LA ARMONIA DE LOS ATOMOS
¿Si las más refinadas
mentes pueden descifrar sólo con dificultad las formas en que opera
la naturaleza en sus planos más profundos, cómo podría suponerse que
esas formas de operar son simplemente un accidente inconsciente, el
producto de una casualidad ininteligible?
Paul Davies. Profesor de Física Especulativa 31
Los científicos están de acuerdo en general, según los cálculos, en
que el Big Bang tuvo lugar hace unos 17 mil millones de años. Toda
la materia que constituye el universo fue creada de la nada pero con
el designio maravilloso acerca del que hablamos en los dos primeros
capítulos. De todos modos, el universo que emergió del Big Bang podría
haber sido muy diferente de éste en el que aparecimos nosotros.
Por ejemplo, si los valores de las cuatro fuerzas fundamentales hubiesen
resultado distintos, el universo habría consistido solamente de radiación
y se habría vuelto un tejido de luz sin estrellas, galaxias, seres
humanos y otras cosas. Gracias al extraordinario equilibrio perfecto
de esas cuatro fuerzas, pasaron a existir los "átomos", es decir,
los "ladrillos" de lo que llamamos "materia".
Los científicos también están de acuerdo en que los dos primeros
elementos más simples -el hidrógeno y el helio- comenzaron a formarse
durante los primeros catorce segundos después del Big Bang. Los elementos
se formaron como resultado de una reducción en la entropía universal,
que estaba causando que la materia se disperse por todas partes. En
otras palabras, el universo fue al principio un amontonamiento de
átomos de helio e hidrógeno. Si hubiese permanecido así, no habrían
existido las estrellas, los planetas, las piedras, el suelo, los árboles
o los seres humanos. Habría sido un universo inanimado, exánime, formado
por sólo esos dos elementos.
¿Pero el carbono, el elemento fundamental de la vida, es mucho más
pesado que el hidrógeno y el helio. Cómo pasó a existir?
Al investigar para responder a ello, los científicos se toparon con
uno de los descubrimientos más sorprendentes del siglo XX.
La Estructura De Los Elementos
La
química es una ciencia que trata de la composición, estructura y propiedades
de las substancias, así como de las transformaciones que sobrellevan.
La piedra fundamental de la química moderna es la tabla periódica de
los elementos. Establecida en primer lugar por el químico ruso Dimitri
Ivanovich Mendeleiev, los elementos en la tabla periódica están colocados
según sus estructuras atómicas. El hidrógeno ocupa el primer lugar en
la tabla porque es el más simple de todos los elementos, ya que consiste
solamente de un protón y un electrón que gira a su alrededor en el núcleo.
Los protones, en el núcleo del átomo, son partículas subatómicas
que poseen una carga eléctrica positiva. El helio, con dos protones,
ocupa el segundo lugar en la tabla periódica. El carbono tiene seis
protones y el oxígeno ocho. Todos los elementos difieren en el número
de protones que contienen.
Otra partícula presente en el núcleo de un átomo es el neutrón. A
diferencia de los protones, los neutrones no llevan carga eléctrica:
son neutros, y de ahí su nombre.
La tercera partícula básica de que se componen los átomos es el electrón,
el cual tiene carga negativa. En todos los átomos existe el mismo
número de electrones y protones. Sin embargo, a diferencia de los
neutrones y protones, los electrones no están colocados en el núcleo
sino que se mueven alrededor de éste a una velocidad muy elevada que
mantiene separadas las cargas del átomo.
La diferencia en la estructura atómica (el número de protones y electrones)
es lo que hace a los elementos distintos uno del otro.
Una norma crucial de la química (clásica) es que los elementos no
se pueden transformar uno en otro. Cambiar o transformar el hierro
(con 26 protones) en plata (con 18 protones) requiere sacar ocho protones
del núcleo del átomo de hierro. Pero los protones están unidos por
la fuerza nuclear fuerte y el número de protones en un núcleo solamente
puede modificarse por medio de reacciones nucleares, cosa no posible
para nosotros en las condiciones normales terrestres, pues las reacciones
aquí son químicas y dependen del intercambio de electrones, sin afectar
al núcleo.
En la Edad Media existió una "ciencia" llamada "alquimia", predecesora
de la química moderna. Los alquimistas, al desconocer la tabla periódica
o la estructura atómica de los elementos, pensaban que era posible
transformar un elemento en otro. (Un objetivo perseguido, por motivos
fáciles de entender, era transformar el hierro en oro). Ahora sabemos
que lo que intentaban los alquimistas era imposible en condiciones
normales como las de la Tierra: las temperaturas y presiones requeridas
para esa transformación son demasiado enormes como para alcanzarlas
en un laboratorio terrestre. Pero es posible si se dispone del lugar
correcto para hacerlo.
Y el lugar correcto resulta que está en el corazón de las estrellas.
