discutieron durante mucho tiempo para demostrar que Lucy podía caminar erguida. Pero las últimas investigaciones han establecido definidamente que se trataba de un mono común con caminar inclinado.

 


El fósil AL 333-105 de un Australopiteco aferensis que vemos abajo, corresponde a un  miembro joven de esta especie. Es por eso que aún no se ha formado la protrusión en su cráneo.

 


AUSTRALOPITECO-CHIMPANCE DE LA ACTUALIDAD

 

Arriba vemos el cráneo fosilizado del Australopiteco aferensis AL 444-2. Abajo tenemos el cráneo de un mono contemporáneo. Las obvias similitudes  verifican que el A. aferensis es una especie de mono común sin ningún rasgo propio de los humanos.

 

La clasificación de Homo habilis fue presentada en el decenio de 1960 por toda la familia Leakey, "cazadora de fósiles". De acuerdo a los Leakey, esta nueva especie que clasificaron como Homo habilis, tenía una capacidad craneal relativamente grande así como la disposición para caminar erguida y usar herramientas de madera y de piedra. Por lo tanto podía haber sido el ancestro del hombre.

Nuevos fósiles de la misma especie desenterrados a finales del decenio de 1980 hizo cambiar la perspectiva anterior. Algunos investigadores como Bernard Wood y C. Loring Brace, quienes se basaron en los fósiles recién hallados, dijeron que el Homo habilis, que significa "hombre hábil, es decir, hombre capaz de usar herramientas", debería ser clasificado como Australopiteco habilis, que significa "mono hábil del sur", porque el Homo habilis tenía un montón de características en común con los monos llamados australopitecinos. Tenían brazos largos, piernas cortas y una estructura del esqueleto parecida a la de los Australopitecos. Los dedos de las manos y de los pies eran apropiados para trepar. Su mandíbula resultaba muy similar a la de los monos actuales. Los 600 cc de volumen craneal promedio es el mejor indicio de que se trataba de monos. En resumen, el Homo habilis, que fue presentado como una especie distinta por algunos evolucionistas, en realidad era una especie de mono igual a todos los otros australopitecinos.

Homo Habilis: Otro Mono Extinto

Los evolucionistas argumentaron durante mucho tiempo que la criatura a la que denominaron Homo habilis podía caminar erguida. Creyeron que habían encontrado el vínculo entre el mono y el ser humano. No obstante, el nuevo ejemplar desenterrado por Tim White  en 1986 y llamado OH 62, desaprobó esa creencia. Estos fragmentos fosilizados muestran que el Homo habilis tenía brazos largos y piernas cortas, igual que los monos contemporáneos. Estos restos pusieron fin al supuesto de que el Homo habilis era un ser bípedo capaz de caminar erguido. En verdad, no se trataba más que de otra especie de mono.

El fósil de “Homo habilis OH 7”, que se ve a la derecha, es el que mejor define los rasgos  de la mandíbula de dicha especie. Posee grandes dientes incisivos. Los molares son pequeños. La forma de la mandíbula es cuadrada. Todas estas características la presentan muy similar a la de los monos de la actualidad. En otras palabras, la mandíbula del Homo habilis confirma, una vez más, que esta criatura se trata realmente de un mono.

Investigaciones realizadas durante años después del trabajo de Brace, demostraron que el Homo habilis no tenía ninguna diferencia con los australopitecinos. El cráneo y el esqueleto fósiles OH62 encontrados por Tim White, mostraban que esta especie tenía un volumen craneal pequeño, brazos largos y piernas cortas que le permitían trepar a los árboles igual que los monos actuales.

El análisis detallado conducido por la antropóloga norteamericana Holly Smith en 1994, indicó que el Homo habilis no era "homo" o, dicho con otras palabras, no era "humano" sino un tipo inequívoco de "mono". Smith dijo lo siguiente acerca del análisis realizado sobre los dientes de los Australopitecos, de los Homo habilis, de los Homo erectus y de los Homo neandertalensis:

“Análisis circunscriptos de ejemplares de fósiles que satisfacen estos criterios, exhiben en los gráciles Australopitecos y Homo habilis pautas de desarrollo dental que los coloca en la clasificación de los monos africanos. Los mismos análisis en los Homo erectus y Neandertales clasifica a éstos con los humanos”74

Ese mismo año, Fred Spoor, Bernard Wood y Frans Zooneveld, todos especialistas en anatomía, llegaron a las mismas conclusiones a través de un método totalmente distinto que se basaba en el análisis comparativo de los canales semicirculares del oído interno de los humanos y de los monos. Dichos canales hacen al equilibrio. Y concluyeron que:

“Entre los fósiles homínidos, la primera especie que demuestra la morfología humana moderna es el Homo erectus. En contraste, las dimensiones del canal semicircular atribuido a un Australopiteco del sur de Africa, se asemejan a la de los grandes monos vivientes” 75

Esta misma gente también estudió un ejemplar de Homo STW 53 y encontró que tenía un comportamiento menos bípedo que los australopitecinos, lo cual significa  que el Homo habilis era más parecido a un mono que la especie Australopiteco. Por lo tanto, concluyó que resultaba imposible que el STW 53 represente algo intermedio entre las morfologías vistas de los australopitecinos y los Homos erectus.

Este descubrimiento conlleva dos conclusiones importantes:

1.- Los fósiles del Homo habilis no pertenecían, en realidad, al género "Homo", es decir, a los humanos, sino a los australopitecinos, es decir, al de los monos.

2.- Tanto los Homo habilis como los Australopitecos fueron criaturas que caminaban inclinados hacia adelante, es decir, poseían esqueletos de mono. No tenían relación de ningún tipo con el ser humano.

Homo Rudolfensis: Una Cara Mal Ensamblada


Resultados del Análisis del Oído Interno:
NO HUBO NINGUNA TRANSICION DEL MONO AL SER HUMANO
El análisis comparativo de los canales semicirculares del oído interno de los seres humanos y de los monos ha demostrado que las criaturas que se
suponen antecesores de los primeros eran en realidad verdaderos monos comunes. El Australopiteco y el Homo habilis tienen los canales del oído interno de los monos, mientras que el Homo erectus tiene el canal del oído interno de los seres
humanos.

El término Homo rudolfensis es el nombre dado a unos pocos fragmentos fósiles desenterrados en 1972. Se los llamó así porque fueron encontrados cerca del lago Rudolf en Kenya. La mayoría de los paleoantropólogos aceptan que dichos fósiles no pertenecían a una especie distinta y no se distinguían para nada del Homo habilis.

