CAPITULO
I
EL DISEÑO MILAGROSO PARA EL VUELO DE LOS INSECTOS
Cuando
pensamos en el vuelo de los animales, es normal que nos venga a la mente
el de las aves. Sin embargo, no son las únicas criaturas con esa capacidad.
La mariposa Monarca lo hace desde América del Norte a América Central.
Las moscas y libélulas también pueden transitar el espacio aéreo.
Los evolucionistas sostienen que los insectos comenzaron a volar hace
trescientos millones de años. Sin embargo, no son capaces de proveer respuestas
satisfactorias a ciertas preguntas fundamentales. Por ejemplo, ¿cómo desarrollaron
las alas, volaron o se mantuvieron suspendidos en el aire los primeros
insectos?
Lo único que brindan como explicación es que algunas capas de piel del
cuerpo se habrían transformado en alas. Pero conscientes de que ese supuesto
es casi insostenible, aseveran que todavía no se han encontrado los especímenes
fósiles que lo verifiquen.
De cualquier manera, la delineación perfecta de las alas de los insectos
no deja lugar a las casualidades. Escribe el biólogo inglés Robin Wootton
en un artículo titulado El Diseño del Mecanismo de las Alas de los
Insectos:
Cuanto más entendemos el funcionamiento de
las alas de los insectos, más sutil y maravillosa se nos presenta su traza...
Por lo general tienen un diseño para deformarse lo mínimo posible y para
moverse de maneras específicas. Ambos aspectos están perfectamente integrados
y se valen de componentes con un alto grado de elasticidad, ensamblados
elegantemente para permitir ciertas torsiones en respuesta a tensiones
determinadas y hacer el mejor uso del aire. En la práctica no se puede
comparar con ninguna tecnología conocida4.
Es Dios, el Creador, el Hacedor, el Formador. Posee
los nombres más bellos. Lo que está en los cielos y en la tierra Le glorifica.
Es el Poderoso, el Sabio (Corán, 59:24)
Por otra parte, no existe ni una sola evidencia
fósil de la evolución imaginaria de los insectos. A eso se refiere el
zoólogo francés Pierre Paul Grassé: Estamos a oscuras respecto al
origen de los insectos5.
Examinemos ahora algunas de las características interesantes de estas
criaturas que dejan a los evolucionistas en una completa oscuridad.
La Inspiración para el Helicóptero: La Libélula
La libélula no puede plegar las alas a los costados como el resto de
los insectos. Además, la manera en que usa los músculos para moverlas
también es distinta. Los evolucionistas sostienen, debido a esas diferencias,
que las libélulas son "insectos primitivos".
Pero el sistema de vuelo de las mismas no tiene
nada de "primitivo". La compañía Sicorsky, líder en la fabricación de
helicópteros, diseñó uno tomándola como modelo6.
La compañía IBM, que asistió a Sicorsky en este proyecto, introdujo un
modelo de libélula en una computadora (IBM 3081). Fueron hechas dos mil
representaciones a partir de sus maniobras de vuelo y de allí salió el
prototipo resultante para el transporte de personal militar y artillería.
El fotógrafo de la naturaleza Gilles Martín realizó un estudio de dos
años sobre las libélulas y concluyó afirmando que poseen un sistema de
vuelo extremadamente complejo.
Los helicópteros Sikorsky fueron diseñados
imitando la traza y capacidad de maniobra perfectas de las libélulas. |
Su cuerpo se asemeja a una estructura helicoidal envuelta en metal. Dos
alas están dispuestas en forma cruzada sobre el cuerpo, el cual presenta
una variación de color que va del azul al marrón. Dicha estructura le
permite una maniobrabilidad extraordinaria. Puede detenerse y volar de
inmediato en la dirección opuesta a la del derrotero que traía, independientemente
de la velocidad de desplazamiento. Alternativamente, puede permanecer
suspendida en un punto en el aire y desde esa posición moverse rápidamente
para atrapar una presa. Si desea, acelera a una velocidad sorprendente
para un insecto: cuarenta kilómetros por hora --algo más que los atletas
que compiten en las Olimpiadas en los cien metros llanos--, velocidad
a la que choca contra su presa. Si bien el impacto es fuerte, posee una
"armadura" resistente y flexible que absorbe el golpe. Pero su víctima
queda generalmente herida o directamente no sobrevive al topetazo.
