CAPITULO 6
LA SANGRE : EL FLUIDO DADOR DE VIDA
Las Funciones Cruciales de la Sangre
La sangre es un líquido creado para dar vida a nuestros cuerpos y su circulación
sirve para calentarlos, refrescarlos, nutrirlos, protegerlos y depurarlos
de sustancias tóxicas. Es casi el único responsable de la comunicación entre
las distintas partes del cuerpo, además de reparar de inmediato cualquier
rotura en las paredes de las venas para mantener la funcionalidad del sistema.
En el cuerpo de una persona que pesa 60 kilos hay, término medio, cinco
litros de sangre, que el corazón puede hacerla circular con facilidad.
Cuando se corre o se hace ejercicio la velocidad de circulación puede
aumentar hasta cinco veces. La sangre fluye por todas partes: desde la
raíz de los cabellos hasta la punta del pie y en venas de distintos tamaños.
Estas últimas fueron creadas muy perfectas, motivo por el cual, en condiciones
normales, no se forma allí ningún coágulo o sedimento. El sistema complejo
que integran transporta una variedad de nutrientes y calor.
Nosotros os creamos. ¿Por qué, pues, no aceptáis (este
mensaje como verdadero)?(Corán, 56:57)
Transportador de Oxígeno
El aire que respiramos es la sustancia más decisiva para nuestra supervivencia
pues el oxígeno que contiene resulta imprescindible para que las células
quemen los azúcares y produzcan energía, de la misma manera que lo hacen
los leños que se queman en una caldera. El sistema de circulación sanguíneo,
parecido a una complicada red de tuberías, sirve al propósito de llevar
ese oxígeno desde los pulmones a las células.
Las arterias más largas han sido creadas con
la estructura más fuerte dado que son las responsables de la distribución
de la sangre rica en oxígeno y nutrientes a todos los rincones del
cuerpo. Las venas están encargadas de su transporte desde los órganos
al corazón. Los capilares, por otra parte, poseen un diseño perfecto
para cumplir la función de distribuirla hasta los lugares más remotos
del organismo. |
Las moléculas de hemoglobina dentro de los glóbulos rojos son las que
lo transportan. Cada glóbulo rojo acarrea unos trescientos millones de
moléculas de hemoglobina que exhiben un orden perfecto en su desempeño.
Pero no sólo conducen el oxígeno sino que también cumplen otras funciones,
como la de distribuirlo donde sea necesario --por ejemplo, en una célula
muscular-- y retornar luego a los pulmones con el material de desecho
producto de la combustión de los azúcares. En otras palabras, lleva oxígeno
a las células y vuelve a los pulmones con dióxido de carbono, donde elimina
a éste y se liga nuevamente al oxígeno del aire para repetir el ciclo.
Un Fluído de Presión Controlada
Las moléculas de hemoglobina transportan también gas de monóxido de nitrógeno
(NO). Si este gas no estuviese presente en la sangre, la presión cambiaría
constantemente. La hemoglobina regula asimismo, por medio del NO, la cantidad
de oxígeno que debe entregar a los tejidos. Es asombroso que el "regulador"
sea una molécula, es decir, un simple conjunto de átomos que no posee
cerebro, ojos ni conciencia. Por supuesto, la regulación de una función
importantísima en nuestros cuerpos por un conjunto de átomos, es un signo
de la sabiduría infinita de Dios, Quien nos crea.
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Si no fuese por el corazón, la sangre sería un
fluído rojo denso y rancio (foto superior). Sin embargo, el corazón
envía sangre a las partes más remotas del cuerpo (foto izquierda).
Un estrato de tejido muscular especial envuelve
los vasos sanguíneos. Cuando el músculo se contrae, los vasos se
estrechan y se incrementa la presión sanguínea. La imagen a la derecha
es la sección de un vaso estrechado. Por eso su interior está arrugado
(foto superior). Alrededor del vaso hay fibras musculares (rojo)
y un nervio (azul). |
Células con un Diseño Ideal
Una persona adulta posee alrededor de 30 billones de glóbulos rojos en
su sangre, los cuales son el principal componente celular de la misma
y son suficientes para cubrir la mitad de la superficie de un campo de
fútbol. La hemoglobina es la que da a la sangre, y por lo tanto a los
tejidos, su color característico.