Richard Leakey, quien desenterró los fragmentos, presentó el cráneo –al que se denominó "KNM-ER 1470" y se le consideró una edad de 2,8 millones de años– y dijo que era el más grande descubrimiento en la historia de la antropología. Según Leakey, esta criatura que tenía un volumen craneal pequeño como el Australopiteco y rostro humano similar al nuestro, era el eslabón perdido entre el Australopiteco y el ser humano. Así y todo, poco tiempo después se iba a comprender que el rostro tipo humano del cráneo KNM-ER 1470 que apareció frecuentemente en la tapa de las revistas científicas, era el resultado de un ensamblado anormal de los fragmentos hallados, cosa que pudo ser deliberada. El profesor Tim Bromage hizo estudios sobre la anatomía del rostro e informó lo siguiente con la ayuda de simulación por computadora en 1992: 

“Cuando (el KNM-ER 1470) fue reconstruido por primera vez, la frente fue ajustada al cráneo en una posición casi vertical, de manera muy parecida a la que exhiben los rostros planos humanos modernos. Pero estudios recientes de las relaciones anatómicas muestran que en vida el rostro debe haber sobresalido considerablemente, dándole un aspecto de mono, como los rostros de los Australopitecos” 76

El paleoantropólogo evolucionista J. E. Cronin dice lo siguiente al respecto:

“… su rostro vigoroso, la clivus naso-alveolar achatada (recordando los rostros cóncavos de los australopitecinos), la reducida amplitud craneal máxima (en los temporales), el canino pronunciado y los grandes molares (como lo indican los restos de las raíces), son todos rasgos relativamente primitivos que emparentan (coligan) el ejemplar con miembros del taxon Australopiteco africanus”77

C. Loring Brace de la Universidad de Michigan llegó a la misma conclusión como resultado de los análisis que hizo sobre la estructura maxilar y los dientes del cráneo 1470 y dijo que el tamaño del paladar y la expansión del área que contenía los molares exhibían que ER 1470 tenía exactamente el rostro y los dientes del Australopiteco . 78

El profesor Alan Walker, paleoantropólogo de la Universidad John Hopkins, quien había investigado tanto como Leakey, mantiene que esta criatura no debería ser clasificada como un miembro de "Homo", es decir, como una especie humana, sino incluida en el género Australopiteco.79

En resumen, las clasificaciones como Homo habilis u Homo rudolfensis, presentadas como vínculos transitorios entre los australopitecinos y el Homo erectus, son totalmente imaginarias. Muchos investigadores de la actualidad han confirmado que esas criaturas son miembros de la serie Australopiteco. Todos sus rasgos anatómicos revelan que ambas son especies de monos.

Además, este hecho fue establecido por Bernard Wood y Mark Collard, antropólogos evolucionistas que publicaron una investigación en la revista Science en 1999. Explicaron que los grupos taxonómicos Homo habilis y Homo rudolfensis (cráneo 1470) son imaginarios y que los fósiles asignados a esas categorías deberían ser considerados en el género Australopiteco:

“Más recientemente, sobre la base de la medida absoluta del cerebro, de inferencias sobre la capacidad idiomática y formación de la mano y la explicación o interpretación de acciones pasadas acerca de su habilidad para modelar herramientas de piedra, se han asignado a Homo algunas especies fósiles. Con muy pocas excepciones, la definición y uso del género en lo que hace a la evolución humana y a la demarcación de Homo, han sido tratados como si no hubiese ningún problema. Pero... datos recientes, nuevas interpretaciones de la evidencia existente y la limitación de los registros paleoantropológicos invalidan los criterios existentes,  de atribuir un grupo taxonómico al Homo.

... en la práctica, especies fósiles homínidas son asignadas a Homo sobre la base de uno o más de cuatro criterios... Sin embargo, ahora resulta evidente que ninguno de esos criterios es satisfactorio. El Rubicón (o punto de no retorno) cerebral es problemático porque la capacidad cerebral absoluta es cuestionable en lo que hace a la biología. Del mismo modo, hay evidencias que fuerzan a considerar que la función de comunicación oral (lenguaje) no puede ser inferida con precisión de la apariencia general del cerebro y que las partes de éste relacionadas con el lenguaje no están bien localizadas, como lo daban a entender estudios anteriores...

En otras palabras, el género Homo no resulta bueno si se le asignan los hipodigmos de Homo habilis y Homo rudolfensis. De ese modo, Homo habilis y Homo rudolfensis (u Homo habilis en el sentido lato para quienes no suscriben la subdivisión taxonómica de “primeros Homos”) deberían ser removidos de (la categoría) Homo. La alternativa taxonómica obvia, que es transferir uno o ambos del grupo taxonómico a uno de los primeros géneros homínidos existentes, también tiene sus problemas, pero nosotros recomendamos, por ahora, que Homo habilis y Homo rudolfensis sean transferidos al género Australopiteco”80

La conclusión de Wood y Collard corrobora lo que hemos mantenido aquí: en la historia no existen “los antecesores de los humanos primitivos”. Las criaturas que, se supone, lo serían, se trata en realidad de monos que deberían ser asignados al género Australopiteco. Los restos estudiados muestran que no hay ningún vínculo entre estos monos extintos y el Homo, es decir, la especie humana que aparece repentinamente en los registros fósiles.

Homo Erectus y lo Que Sigue: Los Reales Seres Humanos

Según el caprichoso esquema sugerido por los evolucionistas, la evolución del género Homo es la siguiente: Primero, el Homo erectus; luego el llamado Homo sapiens arcaico y el Neandertal (Homo sapiens neandertalis) y finalmente el Hombre de Cromañón. De todos modos ese tipo de clasificaciones son en realidad variaciones de una raza única en la familia humana. La diferencia entre ellos no es más grande que la diferencia entre un esquimal y un africano o un pigmeo y un europeo.

Examinemos primero el Homo erectus, al que se refieren como la especie humana más primitiva. El término "erectus" en "Homo erectus" significa "hombre que camina erguido". Los evolucionistas han tenido que separar estos fósiles de los primeros agregándoles la cualidad de "erectos", porque todos los fósiles Homo erectus disponibles están erguidos en un grado no observado en ninguna de las especies australopitecinos u Homo habilis. No hay ninguna diferencia entre el esqueleto postcraneal del ser humano actual y el del Homo erectus.