Después del choque las patas posteriores de la libélula pasan a ser armas
letales, pues con ellas captura a la presa y la despedaza, para consumirla
luego con sus mandíbulas poderosas.
Otra cosa sorprendente que posee es el órgano de la visión, aceptado
como paradigmático entre los insectos. Cuenta con un par de ojos semiesféricos
que le abarcan casi toda la cabeza y le proveen un campo visual muy amplio,
al punto de pasar a ser un ojo en la nuca. Cada uno de ellos consta de
unas treinta mil lentes distintas.
Si bien el mal funcionamiento de algún sistema de los que integran la
libélula afectará a los demás, el hecho es que todos actúan perfectamente
y por consiguiente el insecto vive.
Las Alas de la Libélula
La característica más significativa de la libélula está en sus alas.
Sin embargo, no es posible dilucidar por medio de un modelo de evolución
progresiva el mecanismo de vuelo que le permite usarlas. En primer lugar,
la teoría darwinista no puede explicar el origen de las alas porque éstas
sólo funcionan correctamente si se desarrollan en sincronía con el mecanismo
de vuelo.
Supongamos por un momento que los genes de un insecto terrestre sufren
una mutación y algunas partes del tejido de la piel presentan un cambio
azaroso. Sería absolutamente irrazonable suponer que otra mutación semejante
agregada a la ocurrida podría crear un ala por casualidad. Pero además
no sería beneficioso para el insecto, sino que disminuiría su movilidad:
tendría que soportar un peso extra, sin ningún propósito, que le pondría
en desventaja frente a sus rivales. Por consiguiente y de acuerdo con
los principios de la teoría de la evolución, debido a los impedimentos
se extinguiría por selección natural.
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La sustancia quitina, que aquí se presenta
con un color muy atractivo, cubre el cuerpo de los insectos y es
suficientemente fuerte como para hacer las veces de esqueleto.
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Pero las mutaciones ocurren muy raras veces. Siempre dañan a las criaturas
y las conducen a enfermedades mortales en la mayoría de los casos. Por
eso mismo es imposible que pequeñas mutaciones hayan creado en el cuerpo
de la libélula algo que evolucione y se convierta en un mecanismo de vuelo.
Aunque es absolutamente improbable, asumamos que el panorama sugerido
por los evolucionistas es real. En ese caso, ¿cómo es posible que no exista
el fósil de la libélula "primitiva" que daría sustento a ese escenario?
Pero lo que sí nos dice la realidad es que no hay ninguna diferencia
entre las estructuras de las libélulas más antiguas y las actuales. La
verdad es que no existen restos fósiles de "libélulas sin alas" o de "libélulas
con alas emergentes".
Al igual que el resto de las formas de vida, la libélula también apareció
sobre la Tierra repentinamente y no ha cambiado hasta el día de hoy. En
otras palabras, fue creada por Dios y nunca "evolucionó".
Las alas pueden operar hacia adelante y atrás, hacia arriba y abajo,
lo que se ve facilitado por una estructura compleja de las articulaciones
y lo apropiado del esqueleto, constituido por una sustancia resistente
y flexible llamada quitina que participa en los movimientos de los músculos
usados para volar. Tiene dos pares de alas, uno anterior y otro posterior,
que operan asincrónicamente. Es decir, mientras las dos alas frontales
ascienden, las posteriores descienden. Son movidas por dos grupos distintos
de músculos, los cuales están ligados a un sistema de palancas. De ese
modo, mientras un grupo mueve hacia arriba un par de alas por contracción,
el otro moviliza por acción refleja el segundo. Los helicópteros ascienden
y descienden usando una técnica similar. Este mecanismo permite a la libélula
revolotear, ir hacia atrás o cambiar rápidamente la dirección del vuelo.