Los glóbulos rojos son discos bicóncavos que pueden comprimirse y pasar
por capilares minúsculos y por los huecos más diminutos debido a su increíble
flexibilidad. Si no poseyesen esta característica seguramente se atascarían
en distintas áreas del cuerpo. Un capilar tiene normalmente un diámetro
de cuatro a cinco micrones, mientras que el volumen de un glóbulo rojo
es de unos 87 micrones cúbicos (un micrón es una milésima de milímetro).
¿Qué pasaría si los glóbulos rojos no hubiesen sido creados con esa flexibilidad?
Los investigadores nos responden: los delicados tejidos de los ojos presentan
con frecuencia, en pacientes diabéticos, amontonamientos de glóbulos rojos
que perdieron su flexibilidad, lo cual puede llevar a la ceguera.
Sistema de Emergencia Automático
El período de vida de un glóbulo rojo es de alrededor de 120 días. Después
es descartado por el bazo. Esa pérdida se compensa con la producción de
células nuevas. Bajo circunstancias normales se generan dos millones y
medio de glóbulos rojos por segundo, cantidad que puede ser incrementada
si hay necesidad, como cuando se produce una pérdida de sangre imprevista.
Una hormona llamada "eritropoyetina" controla esa producción y equilibra
la situación. Además, si el contenido de oxígeno del aire desciende, hay
un aumento proporcional en la generación de glóbulos rojos. Por ejemplo,
al escalar alturas elevadas y debido a la disminución continua del oxígeno,
el cuerpo produce ese aumento de manera automática para usar lo más eficientemente
posible el disponible.
Un Sistema de Transporte Perfecto
El sistema circulatorio alimenta cada una
de las cien billones de células que constituyen el cuerpo humano.
En la imagen los vasos rojos representan la sangre oxigenada y los
azules la sangre sin oxígeno. |
La parte fluída de la sangre se llama plasma, es de color
amarillento, representa el 5% del peso de un cuerpo normal, transporta
una gran cantidad de sustancias además de los glóbulos rojos y el 90%
está constituido por agua, sales, minerales, carbohidratos, grasas y cientos
de tipos de proteínas en suspensión. Algunas de éstas son de transporte:
toman lípidos y los llevan a los tejidos. Si no fuese así, los lípidos
flotarían caóticamente y provocarían problemas de salud fatales.
Las hormonas en el plasma cumplen el papel de correos especiales. Facilitan
la comunicación entre los órganos y las células a través de mensajes químicos.
La albúmina es la proteína más abundante y es también una transportadora.
Se une a lípidos como el colesterol, a otras hormonas, a la bilirrubina
(un pigmento amarillo y tóxico de la bilis) o a medicinas como la penicilina.
Deja las sustancias tóxicas en el hígado y transporta los nutrientes y
demás hormonas adonde sea necesario.
Al considerar todo esto nos queda en claro que el cuerpo humano fue creado
de una forma extremadamente minuciosa. Las capacidades de una proteína
en la distinción entre hormonas, lípidos y medicinas y en la determinación
no sólo de los lugares que los necesitan sino también de las cantidades
a ser enviadas, resultan indicios de una delineación perfecta. Los ejemplos
que damos aquí no son más que unos pocos de los miles de procesos bioquímicos
que ocurren en el organismo. Las billones de moléculas que operan allí
funcionan con una armonía maravillosa. Además, todas provienen de la división
de una sola célula en el vientre de una mujer. Está claro que el funcionamiento
milagroso del cuerpo es parte de la espectacular habilidad artística de
Dios, Quien creó al ser humano a partir de una sola gota de un líquido
singular.
Mecanismos de Control Especiales
Los nutrientes deben pasar de un lado al otro de las paredes de las arterias
para penetrar en los tejidos del caso. Aunque la pared arterial posee
poros minúsculos, no hay sustancia que por sí sola pueda atravesarla.
Lo que permite que ese proceso tenga efecto es la presión sanguínea. Sin
embargo, si los nutrientes pasasen a los tejidos en grandes cantidades,
necesariamente se producirían inflamaciones. En consecuencia, existe un
mecanismo especial instituido para equilibrar la presión sanguínea y así
regresar fluídos a la sangre. La responsable de esa tarea es la albúmina,
más grande que los poros de la pared de la arteria y suficientemente numerosa
en la sangre como para succionar el agua como una esponja. Si no fuese
por la albúmina, nos inflaríamos como un poroto seco puesto en el agua.