 

Marinos de Hace 700 Mil Años


 “Los primeros humanos eran mucho más hábiles de lo que creíamos...”
En el New Scientist del 14 de Marzo de 1998 nos cuentan que los humanos llamados por los evolucionistas Homo erectus, practicaban la marinería hace 700 mil años. Es bastante difícil llamarlos “primitivos” si tenemos en cuenta el elevado conocimiento y tecnología que poseían para construir naves y la capacidad para el transporte marítimo.

La razón primaria para que los evolucionistas definan al Homo erectus como "primitivo" es el volumen del cráneo (900-1100 cc) –más pequeño que el promedio de los seres humanos actuales– y la saliente del arco superciliar. Sin embargo, mucha gente que vive hoy día tiene el mismo volumen craneal que el Homo erectus (por ejemplo, los pigmeos), y otras el arco superciliar saliente (por ejemplo, los nativos australianos). 

Homo Erectus: Una Verdadera Raza Humana

Homo erectus significa “ser humano vertical”. Todos los fósiles incluidos en esta especie pertenecen a razas humanas. Dado que la mayoría de los fósiles de Homo erectus no tienen una característica común, es muy difícil definirlos según sus cráneos.  A eso se debe que distintos investigadores evolucionistas hayan hecho diferentes clasificaciones y designaciones. Abajo en la parte superior vemos un cráneo encontrado en 1975 en Koobi Fora (Africa), al que puede definirse generalmente como Homo erectus. Abajo en la parte inferior tenemos el cráneo de un Homo ergaster KNM-ER 3733, con cuestiones aún confusas.

La capacidad craneal de estos diversos fósiles de Homo erectus oscila entre 900 – 1100 cc. Estas cifras se ubican dentro de los límites de dicha capacidad en los seres humanos contemporáneos.

El esqueleto KNM-WT o Niño de Turkana se trata, probablemente, del más antiguo fósil humano encontrado. Según las investigaciones tendría 1,6 millones de años y perteneció a un niño de 12 años que tenía una altura de 1,80 metro. Resulta muy semejante a la raza Neandertal y es una de las evidencias más notables que invalida el cuento de la evolución humana.

El evolucionista Donald Johanson describe a este fósil así: “Era alto  y flaco. La forma de su cuerpo y la proporción de sus miembros resultan las mismas de los actuales africanos de la zona ecuatorial. Las medidas de sus miembros son totalmente iguales que la de los actuales blancos norteamericanos adultos” (Donald C. Johanson y M. A. Edey, Lucy: Los Comienzos de la Humanidad, New York: Simon y Schuster, 1981)

 


MASCARAS FALSAS:
Aunque los neandertales no se diferencian en nada de los seres humanos modernos, aún son descritos como semimonos por los evolucionistas.

Hay un acuerdo general en que las diferencias en los volúmenes craneales no denota necesariamente diferencias en la inteligencia o en las capacidades. La inteligencia depende de la organización interna del cerebro antes que de su volumen.81

Los fósiles que han hecho conocido en el mundo al Homo erectus son los del Hombre de Pekín  y Hombre de Java encontrados en Asia. De todos modos, se comprendió con el tiempo que ambos fósiles no eran dignos de confianza. El Hombre de Pekín consistía en algunos elementos hechos de yeso, cuyos originales se perdieron. El Hombre de Java está "compuesto" de un fragmento de cráneo y un hueso de la pelvis encontrado a unos metros de distancia del primero, sin ningún indicio que perteneciesen al mismo ser viviente. A eso se debe que los fósiles de Homo erectus encontrados en Africa ganaron una importancia creciente (Debería tenerse en cuenta que ciertos fósiles que se dijo eran Homo erectus, algunos evolucionistas los incluyeron bajo una segunda especie llamada "Homo ergaster". Entre ellos hay desacuerdos al respecto. Nosotros trataremos a todos estos fósiles bajo la clasificación de Homo erectus).

La clase más conocida de Homo erectus encontrada en Africa es el fósil "Narikotome Homo erectus" o "Muchacho de Turkana", que fue encontrado cerca del Lago Turkana en Kenya. Se confirmó que este fósil era de un muchacho de 12 años que habría tenido una altura de 1,83 metros en la adolescencia. La estructura vertical del esqueleto fósil no se diferencia en nada de la del hombre moderno. El paleoantropólogo norteamericano Alan Walker  dijo respecto al mismo que dudaba que “el término medio de los patólogos pudiesen decir cuáles eran las diferencias entre ese esqueleto fósil y el esqueleto del humano moderno”82 Respecto al cráneo, Walker escribió que se rió cuando lo vio porque “se lo apreciaba muy parecido a un Neandertal”.83

Como veremos en el próximo capítulo, los Neandertales son una raza humana. Por lo tanto el Homo erectus también es una raza humana.

Incluso el evolucionista Richard Leakey dice que las diferencias entre el Homo erectus y el hombre contemporáeno no son más que variaciones raciales:

“Uno debería ver también las diferencias en las formas del cráneo, en el grado de protrusión del rostro, en el vigor de las cejas, etc. Estas diferencias probablemente no son más pronunciadas que las que vemos hoy día entre las razas humanas alejadas geográficamente. Tales variaciones biológicas surgen cuando las poblaciones están apartadas geográficamente por una cantidad de tiempo significativa”84

El Profesor William Laughlin de la Universidad de Connecticut realizó extensos exámenes anatómicos de los esquimales y de la gente que vive en las Islas Aleutianas y advirtió que eran extraordinariamente similares al Homo erectus. Laughlin concluyó que todas esas razas, en realidad, eran distintas variedades de Homo sapiens (hombre de hoy día).