Metamorfosis de la Libélula
Las libélulas hembras no se aparean de nuevo después de la fertilización.
Pero esto no resulta ningún impedimento a los ejemplares machos de la
especie Calopteryx Virgo. Valiéndose de un gancho que tienen en la cola
capturan a las hembras por el cuello (fig. 1). Estas envuelven sus patas
alrededor de la cola de los machos, quienes tienen una extensión especial
(fig. 2) con la que limpian cualquier resto posible de esperma dejado
por otro macho. A continuación inyectan su propio esperma en la cavidad
reproductiva de la hembra. Debido a que este proceso dura horas, a veces
las parejas vuelan apareadas. La hembra deja los huevos fertilizados en
la orilla de los estanques o superficies acuáticas (fig. 3). Una vez que
la crisálida o ninfa abandona el huevo, vive en el agua durante tres o
cuatro años (fig. 4). A lo largo de ese período se alimenta en el agua
(fig. 5). Por eso fue creada con un cuerpo capaz de nadar lo suficientemente
rápido con el objeto de atrapar presas y con mandíbulas capaces de desmembrarlas.
A medida que la ninfa crece, muda cuatro veces la cobertura del cuerpo,
la cual se fortifica y endurece. Cuando llega el momento del cambio final
deja el agua y comienza a trepar por las rocas o alguna planta (fig. 6).
Mientras lo hace se asegura de no caerse, pues significaría la muerte,
valiéndose de unas pinzas en sus patas.
Esta última fase difiere de las cuatro anteriores debido a que Dios transforma
a la larva en un animalito volador a través de un cambio magnífico. Primero
se le agrieta el dorso (fig. 7). La ranura se amplía y se convierte en
una abertura importante, a través de la cual puede salir una nueva criatura
totalmente distinta a la larva. El cuerpo nuevo, extremadamente frágil,
queda asegurado por medio de ligamentos muy transparentes y flexibles
de la criatura anterior (fig. 8). Sin los mismos la larva caería en el
agua y moriría.
La libélula posee también una serie de mecanismos especiales que le permiten
mudar la piel. El cuerpo "viejo" se estrecha y arruga. Luego se abre por
medio de un sistema especial que bombea un fluido del propio organismo
para "inflar" la estructura caduca (fig. 9). Mientras tanto, solventes
químicos comienzan a romper, sin producir daños, los ligamentos que atan
las patas nuevas con las viejas. Este proceso se desarrolla a la perfección,
pues sería fatal que, aunque más no sea, una de las patas nuevas no se
desprendiese correctamente. Estas adquieren la humedad apropiada y se
endurecen en el lapso de los veinte minutos siguientes.
Para entonces las alas están plegadas pero completamente desarrolladas.
El fluido mencionado antes es impulsado al tejido de las mismas a través
de firmes contracciones corporales (fig. 10). Disponen de un tiempo de
secado después de dilatarse por medio del fluido que se introdujo en ellas
(fig. 11).
La libélula pasa a controlar patas y alas luego de abandonar la carcasa
caduca y haberse secado apropiadamente. Estira las primeras que estaban
plegadas una por una, en tanto que a las segundas las mueve hacia arriba
y hacia abajo.
El insecto ya posee toda la delineación necesaria para desplazarse por
el aire. Es difícil creer que se trata de la misma oruga que había abandonado
el agua poco tiempo antes (fig. 12). La libélula expele el fluido remanente
para equilibrar el sistema. La metamorfosis queda completada y el insecto
está listo para volar.
Nuevamente nos encontramos frente a la negación de los supuestos evolucionistas
al razonar sobre esta maravillosa transformación que describimos. La teoría
darwinista pretende que todas las criaturas evolucionan a través de cambios
azarosos. Sin embargo, la metamorfosis de la libélula es un proceso tan
intrincado que no permite el mínimo margen de error en cada fase. El obstáculo
más pequeño lo impediría y eso llevaría al daño o muerte del insecto.
En verdad, se trata de un proceso de "complejidad irreductible": una evidencia
explícita de algo calculado, proyectado.