Por otra parte, las sustancias existentes en la sangre no deberían ingresar
en los tejidos del cerebro incontroladamente porque dañarían de modo severo
las neuronas. Por consiguiente, ese órgano cuenta con una protección frente
a todos los escenarios perjudiciales posibles que pudiesen acontecer.
Densas capas de células cierran completamente los poros. Cada sustancia
que pretende pasar a través ellas, lo hace como si se tratase de un puesto
de control. Eso facilita un fluir equilibrado de nutrientes en la parte
más sensible del cuerpo humano.
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Si se forma un coágulo en las
arterias coronarias y después se agranda, conduce a un ataque de
corazón (infarto de miocardio). En algunas situaciones, debido a
la presión sanguínea, el tejido cardíaco se desgarra. La sangre
sale entones del corazón como si fuese el chorro de una manguera
rociadora. |
Termostato en el Organismo
Mecanismo de la Coagulación de la Sangre:
Cuando una herida comienza a sangrar, una lipoproteína llamada tromboplastina
que se desprende de los tejidos dañados se combina con el calcio,
con ciertas enzimas y con la protrombina, presentes en la sangre.
El resultado de una reacción química en cascada es una malla de
fibras que forma una capa protectora que eventualmente se solidifica.
Las células de la parte superior eventualmente mueren, se endurecen
y forman la cáscara o estrato protector. Cuando las células dañadas
son reemplazadas por completo por las células nuevas que se van
formando debajo de la piel, la cáscara se desprende. |
Además de las toxinas, nutrientes, glóbulos
rojos, vitaminas y otras sustancias, la sangre también transporta calor,
un subproducto de la generación de energía en las células. Es de una importancia
vital repartir y equilibrar la temperatura corporal, en consonancia con
la temperatura exterior. Si no existiese ningún sistema que lo hiciera
--papel que cumple la circulación sanguínea--, al usarse los músculos
de los brazos, por ejemplo, éstos se recalentarían y el resto del cuerpo
permanecería frío, lo cual dañaría en gran medida el metabolismo. La transpiración
y la expansión de los vasos sanguíneos permite que el exceso de calor
sea expulsado al exterior a través de la piel. A eso se debe que se nos
enrojezca el rostro al correr o realizar actividades con mucho vigor.
Cuando las temperaturas son bajas, los capilares se contraen para reducir
la cantidad de sangre en las áreas en donde es más probable la fuga de
calor. De esa manera se reduce al mínimo el enfriamiento del cuerpo. El
rostro pálido en esa situación se debe a la precaución mencionada que
el organismo la toma automáticamente42.
Todo lo que sucede en la sangre es extremadamente complejo e interdependiente
y ha sido creado a la perfección hasta en los menores detalles. Existe
un equilibrio maravillosamente intrincado en la corriente sanguínea, al
punto que el más pequeño trastorno podría causar serias complicaciones.
Ha sido creada con todas las propiedades necesarias por el Creador Uno,
de manera instantánea. Y ese Creador es Dios, poseedor del conocimiento
y capacidad superiores:
Sólo Dios es vuestro dios, aparte del Cual no hay otro
dios. Lo abarca todo en Su ciencia (Corán, 20:98).
UN PROCESO SIN LUGAR PARA EL MAS MINIMO ERROR :
LA COAGULACION DE LA SANGRE
Todos sabemos que el sangrado que se produce debido a un corte o por
una herida que se estaba sanando y que se reabre, en algún momento se
detendrá, porque se forma un coágulo que se endurece y obtura la zona.
En general la gente piensa que ese es un proceso simple y normal. Pero
los bioquímicos nos han hecho saber, gracias a sus investigaciones, que
en realidad es la resultante de un mecanismo muy complejo: la falta de
un solo componente dañaría seriamente todo el sistema.
La sangre debe coagular en un lapso de tiempo y lugar adecuados. Después
el coágulo debe desaparecer. En condiciones normales ese mecanismo funciona
a la perfección hasta en el más mínimo detalle.
El coágulo debe cubrir toda la herida y, lo que es más importante, formarse
solamente en el exterior de la piel, por encima de la lesión. La vida
es incompatible tanto con la coagulación de la sangre en cualquier otra
parte como con la falta total de coagulación.