“Cuando consideramos las vastas diferencias que existen entre grupos muy alejados,  como los esquimales y los bosquimanos, que pertenecen a la misma especie de Homo sapiens, parece justificable concluir que el sinantropo (un espécimen  erectus) se incluye en esa misma variedad”.85

Hoy día se ve más pronunciadamente en la comunidad científica que el Homo erectus es un grupo taxonómico superfluo y que los fósiles que se le adscriben, en verdad, no se diferencian del Homo sapiens como para ser considerado una especie distinta. En American Scientist esta discusión y la conferencia tenida en la materia en el 2000 fueron resumidas así:

“La mayoría de los participantes en la conferencia de Senckenberg se sumergieron en un acalorado debate sobre la verdad del grupo taxonómico del Homo erectus, debido a las intervenciones de Milford Wolpoff de la Universidad de Michigan, Alan Thorne de la Universidad de Canberra y sus colegas. Argumentaron que el Homo erectus no era para nada una especie y que debía ser eliminado de esa categoría. Dijeron que todos los miembros del género Homo, desde hace unos 2 millones de años hasta la actualidad, eran especies muy variables y ampliamente esparcidas de Homo sapiens, sin ninguna subdivisión. El tema de la conferencia, es decir, el Homo erectus, no se trató para nada”86

Neandertales: Gente Vigoroza

 

A la izquierda vemos un Homo sapiens Nenandertalensis encontrado en Israel. Al Neandertal se lo conoce por ser robusto aunque de baja estatura. De cualquier manera, se estima que este fósil perteneció a una persona con una altura de 1,80 metros. Nunca se vio una capacidad craneal como ésta: 1.740 cc.   Todo esto motiva que se encuentre entre las piezas fósiles más importantes que evidencian definidamente (que eran seres humanos), con lo que se destruye la suposición que el Neandertal fuera una especie primitiva.

 

La conclusión alcanzada por los científicos al defender la tesis antes mencionada, se puede resumir de la siguiente manera: “La especie Homo erectus no es distinta de la Homo sapiens sino más bien una raza dentro de Homo sapiens”.

 Por otra parte, hay un gran vacío entre el Homo erectus, una raza humana, y los monos que le antecedieron en el escenario de la "evolución humana" (Australopiteco, Homo habilis, Homo rudolfensis). Esto significa que los primeros hombres aparecieron en los registros fósiles de modo repentino sin ninguna historia evolutiva. No puede haber ningún indicio más claro de que fueron creados.

No obstante, admitir este hecho va totalmente contra la filosofía dogmática y la ideología de los evolucionistas. En consecuencia, intentan retratar al Homo erectus, verdaderamente una raza humana, como una raza medio simiesca. En sus reconstrucciones del Homo erectus lo dibujaron porfiadamente con rasgos simiescos. Por otra parte, con métodos similares de dibujo, humanizaron a monos como el Australopiteco o el Homo habilis. Con ese procedimiento buscan "aproximar" los monos y los seres humanos y cerrar al hueco entre esas dos clases distintas de vivientes.

Neandertales

Los Neandertales fueron seres humanos que aparecieron repentinamente hace 100 mil años en Europa y fueron asimilados, mezclándose con otras razas, o desaparecieron silenciosa pero rápidamente hace 35 mil años. La única diferencia que tenían con el ser humano de hoy día estaba en el esqueleto, pues el de ellos era más vigoroso, con un volumen craneal levemente más grande.

Los Neandertales eran una raza humana, hecho que es admitido hoy día prácticamente por todos. Los evolucionistas se esforzaron al máximo por presentarlos como "una especie primitiva", aunque todos los descubrimientos indican que no diferían en nada de un ser humano "robusto" que camine por la calle actualmente. Una autoridad prominente en la materia, Erik Trinkaus, paleoantropólogo de la Universidad de Nueva Méjico, escribe:

“Comparaciones detalladas de los esqueletos del Neandertal y del ser humano moderno han expuesto que no hay nada en la anatomía del primero que indique de manera concluyente capacidades locomotoras, de manipulación, intelectual o lingüística inferiores que la del segundo”87

Muchos investigadores contemporáneos definen al hombre de Neandertal como una subespecie del ser humano actual y lo llaman "Homo sapiens neandertalensis". Los descubrimientos testifican que enterraban a sus muertos, modelaban instrumentos musicales y tenían afinidad cultural con los Homo sapiens sapiens que vivían en el mismo período. Para expresarlo con precisión, los Neandertales son una raza humana "vigorosa" que, simplemente, desapareció con el tiempo.

Homo Sapiens Arcaico, Homo Heilderbergensis

El Homo sapiens arcaico es el último paso antes del ser humano contemporáneo en el esquema evolucionista imaginario. En realidad, los evolucionistas no tienen mucho que decir acerca de esos fósiles, dado que las diferencias entre aquellos y los seres humanos actuales son mínimas. Incluso, algunos investigadores dicen que aún viven representantes de esa raza y señalan a los nativos de Australia como un ejemplo. Estos, igual que el Homo sapiens (arcaico), también tienen una gruesa saliente en las cejas, una estructura maxilar inclinada hacia adentro y un volumen craneal levemente más pequeño.

El grupo caracterizado como Homo heilderbergensis, en la literatura evolucionista, es en realidad igual que el Homo sapiens arcaico. La razón por la que se usan dos términos distintos para definir el mismo tipo racial humano reside en las diferencias entre los evolucionistas. Todos los fósiles incluidos bajo la clasificación  Homo heilderbergensis sugieren que estas personas, que resultaban anatómicamente muy similares a los europeos modernos, vivieron 500 mil e incluso 740 mil años antes, primero en Inglaterra y después en España.

Se estima que el Hombre de Cromañón vivió hace 30 mil años. Tenía el cráneo abovedado, la frente ancha, el volumen craneal de 1600 cc –por encima del promedio del ser humano contemporáneo–, gruesas salientes en las cejas y una saliente ósea en la espalda, característica ésta tanto del Neandertal como del Homo erectus.

Aunque al Hombre de Cromañón se lo considera una raza europea, la estructura y volumen del cráneo se ven mucho más como los de algunas razas que viven actualmente en Africa y en los trópicos. Apoyándose en esta similitud, se estima que el Cromañón era una raza africana arcaica. Otros descubrimientos en el campo de la paleoantropología han señalado que los Cromañones y los Neandertales se mezclaron entre sí y pusieron el fundamento para las razas actuales.

En síntesis, ninguno de ellos fueron “especies primitivas” sino distintos seres humanos que vivieron en los primeros tiempos y se asimilaron y mezclaron entre sí o se extinguieron.

Especies Que Vivieron en la Misma Epoca Que Sus Ancestros


UNA AGUJA DE 26.000 AÑOS DE ANTIGÜEDAD
Un interesante fósil enseña que los neandertales tenían conocimiento de costura: una aguja de hace 26.000 años (D. Johanson, B. Edgar, “De Lucy al Lenguaje”, p. 99)

Lo que investigamos hasta ahora, según nuestra forma de ver, modela una resultante muy clara: el escenario de la "evolución humana" resulta una mentira total. Para que exista un árbol genealógico así, debería haber ocurrido una evolución gradual desde el mono al ser humano y se tendrían que haber encontrado los registros fósiles de este proceso. Sin embargo, hay un gran vacío entre los monos y los seres humanos. Las estructuras de los esqueletos, los volúmenes craneales y criterios como el de caminar erguido o inclinado, indican diferencias definidas entre los humanos y los monos. (Mencionamos antes que en función de una investigación realizada en 1994 sobre el oído interno, el Australopiteco y el Homo habilis fueron reclasificados como monos, mientras que el Homo erectus fue reclasificado como humano).