En resumen, la metamorfosis de la libélula es una de las innumerables
pruebas de la creación por parte de Dios de lo viviente, de una manera
totalmente adecuada. El arte maravilloso de Dios se manifiesta incluso
en un insecto.
Mecanismo de Vuelo
Las alas de las moscas vibran en función de las
señales eléctricas conducidas por los nervios. En la langosta de jardín
cada una de esas señales resulta en la contracción del músculo que mueve
las alas. Dos grupos opuestos de músculos, conocidos como "de elevación"
y "de descenso", permiten que las alas suban y bajen por medio de ejercer
tracciones en direcciones contrarias. Estas langostas mueven las alas
de doce a quince veces por segundo, mientras que insectos más pequeños
necesitan para volar una frecuencia más alta. Por ejemplo, las abejas
lo hacen de doscientas a cuatrocientas veces por segundo. Las mosquitas
pequeñas y algunos parásitos de un milímetro de longitud baten las alas
mil veces por segundo7, sin que se quemen, desgarren
o destruyan, lo cual es otra evidencia explícita de que fueron creados.
El batir de las alas en los insectos con un
sistema de doble balanceo es más lento. |
El observar de cerca a estas criaturas, multiplica nuestro aprecio por
su delineación.
Habíamos dicho que las alas son activadas por señales eléctricas conducidas
por los nervios. Pero una célula nerviosa es capaz de transmitir solamente
un máximo de doscientas señales por segundo. ¿Cómo es posible entonces
que los insectos pequeños puedan batir las alas mil veces por segundo?
Las moscas que aletean doscientas veces por segundo, emiten una señal
eléctrica cada diez aleteos y tienen músculos fibrosos, así como una relación
nervio-músculo, distintos a los de la langosta. Las señales mencionadas
sólo alertan a los músculos que se preparan para el vuelo y al llegar
a un cierto nivel de tensión, se relajan.
Las moscas, abejas y avispas poseen un sistema
que transforma el batir de las alas en movimientos "automáticos". Los
músculos que permiten el vuelo en estos insectos no están ligados directamente
al esqueleto. Las alas se acoplan al pecho con una articulación que funciona
como pivote. Los músculos que mueven las alas están conectados a la superficie
superior e inferior del pecho. Cuando se contraen, el tórax se mueve en
la dirección opuesta y crea una tensión hacia abajo. La relajación de
un grupo de músculos resulta en la contracción del grupo opuesto. Se trata
de un sistema automático que permite el movimiento sin interrupción hasta
que una señal de alerta y detención es emitida a través de los nervios
de todo el sistema8. Este tipo de mecanismo de vuelo
se puede comparar con un reloj a cuerda y es tan especializado que un
solo impulso pone las alas en movimiento con toda facilidad. Es imposible
no ver en este ejemplo el proyecto y la delineación. Es decir, resulta
evidente la creación perfecta de Dios.
Algunas moscas baten las alas hasta mil veces
por segundo. Para semejante tarea se creó un sistema particular.
Los músculos, más que mover las alas directamente, activan un tejido
especial al cual éstas están unidas por medio de un pivote tipo
coyuntura. Es ese tejido especial el que permite los numerosos aleteos
con un solo golpe impulsor. |
Sistema que Permite la Fuerza de Propulsión
Encarsia |
Para mantener un vuelo parejo no es suficiente batir las alas. Estas
tienen que cambiar de ángulo en cada movimiento para crear una fuerza
de propulsión y elevarse. Disponen de una cierta flexibilidad para rotar,
variable según el tipo de insecto. Esa flexibilidad la otorgan los músculos
principales, los que además son el soporte de la energía para volar.
Por ejemplo, en el momento del ascenso los músculos en las articulaciones
de las alas se contraen más para incrementar el ángulo de éstas. Se hicieron
observaciones con técnicas de filmación de alta velocidad y así se supo
que las alas siguen una trayectoria elíptica en vuelo. En otras palabras,
la mosca realiza un movimiento de tipo circular parecido al que efectúa
el remo de un bote en el agua, además de mover las alas hacia arriba y
hacia abajo. Ello es posible por la acción de los músculos principales.