Para dicho proceso son decisivos los más pequeños elementos producidos
en la médula ósea, es decir, las plaquetas sanguíneas o trombocitos. Estas
células son los elementos principales de la coagulación. Una proteína
llamada factor de Von Willebrand, que "patrulla" continuamente la corriente
sanguínea, asegura que las plaquetas permanezcan adheridas a la herida.
Estas se concentran en el lugar de la lesión y liberan una sustancia que
reúne a otras plaquetas en una inmensa cantidad para obturarla. Las plaquetas
mueren en ese lugar como parte del proceso de la coagulación sanguínea.
La trombina es otra de las proteínas que facilita la coagulación de la
sangre. Se produce por la acción de más de veinte enzimas sólo en el lugar
de la herida, en la dosis necesaria y durante un tiempo determinado. Las
enzimas pueden iniciar su producción y detenerla. Se trata de un proceso
tan controlado que la trombina sólo se forma cuando los tejidos realmente
resultan dañados. Tan pronto como las enzimas de la coagulación alcanzan
un nivel satisfactorio, se forman fragmentos de fibrinógeno, los cuales
son proteínas. En un lapso de tiempo muy corto una malla de fibras (la
fibrina) forma una red en el lugar de escape de la sangre. Mientras tanto
las plaquetas "patrulleras" continúan implicándose y se acumulan en el
mismo lugar. Lo que se llama coágulo es el tapón que se forma en la herida
debido a dicha acumulación.
El
proceso que posibilita la formación del coágulo y determina su extensión,
fortaleza o disolución, posee indudablemente una complejidad irreductible
absoluta43.
¿Qué sucedería si en ese mecanismo surgiesen pequeños problemas? Por
ejemplo, ¿qué sucedería si la coagulación se activase sin que existiera
una herida?; ¿qué sucedería si el coágulo se separase fácilmente de la
zona lesionada?
En el primer caso los coágulos bloquearían la corriente sanguínea en
los órganos importantes y éstos morirían. En el segundo caso la lesión
permanecería indefinidamente y sucederían sangrados permanentes, infecciones,
etc.
Esto nos muestra, una vez más, que el cuerpo humano está diseñado de
la mejor manera. Es imposible explicar el proceso de la coagulación por
medio de las "casualidades" o el "desarrollo gradual", como lo supone
la teoría de la evolución. Un proceso como éste, diseñado y calculado
tan cuidadosamente, resulta una evidencia indiscutible de la perfección
en la creación. Dios, Quien nos creó y colocó sobre esta tierra, ha creado
nuestros cuerpos con ese proceso, el cual nos protege en muchos casos
de los distintos tipos de heridas que podemos sufrir.
La coagulación no es sólo muy importante para protegernos de heridas
externas sino también de la ruptura de los capilares internos, cosa que
sucede a cada rato. Aunque es algo que pasa desapercibido, continuamente
sufrimos pequeños sangrados internos. Un simple golpe del brazo contra
una puerta o el sentarse muy bruscamente, puede provocar la ruptura de
cientos de capilares que son inmediatamente controlados y reconstruidos,
en condiciones normales, por medio de la coagulación. Si el impacto es
más serio, el sangrado es mayor y comienza el proceso que denominamos
"hematoma". Una persona con el sistema de coagulación dañado, debería
evitar hasta los golpes más pequeños. Los pacientes hemofílicos deben
vivir con ese cuidado porque su proceso de coagulación es defectuoso.
Desafortunadamente, quienes tienen una hemofilia avanzada no pueden vivir
mucho. Hasta el más pequeño sangrado interno producido por un simple resbalón
o caída, puede ser suficiente para terminar con sus vidas.
Debido a esta realidad, cada individuo debería considerar el milagro
de la creación en su propio cuerpo y ser agradecido con Dios, Quien lo
creó de la mejor manera. Nuestro organismo, del cual no podemos reproducir
ni una sola célula, es una bendición de Dios, Quien dice a la humanidad:
Nosotros os creamos. ¿Por qué, pues, no aceptáis (este
mensaje como verdadero)? (Corán, 56:57).

El Mecanismo de la Coagulación
de la Sangre
El diagrama44 ilustra el
mecanismo de la coagulación de la sangre. El coágulo se forma
como resultado de reacciones químicas de una serie de sustancias
en un cierto orden. Para su disolución se activa un proceso complejo
similar.El Diseño En La Naturaleza
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