La prueba de que no puede haber ningún árbol genealógico entre esas especies diferentes es el haberse descubierto que aunque presentadas como antecesores de otras, en realidad coexistieron. Si, como pretenden los evolucionistas, el Australopiteco cambió a Homo habilis, y éste a su vez a Homo erectus, deberían haber vivido en eras correlativas. Sin embargo, ese orden cronológico no se observa en los restos fósiles.

De acuerdo a las estimaciones de los evolucionistas, los Australopitecos vivieron desde hace 4 millones de años hasta hace 1 millón de años. Seres clasificados como Homo habilis, por otra parte, se piensa que han vivido hasta hace 1,7-1,9 millones de años. ¡El Homo rudolfensis, que se dice ha sido más "avanzado" que el Homo habilis, se sabe que tiene 2,5-2,8 millones de años! Es decir, el Homo rudolfensis es aproximadamente un millón de años más antiguo que el Homo habilis, su supuesto “antecesor”. Por otra parte, se calcula que el Homo erectus se presenta hace 1,6-1,8 millones de años, lo cual significa que esta clase apareció sobre la Tierra en el mismo período que aquel que es considerado su supuesto antecesor, el Homo habilis.

Alan Walker confirma este hecho al decir que “hay evidencias en Africa oriental de la existencia de individuos Australopitecos pequeños y tardíos, contemporáneos primero con el Homo habilis y luego con el Homo erectus. 88 Louis Leakey ha encontrado fósiles de Australopitecos, Homo habilis y Homo erectus muy cerca entre sí en la región Olduvai Gorge, (Tanzania), en el II estrato del yacimiento”.89

Definidamente no existe ningún árbol genealógico entre ellos. Un paleontólogo de la Universidad de Harvard, Stephen Jay Gould, explica este desacuerdo insuperable de la evolución, aunque él mismo es evolucionista:

“¿En qué queda nuestra escala si coexisten tres linajes de homínidos (el Australopiteco africanus, el fornido Australopiteco y el Homo habilis) sin que ninguno de ellos derive claramente del otro? Además, ninguno de los tres pone de manifiesto alguna inclinación evolucionista durante su estadía en la superficie terrestre”.90

Cuando pasamos del Homo erectus al Homo sapiens, vemos de nuevo que  no hay ningún árbol genealógico del que hablar. Existen evidencias que indican que el Homo erectus y el Homo sapiens arcaico continuaron viviendo hasta hace unos 27 mil años y 10 mil años respectivamente. En el pantano Kow de Australia se encontraron cráneos de Homo erectus de hace unos 13 mil años. En la Isla de Java se encontró un cráneo de Homo erectus que tenía 27 mil años.91

La Historia Secreta Del Homo Sapiens


Uno de los periódicos más populares de la literatura evolucionista, Discover, puso en la página de cubierta una cara humana de 800 mil años de antigüedad con una pregunta a los evolucionistas: "¿Es este el rostro de nuestro pasado?"

El hecho más interesante y significativo que anula la propia base del árbol genealógico imaginario de la teoría de la evolución es la irrecusable historia antigua del ser humano actual. Los datos de la paleoantropología revelan que el Homo sapiens, que se parecía exactamente a nosotros, vivió en el entorno de hace un millón de años.

Fue Louis Leakey, el conocido paleoantropólogo evolucionista, el descubridor de los primeros elementos en la materia. En 1932, en la región de Kanjera, cerca del Lago Victoria en Kenya, encontró varios fósiles que pertenecían al Pleistoceno Medio, los cuales no tenían ninguna diferencia con el ser humano de hoy día. Y esa época significa un millón de años atrás 92 Dado que este descubrimiento puso al árbol genealógico evolutivo patas para arriba, fue despreciado por algunos colegas darwinistas. No obstante Leakey siempre sostuvo que sus estimaciones resultaban correctas.

Cuando esta controversia estaba por ser olvidada, un fósil desenterrado en España en 1995 reveló de una manera notoria que la historia del Homo sapiens era mucho más antigua que la asumida. El fósil en cuestión fue descubierto en una cueva llamada Gran Dolina en la región de Atapuerca (Burgos) por tres paleoantropólogos españoles de la Universidad de Madrid. El fósil reveló  la cara de un muchacho de 11 años y se presentaba totalmente como la de los seres humanos de la actualidad. Se calculó que había muerto hacía 800 mil años. La revista Discover presentó la historia pormenorizada en su número de Diciembre de 1997.

El fósil hizo vacilar las convicciones de Juan Luis Arsuaga Ferreras, director de las excavaciones de Gran Dolina, quien dijo:

“Esperábamos algo grande, algo voluminoso, algo pomposo… ustedes saben, algo 'primitivo'. Nuestra probabilidad de encontrar un muchacho de 800 mil años era la de hallar algo como el Niño de Turkana. Y lo que encontramos fue una cara totalmente moderna… Para mí ésto es lo más espectacular. Este es el tipo de cosas que te hacen vacilar, (es decir), el descubrimiento de algo totalmente inesperado como ésto. No me refiero al descubrimiento de fósiles; que también es algo inesperado y bueno. Lo más espectacular es encontrar en el pasado algo que pensabas pertenecía al presente. Es algo así como encontrar… una cinta de grabación magnética en Gran Dolina. Sería muy sorprendente. No contamos con encontrar casetes y cintas de grabar en el Pleistoceno Inferior. Descubrir una cara moderna de hace 800 mil años allí es lo mismo. Nos sorprendimos mucho cuando la vimos”93

El fósil puso de relieve que la historia del Homo sapiens tenía que extenderse hacia atrás 800 mil años. Después de recuperarse de la impresión inicial, los evolucionistas que descubrieron el fósil decidieron que pertenecía a una especie diferente porque según el árbol genealógico evolutivo hace 800 mil años no existía ningún Homo sapiens. Por lo tanto construyeron una especie imaginaria llamada el "antecesor del Homo" e incluyeron el cráneo de Atapuerca bajo esa clasificación.