El mayor problema de los insectos con cuerpos pequeños es la inercia.
El aire se comporta como si se adhiriese a sus alas, lo cual reduce significativamente
la eficiencia del vuelo. Es por eso que algunos que miden hasta un milímetro
de largo deben batir las alas mil veces por segundo para superar la inercia.
Los investigadores piensan que incluso la velocidad no es suficiente
para que levanten vuelo, lo que significaría que se valen de sistemas
alternativos.

Este tipo de mosca necesita muchísima energía para batir las alas
mil veces por segundo. La obtiene de los nutrientes ricos en carbohidratos
que recoge de las flores. El camuflaje que porta --rayas amarillas
y negras-- y su parecido con las abejas, le sirve para desanimar
a sus posibles atacantes. |
Por ejemplo, algunos tipos de parásitos pequeños
como la Encarsia, hacen uso de un sistema llamado "batemanos": las alas
se juntan arriba y luego se descortezan. Primero se separa el borde frontal
de las alas, en donde se localiza una vena importante, lo cual permite
una corriente de aire en el área presurizada, produciéndose un torbellino
que ayuda a batir las alas nuevamente9.
 
Una mosca es cien mil millones de veces más pequeña que un avión.
Sin embargo, está equipada con un ingenioso sistema complejo que
funciona igual que el giróscopo y el nivelador horizontal, fundamentales
para el vuelo. Por supuesto, la maniobrabilidad y técnica para surcar
los aires son superiores a las de un avión. |
Dios ha creado otro sistema especial para que
los insectos se estabilicen en el aire, como el de las moscas con un solo
par de alas y órganos redondeados en el dorso, llamados cabestros. Se
mueven únicamente cuando cambia la dirección del vuelo, con lo que evitan
perder la dirección. Es un sistema que se asemeja a los giróscopos utilizados
en los aviones actuales10.
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Muchos insectos pueden plegar las alas. Y
lo hacen fácilmente con la ayuda de partes auxiliares en sus extremidades.
La Fuerza Aérea de USA, inspirada en este ejemplo, ha producido
un avión con alas plegables llamado "Intruder E6B". Pero las abejas
y moscas pueden plegar las alas por completo, a diferencia del avión
mencionado que sólo pliega una mitad sobre la otra.
La Resilina
En la articulación del ala
participa una proteína especial con una flexibilidad muy grande
llamada resilina. Los ingenieros químicos trabajan en los laboratorios
para reproducirla, pues exhibe propiedades muy superiores a las
del caucho natural o artificial. Es una sustancia que puede absorber
la fuerza aplicada sobre ella como así también liberar toda la energía
acumulada una vez que cesa la aplicación de la carga sobre la misma.
La eficiencia (es decir, la proporción entre el trabajo rendido
y la energía aplicada) es muy elevada, pues alcanza el 96%. De esta
manera, el 85% de la energía empleada para levantar las alas es
almacenada y se la usa al bajarlas11. Las
paredes del tórax y los músculos también están construidos de manera
que ayudan en este fenómeno.
 
Esta representación que indica la trayectoria
de una abeja dentro de un cubo de vidrio, muestra su increíble capacidad
para volar en cualquier dirección, así como para el aterrizaje y
el despegue.
La representación de la izquierda exhibe la capacidad de maniobra
de tres aviones, considerados los mejores en sus categorías. Sin
embargo, abejas y moscas son capaces de cambiar la trayectoria del
vuelo súbitamente y en cualquier dirección sin reducir la velocidad.
Este ejemplo muestra con claridad que la tecnología de los aviones
es rudimentaria frente a las posibilidades de navegación de los
dos animalitos nombrados.
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Los Insectos Poseen un Sistema de Respiración Especial
En relación a su medida la mosca vuela a una velocidad extraordinaria.