Una Choza de Hace 1.700.000 Años


Los restos de una choza de 1,7 millones de años de antigüedad se ven muy parecidos a las chozas usadas hoy día por algunos africanos.

Ha habido muchos descubrimientos que datan al Homo sapiens, incluso, con anterioridad a los 800 mil años. Uno de ellos fue el hecho por Louis Leakley a principios de 1970 en Olduvai Gorge. Allí, en el segundo estrato del yacimiento, descubrió que hubo una coexistencia entre las especies Australopiteco, Homo habilis y Homo erectus. Pero resultó más interesante una estructura que encontró en el mismo yacimiento y estrato: los restos de una choza de piedra. El aspecto llamativo era que dicha construcción, que aún se usa en algunas partes de Africa, ¡podía ser erigida solamente por el Homo sapiens! De ese modo, de acuerdo con el descubrimiento de Leakey, el Australopiteco, el Homo habilis, el Homo erectus y el ser humano actual deben haber coexistido hace aproximadamente 1,7 millones de años.94 Este hallazgo seguramente debe invalidar la teoría de la evolución que pretende que el ser humano de nuestros días evolucionó desde alguna especie de mono como el Australopiteco.

¡Pisadas de Un Ser Humano Moderno de 3.600.000 de Años de Antigüedad!

En realidad, algunos otros descubrimientos también remontan los orígenes del ser humano a 1,7 millones de años o más. Uno de ellos constituye las pisadas humanas en Laetoli (Tanzania) encontradas por Mary Laekey en 1977. Se calculó en 3,6 millones de años de antigüedad el estrato en que se ubican las pisadas, pero lo más importante es que esas huellas no difieren en nada de las de un ser humano contemporáneo. 

Esas impresiones fueron examinadas después por una serie de conocidos paleoantropólogos, como Donald Johanson y Tim White. Llegaron a la misma conclusión. Escribe White:

“No hay ningún error al respecto… Son iguales a las huellas de los seres humanos modernos. Si (una de esas huellas) hubiese sido hecha en la arena de la playa de California y se le preguntara a un chico de cuatro años qué es eso, diría inmediatamente que alguien anduvo caminando por allí. Sería incapaz de distinguir esa pisada de otras cientos marcadas en la playa, cosa que tampoco podría hacer usted”.95


Las pisadas de Laetoli, hechas hace millones de años, son las mismas que las de un humano de la actualidad.

Después de examinar las huellas, Louis Robbins, de la Universidad de Carolina del Norte, hizo el siguiente comentario:

"El arco está elevado –los individuos más pequeños tenían un arco más alto–, el dedo grande del pie es amplio y está alineado con el segundo dedo… Los dedos se prenden al suelo como los de los humanos. Esto no se ve en otras formas animales”.96

Exámenes de la morfología de las pisadas mostraron repetidamente que tenían que ser aceptadas como impresiones humanas y, más aún, de un ser humano como nosotros (Homo sapiens). Russell Tuttle, quien las examinó, escribió: 

“Las pudo haber hecho un Homo sapiens pequeño que iba descalzo… En todos sus rasgos morfológicos discernibles, los pies de los individuos que dejaron esos rastros no pueden distinguirse de pies de humanos modernos”97

Estudios imparciales revelaron quiénes las hicieron. Se trata de veinte pisadas fosilizadas de un humano de nuestros días de 10 años y 27 pisadas de otro chico aún más joven. Ciertamente, eran gente como nosotros.


Una Mandíbula Humana de Hace 2,3 Millones de Años

Otro ejemplo que exhibe la invalidez del árbol familiar imaginario inventado por los evolucionistas: una mandíbula humana (Homo sapiens)  de hace 2,3 millones de años. Anotada como A. L. 666-1, fue desenterrada en Hadar (Etiopía).
Las publicaciones evolucionistas quieren darle relieve y se refieren a ella como “un descubrimiento muy sobrecogedor”... (D. Johanson, Blake Edgar, De Lucy al Idioma, p. 169)

Esta situación puso las pisadas de Laetoli en el centro de las discusiones durante años. Los paleoantropólogos evolucionistas intentaron desesperadamente encontrar una explicación en tanto les era difícil aceptar que un hombre como ellos hubiese caminado sobre la Tierra hace 3,6 millones de años. Durante el decenio 1990 empezó a tomar forma la "explicación" de ese hecho. Los evolucionistas decidieron que correspondían a un Australopiteco porque, según la teoría en la que se basan, era improbable que existiese hace 3,5 millones de años una especie homo. Sin embargo Russell H. Tuttle escribió un artículo en 1990:

  “En resumen, los rastros de pisadas de 3,5 millones de años en el asiento 'G' de Laetoli se asemejan a los de humanos modernos que andan normalmente descalzos. Ninguno de sus rasgos sugiere que los homínidos de Laetoli fuesen bípedos menos capaces que nosotros. Si no se supiera que las huellas del asiento 'G' son tan antiguas, concluiríamos de buena gana que fueron hechas por un miembro de nuestro género, Homo... De todos modos, no deberíamos abandonar la idea de que fueron hechas por un pariente de Lucy, un Australopiteco afarensis”.98

Para decirlo de manera breve, esas impresiones de pies a las que se supone 3,6 millones de años de antigüedad, no podrían haber pertenecido a algún Australopiteco. La única razón por la que se pensó éso es que el estrato volcánico en el que se encontraron las huellas tenía esa edad, época en la que se asumió no podían haber vivido los humanos.

Estas interpretaciones de las huellas de Laetoli nos muestra una realidad muy importante: los evolucionistas no sostienen esa teoría en consideración de los descubrimientos científicos sino a pesar de ellos. Estamos frente a la defensa de una teoría de manera obcecada, sin importar a qué se recurra, pues se ignoran o distorsionan todos los nuevos hallazgos, con tal de salirse con la suya.

En síntesis, la teoría de la evolución no es científica sino un dogma que se mantiene vivo a pesar de las evidencias científicas.

El Andar Bípedo, Un Obstáculo Insalvable Para La Teoría De La Evolución


Investigaciones recientes revelan que es imposible para el esqueleto inclinado del mono, apropiado para el caminar cuadrúpedo, evolucionar y pasar a un esqueleto humano erguido, apropiado para el andar bípedo.

Además de los registros fósiles de los que nos ocupamos hasta ahora, hay importantes lagunas o brechas anatómicas entre los monos y los seres humanos, que invalidan la ficción de la evolución humana. Una de esas lagunas tiene que ver con la forma de caminar.