Las libélulas alcanzan los 40 kilómetros por hora, mientras que insectos
más pequeños pueden volar a 50 km/h. Si se hace una equivalencia en función
del tamaño, los seres humanos tendrían que moverse a miles de kilómetros
por hora, velocidad que sólo alcanzamos con aviones a chorro. Pero si
comparamos los tamaños, está claro que los insectos pueden volar, en proporción,
más rápido que las aeronaves.
Los aviones a chorro usan combustibles especiales para alimentar turbinas
de alta velocidad. El vuelo de la mosca requiere también elevados niveles
de energía y grandes volúmenes de oxígeno para generarla. Esa necesidad
es satisfecha por medio de un sistema respiratorio extraordinario, muy
diferente del nuestro. Nosotros aspiramos aire y lo llevamos a los pulmones,
donde se mezcla con la sangre y es transportado a todo el cuerpo por ésta.
La necesidad de oxígeno por parte de la mosca es tan alta, que no puede
esperar que el mismo llegue a las células por ese medio. De manera similar
al sistema circulatorio humano, dispone de un intrincado sistema de conductos
llamado traqueal, por el cual distribuye aire con oxígeno a todas las
partes del cuerpo.
El oxígeno es tomado directamente de allí, como lo hacen las células
que constituyen los músculos para el vuelo, lo que también ayuda a enfriarlos,
pues operan a una frecuencia de mil ciclos por segundo.
Es evidente que estos mecanismos son un ejemplo de la creación. El azar
no puede ser la explicación de un diseño tan intrincado. Tampoco es posible
que semejante sistema se haya desarrollado por fases sucesivas como sugieren
los evolucionistas: si el traqueal se hubiese formado así, habría sido
disfuncional y entonces el aparato respiratorio habría sufrido daños.
Sólo un sistema traqueal plenamente funcional desde el inicio puede mantener
la vida de los insectos sin problemas.
En los cuerpos de las moscas y otros insectos
existe un sistema extraordinario para satisfacer la necesidad de
una elevada provisión de oxígeno: el aire es llevado directamente
a los tejidos por medio de conductos especiales.
Arriba podemos ver el sistema que opera en la langosta o saltamonte:
A) Conducto respiratorio observado al microscopio electrónico. Alrededor
de las paredes del conducto hay un refuerzo espiralado similar al
de las aspiradoras eléctricas.
B) Cada conducto es portador de oxígeno para las células y por el
mismo se saca al exterior el dióxido de carbono. |
Todas las estructuras que hemos examinado hasta ahora demuestran que
hay una delineación extraordinaria hasta en las criaturas aparentemente
más insignificantes como las moscas: cada una de ellas es un milagro que
da testimonio del diseño perfecto en la creación de Dios. Por otra parte,
el "proceso evolucionista" descrito por los darwinistas está lejos de
explicar cómo se desarrolla, aunque más no sea, un solo sistema en la
mosca.
Dios invita a los seres humanos en el Corán a considerar esta realidad:
¡Hombres! Se propone una parábola. ¡Escuchadla! Los
que invocáis en lugar de invocar a Dios serían incapaces de crear una
mosca, aun si se aunaran para ello. Y, si una mosca se les llevara algo,
serían incapaces de recuperarlo. ¡Qué débiles son el suplicante (el
asociador) y el suplicado (la
deidad) (Corán, 22:73).
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"...SERIAN INCAPACES DE CREAR
UNA MOSCA..."
Incluso una mosca es superior a todos
los ingenios tecnológicos que ha producido la humanidad. Además,
es un "ser vivo". Aviones y helicópteros son utilizados durante
un tiempo determinado, después del cual se descartan y oxidan. La
mosca, en cambio, puede reproducirse.
La
mosca doméstica utiliza parte de la trompa de su boca para "controlar
la calidad" del alimento antes de ingerirlo. A diferencia de muchas
criaturas, lo hace asimilable en el exterior, para lo que le aplica
un fluído solvente con el que lo licua. Después lo frota con suavidad
y lo succiona por medio de los picos para conducirlo al interior
de la probóscide.
La
mosca puede caminar con facilidad sobre las zonas más resbaladizas
o posarse en el cielo raso patas arriba durante horas. Sus extremidades
pueden prenderse a vidrios, paredes y techos porque están mejor
equipadas que los pies de los alpinistas. Si sus ganchos retráctiles
no son suficientes, las almohadillas de succión (sopapas) en las
patas la mantiene pegada a la superficie del caso. La fuerza de
succión es incrementada con un fluído especial.
El viaje aéreo de una mosca doméstica es un fenómeno
muy complejo. En primer lugar el insecto inspecciona meticulosamente
los órganos que usará para la navegación. Luego se prepara ajustando
y equilibrando los frontales. Finalmente calcula el ángulo de despegue
--que depende de la velocidad y dirección del viento-- por medio
de los sensores que posee en las antenas. Después se lanza a volar.
Todo ello sucede en una centésima de segundo. Una vez que se desplaza
en el aire puede acelerar rápidamente y alcanzar una velocidad de
diez kilómetros por hora.
Debido a ello se le podría poner de sobrenombre "maestra
del vuelo acrobático". Puede volar haciendo zigzags extraordinarios,
despegar verticalmente, aterrizar bien en cualquier tipo de superficie
por más inapropiada que sea.
Otra particularidad de esta experta
en vuelos es su capacidad para "aterrizar" en el cielo raso, puesto
que debido a la gravedad no se podría sostener y se caería. Sin
embargo, ha sido creada con ciertos sistemas que hacen posible lo
imposible. En el extremo de sus patas existen pequeñas sopapas.
Además, ese dispositivo exuda un fluido pegajoso al tocar algo.
Ese pegamento le permite adherirse al cielo raso. Cuando está llegando
al mismo y apenas lo acaricia, extiende las patas, las sacude y
se prende a la superficie.
El ojo de la mosca doméstica está compuesto
por seis mil unidades ópticas hexagonales (ommatidias). Dado que
cada una de ellas apunta en direcciones diferentes (hacia adelante,
hacia atrás, hacia arriba, hacia abajo, es decir, hacia todos los
lados), puede ver en un ángulo de 360°. Ocho neuronas fotorreceptoras
(captadoras de luz) están unidas a cada ommatidia, por lo que en
ese ojo hay unas cuarenta y ocho mil células sensoras. Así es como
la mosca puede procesar hasta cien imágenes por segundo.
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El diseño de las alas otorga a la mosca una capacidad
superior de maniobra en vuelo. Los bordes, superficies y venas están
cubiertos con pelillos altamente sensibles que le capacitan la detección
de las corrientes de aire y las presiones mecánicas.
La mosca doméstica posee dos alas que las puede operar
por separado. Emergen parcialmente del cuerpo y constan de una membrana
muy delgada atravesada por venas. Sin embargo, al volar las mueve
hacia atrás y adelante de acuerdo a un eje como si se tratasen de
un solo plano. Los músculos que capacitan el movimiento de las alas
se contraen en el despegue y se relajan al aterrizar. Si bien esos
músculos son controlados por los nervios al comienzo del vuelo,
después de cierto tiempo, al igual que las alas, se mueven automáticamente.
Los sensores bajo las alas y detrás de la cabeza envían
de inmediato al cerebro información sobre las circunstancias de
la navegación. Por ejemplo, cuando perciben una nueva corriente
de aire como la que crea otro bicho volador. En ese caso los músculos
"desconectan el piloto automático" y controlan "manualmente" las
alas. De esa manera se pone a buen resguardo de un posible peligro
la mayoría de las veces.
Bate las alas cien veces
por segundo y la energía que gasta en vuelo es aproximadamente cien
veces mayor a la que consume en reposo. En función de esto podemos
decir que se trata de una criatura muy competente puesto que el
metabolismo humano en situaciones de emergencia sólo puede emplear
una energía diez veces mayor a la que consume normalmente. Además,
el ser humano puede mantener ese consumo de energía decuplicado
solamente durante unos pocos minutos como máximo. En contraste,
la mosca doméstica puede sostener su ritmo de consumo elevado de
energía por un lapso de media hora y viajar una distancia de mil
seiscientos metros a la misma velocidad12. |
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