Los seres humanos caminan erguidos sobre sus dos pies. Realizan un tipo de movimiento muy especial no visto en ninguna otra especie mamífera. Algunos animales tienen una capacidad limitada para moverse cuando se paran sobre los pies traseros. Animales como los osos y los monos se mueven así raramente, como en los casos que quieren alcanzar una fuente de comida, y solamente por un tiempo breve. Normalmente sus esqueletos se inclinan hacia delante y andan sobre las cuatro patas.

Entonces, ¿ha evolucionado el andar bípedo a partir del paso cuadrúpedo de los monos, como suponen los evolucionistas?

Por supuesto que no. Las investigaciones han mostrado que nunca hubo tal evolución para el andar bípedo, ni es posible que haya ocurrido. En primer lugar, el andar bípedo no es una ventaja evolutiva. La forma en que se mueven los monos es mucho más fácil, más rápida y más efectiva que el paso o andar bípedo del ser humano, quien no puede saltar de árbol en árbol sin bajar a tierra, como el chimpancé, ni correr a 125 kms/h como una chita. Por el contrario, dado que el ser humano camina sobre los dos pies, se mueve mucho más lento en el suelo. Por la misma razón, en términos de movimiento y defensa, es una de las especies más expuestas en la naturaleza. De acuerdo a la lógica de la teoría de la evolución, los monos no deberían haber evolucionado para adoptar el andar bípedo: por el contrario, los humanos deberían haber evolucionado para volverse cuadrúpedos.

Otra dificultad irresoluble de la suposición evolucionista es que el andar bípedo no sirve al modelo darwinista de un "desarrollo gradual", modelo que constituye el fundamento del evolucionismo y requiere la existencia de un tranco o andar "mixto", entre el bípedo y el cuadrúpedo. Sin embargo, el paleoantropólogo inglés Robin Crompton demostró a través de una investigación por medio de computadoras, que dirigió en 1996, que no era posible esa forma de andar "mixta". Crompton llegó a la siguiente conclusión: un ser vivo puede caminar erguido o andar en cuatro patas.99 Es imposible un andar de tipo intermedio debido al intenso consumo de energía. Por eso mismo es imposible la existencia de un ser semibípedo.

El inmenso vacío o brecha entre el hombre y el mono no se limita solamente al andar bípedo. Quedan todavía muchas otras cosas sin explicación, como ser la capacidad del cerebro, la habilidad para conversar, etc. Elaine Morgan, paleoantropóloga evolucionista, hace la siguiente confesión en relación a esto:

“Cuatro de los misterios más relevantes acerca de los humanos son: 1) ¿Por qué caminan sobre dos piernas?; 2) ¿Por qué perdieron el pelaje?; 3) ¿Por qué desarrollaron cerebros tan grandes?; 4) ¿Por qué aprendieron a hablar?

Las respuestas ortodoxas a estas preguntas son: 1) Aún no lo sabemos; 2) Aún no lo sabemos; 3) Aún no lo sabemos; 4) Aún no lo sabemos. La lista de las preguntas puede alargarse significativamente sin que ello altere la monotonía de las respuestas”100

La Evolución: Una Fe No Científica


El mito de la evolución humana no se basa en ningún hallazgo científico. Representaciones como ésta no son más que expresión del profuso pensamiento imaginativo de los evolucionistas.

Lord Solly Zuckerman es uno de los científicos más conocido y respetado en Gran Bretaña. Estudió durante años los registros fósiles y condujo muchas investigaciones minuciosas. Fue elevado al grupo de la nobleza por sus contribuciones a las ciencias. Se trata de un evolucionista. Por lo tanto sus comentarios sobre la evolución no pueden ser considerados como una observación ignorante o prejuiciosa. Después de años de investigar los fósiles incluidos en el escenario de la evolución humana, llegó sin embargo a la conclusión de que, en verdad, no hay ningún árbol genealógico (que vaya de los monos a los humanos).

Zuckerman hizo también un interesante "espectrograma de la ciencia". Formó un espectro de las ciencias que va desde las consideradas científicas a las consideradas no científicas. Según el espectrograma de Zuckerman, las ciencias más "científicas" –es decir, las que dependen de datos de campo concretos– son la química y la física. Le siguen las ciencias biológicas y luego las sociales. Al final del espectro, considerada la parte menos científica, están ubicadas las llamadas de "percepción extrasensorial" –en las que entran la telepatía y el sexto sentido–, ocupando el último lugar "la evolución humana". Zuckerman explica su razonamiento:

“Pasamos inmediatamente al registro de la verdad objetiva en esos campos que se suponen de la ciencia biológica, como la percepción extrasensorial o la interpretación de la historia fósil del ser humano, donde para el que cree cualquier cosa es posible, e incluso donde el creyente vehemente es a veces capaz de creer al mismo tiempo varias cosas contradictorias”.101

Robert Locke, editor de la importante publicación sobre el origen del ser humano Discovering Archeology, escribe en éste periódico: “La investigación de los ancestros de los seres humanos produce más enojo que alegría”, y cita la confesión del conocido evolucionista y paleoantropólogo Tim White:

“Nos sentimos frustrados debido  a la cantidad de cosas que no hemos sido capaces de responder”.102

El artículo de Locke analiza el atolladero de la teoría de la evolución frente al origen de los seres humanos y la propaganda sin fundamentos esparcida sobre el tema:

“Posiblemente el área más litigiosa de la ciencia es la de la investigación sobre el origen de los seres humanos. La élite de los paleontólogos está en desacuerdo sobre los esbozos más básicos del árbol genealógico de la familia humana. Nuevas ramas crecen en medio de mucha pompa, sólo para marchitarse y morirse luego frente a nuevos hallazgos fósiles”.103

La misma realidad fue aceptada recientemente por Henry Gee, editor del conocido periódico Nature. En su libro Investigación de los Tiempos Remotos publicado en 1999, señala que según todas las evidencias respecto de la evolución humana “en lo que hace a una antigüedad de 5 a 10 millones de años, varias miles de generaciones de criaturas pueden meterse en una caja pequeña”. Concluye que las teorías convencionales sobre el origen y desarrollo de los seres humanos son una completa invención, moldeada según los prejuicios, y agrega:

“Tomar una línea de fósiles y suponer que representan un linaje no es una hipótesis erudita que pueda ser demostrada, sino una afirmación que tiene la misma validez que la de una historieta graciosa que puede llegar a ser instructiva pero no científica”.104

¿Cuál es entonces la razón que lleva a que muchos científicos sean tan testarudos respecto a este dogma? ¿Por qué se han estado esforzando tanto para mantener viva su teoría, a costa de tener que admitir incontables conflictos y renunciar a las evidencias (en contra) que han encontrado?

La única respuesta es el temor que sienten a lo que tendrían que enfrentar en caso de abandonar la teoría de la evolución: el hecho o la realidad de que el ser humano fue creado por Dios. Sin embargo, considerando lo que presumen y la filosofía materialista en la que creen, la Creación  es un concepto inaceptable para los evolucionistas.

Por esa razón se autoengañan y engañan al mundo valiéndose de los medios de comunicación con los cuales cooperan. Si no pueden encontrar los fósiles necesarios, los "fabrican", ya sea en la forma de descripciones imaginarias o modelos ficticios, e intentan dar la impresión de que realmente existieron fósiles que verifican la evolución. Algunos órganos informativos que comparten sus puntos de vista materialistas también intentan engañar al público e inculcar la fábula de la evolución en el subconsciente popular.

Sin importar la fuerza con que intenten todo lo dicho antes, la verdad es evidente: el ser humano no pasó a existir a través de un proceso evolutivo sino creado por Dios. Por lo tanto, el ser humano es responsable frente a El.

 
 
    
 

70. David Pilbeam, “El Ser Humano Perdió Su Antecesor Primitivo”, Science, Abril de 1982, pp. 6-7.
71. C. C. Swiser III, W. J. Rink, S. C. Antón, H. P. Schwarcz, G. H. Curtis, A. Suprijo, Widiasmoro, “El Ultimo Ser Humano Erecto de Java: Potencialmente Contemporáneo con el Homo sapiens del Sudeste Asiático”, Science, vol. 274, Nº 5294, Edición del 13/12/1966, pp. 1870-1874; ver también Jeffrey Kluger, “Después de Todo no tan Extinto: el Hombre Erectus Primitivo Pudo Haber Sobrevivido lo Suficiente Para Coexistir con los Seres Humanos Modernos”, Time, 23/12/1996.
72. Solly Zuckerman, Más Allá de la Torre de Marfil, N. York, Toplinger Pub., 1970, pp. 75-94..
73. Charles E. Oxnard, “El Lugar de los Australopitecinos en la Evolución Humana: Fundamentos para Dudar”, Nature, vol. 258, p. 389.
74. Holly Smith, Boletín Norteamericano de Antropología Física, vol. 94, 1994, pp. 307-325.  
75. Fred Spoor, Bernard Wood, Frans Zonneveld, “Las Implicancias de la Morfología Intrincada de los Primeros Homínidos para la Evolución de la Locomoción Humana Bípeda”, Nature, vol. 369, 23/6/1994, pp. 645-648.
76. Tim Bromage, New Scientist, vol. 133, 1992, pp. 38-41.
77. J. E. Cronin, N. T. Boaz, C. B. Stringer, Y. Rak, “Tiempo y Modo en la Evolución Homínida”, Nature, vol. 292, 1981, pp. 113-122.
78. C. L. Brace, H. Nelson, N. Korn, M. L. Brace, Atlas de la Evolución Humana, 2.b. N. York, Rinehart y Wilson, 1979.
79. Alan Walker, Scientific American, vol. 239 (2), 1978, p.54.
80. Bernard Wood, Mark Collard, “El Género Humano”, Science, vol. 284, Nº 5411, 2/4/1999, pp. 65-71.
81. Marvin Lubenow, Huesos de Contención, Grand Rapids, Baker, 1992, p. 83.
82. Boyce Rensberger, The Washington Post, 19/11/1984.
83. Idem.
84. Richard Leakey, La Formación de la Humanidad, Londres, Sphere Books, 1981, p. 62.
85. Marvin Lubenow, Huesos de Contención, Grand Rapids, Baker, 1992, p. 136.
86. Pat Shipman, “Dmanisi Incierto”, American Scientist, Noviembre-Diciembre de 2000, p. 491.
87. Eric Trinkaus, “Tiempos Difíciles Entre los Neandertales”, Natural History, vol. 87, diciembre de 1978, p. 10; R. L. Holloway, “El Cerebro del Neandertal: Lo Que Tenía de Primitivo”, Suplemento del Boletín Norteamericano de Antropología Física, vol. 12, 1991, p. 94.
88. Alan Walker, Science, vol. 207, 1980, p. 1103.
89. A. J. Kelso, Antropología Física, primera edición, N. York, J. B. Lipincott Co., 1970, p. 221; M. D. Leakey, Olduvai Gorge, vol. 3, Cambridge, Cambridge Univ. Press, 1971, p. 272.
90. S. J. Gould, “Historia Natural”, vol. 85, 1976, p. 30.
91. Time, noviembre de 1996.
92. L. S. B. Leakey, El Origen del Homo Sapiens, F. Borde, Paris, UNESCO, 1972, pp.25-29; L. S. B. Leakey, Por Medio de la Evidencia, Harcourt Brace Jovanovich, 1974.
93. “Este es el Rostro de Nuestro Pasado”, Discover, diciembre de 1997, pp. 97-100.
94. A. J. Kelso, Antropología Física, 1.b, 1970, p. 221; M. D. Leakey, Olduvai Gorge, vol. 3, Cambridge, Cambridge Univ. Press, 1971, p. 272.
95. Donald C. Johanson y M. A. Edy, Lucy: El Comienzo de la Humanidad, N. York, S. y Shuster, 1981, p. 250.
96. Science News, vol. 115, 1979, pp. 196-97.
97. Ian Anderson, New Scientist, vol. 98, 1983, p. 373.
98. Rusell H. Tuttle, “Historia Natural”, Marzo de 1990, pp. 61-64.
99. Ruth Henke, “Aufrecht aus den Baumen”, Focus, vol. 39, 1996, p. 178.
100. Elaine Morgan, The Scars of Evolution, N. York, Oxford Univ. Press, 1994, p. 5.
101. Solly Zuckerman, Más Allá de la Torre de Marfil, N. York, Toplinger Pub., 1970, p. 19.
102. Robert Locke, “Pugnas Familiares”, Discovering Archaeology, julio-agosto de 1999, pp. 36-39.
103. Idem.
104. Henry Gree, En Búsqueda del Tiempo: Después de los Registros Fósiles Hacia una Nueva Historia de la Vida, N. York, Free Press, 1999, pp. 126-127.