Los Laboratorios De Alquimia Del Universo: Las Gigantes
Rojas
La temperatura requerida para superar la renuencia del núcleo a verse
modificado es de aproximadamente 10 millones de grados Celsius (grados
centígrados). Es por esto que la "alquimia", en el sentido real, tiene
lugar solamente en las estrellas. La enorme energía que radian estrellas
de tamaño medio como el Sol, es el resultado de que el hidrógeno se
convierte en helio por medio de un proceso de fusión.

Las gigantes
rojas son estrellas inmensas aproximadamente cincuenta veces
más grandes que nuestro sol. En la profundidad de las mismas
tiene lugar un proceso extraordinario.
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Teniendo presente esta breve reseña de los elementos químicos retornemos
al momento inmediato después del Big Bang. Mencionamos que en el universo
existían solamente los átomos de helio e hidrógeno a continuación
de la gran explosión. Los astrónomos creen que las estrellas tipo
solar (de la cual el Sol es una) se formaron como resultado de nebulosas
(nubes) de gas compuestas de hidrógeno y helio, que se comprimieron
hasta que se dio inicio a la reacción termonuclear. De ese modo tuvimos
las estrellas. Pero el universo seguía sin vida. Para la vida se requerían
elementos más pesados, específicamente oxígeno y carbono. Se necesitaba
la existencia de otro proceso por medio del cual el hidrógeno y el
helio se convirtiesen en otros elementos.
La "planta procesadora" de esos elementos pesados estaba en las gigantes
rojas, una clase de estrellas 50 veces más grandes que el Sol.
Las gigantes rojas
son mucho más calientes que las estrellas tipo solar, característica
que les permite hacer algo que otras estrellas no pueden: convertir
el helio en carbono. De todos modos, incluso para una gigante roja
hacer eso no es algo fácil, como dice el astrónomo Greenstein: "Incluso
ahora, cuando disponemos de la respuesta (de cómo se produce), el
método empleado se presenta sorprendente".32
El peso atómico del helio es 2. Es decir, tiene dos protones en el
núcleo. El peso atómico del carbono es 6. A la temperatura fantásticamente
elevada de las gigantes rojas, tres átomos de helio se fusionan para
formar un átomo de carbono. Esta es la "alquimia" que proveyó al universo
con sus elementos más pesados después del Big Bang.
Pero como dijimos, ello no es fácil. Es casi imposible persuadir
a dos átomos de helio que se junten. Y ya es totalmente imposible
conseguir que se junten tres. ¿Entonces, por medio de qué procedimiento
se consigue que se junten los seis protones necesarios para el átomo
de carbono? Se trata de un proceso de dos pasos. Primero se funden
dos átomos de helio en un elemento intermedio con cuatro protones
y cuatro neutrones. Después se agrega un tercer (átomo) de helio a
este elemento intermedio para formar el átomo de carbono con seis
protones y seis neutrones.
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Núcleo de helio
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Núcleo de carbono
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El isótopo de berilio, extraordinariamente inestable, que
se forma en las gigantes rojas.
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El berilio normal como se encuentra en la Tierra.
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El elemento intermedio es el berilio, el cual se da naturalmente
en la Tierra. Pero el que se produce en las gigantes rojas es distinto
en un sentido especialmente importante: consiste de cuatro protones
y cuatro neutrones, en tanto que el berilio terrestre tiene cinco
neutrones. El "berilio de las gigantes rojas" es una versión levemente
distinta. Es lo que en química se llama un "isótopo".
Ahora nos encontramos con la verdadera sorpresa. El isótopo berilio
de la "gigante roja" resulta ser increíblemente inestable. Los científicos
lo estudiaron durante años y descubrieron que una vez formado se descompone
o destruye en 0.000000000000001 segundo.
¿Cómo es que este isótopo inestable de berilio, que se forma y desintegra
en tan corto tiempo, es capaz de unirse con un átomo de helio para
convertirse en un átomo de carbono? Es como intentar poner un tercer
ladrillo sobre otros dos a los que se los separa en 0.000000000000001
segundo -si es que se tiene la posibilidad de colocar uno sobre el
otro- y hacer una construcción de esa manera. ¿Cómo tiene lugar ese
proceso en las gigantes rojas? Los físicos se rascaron la cabeza durante
decenios tratando de encontrar una respuesta, sin conseguirlo. Finalmente
el astrofísico norteamericano Edwin Salpeter encontró una pista para
este misterio en el concepto de "resonancia atómica".
Resonancia Y Doble Resonancia
La resonancia es definida como la armonía de frecuencias (vibraciones)
de dos materiales distintos.
Un ejemplo simple de la experiencia común nos dará una idea de lo
que entienden los físicos por "resonancia atómica". Imagínese que
va a hamacar a un niño. El chico se sienta en la hamaca y usted le
da un envión para que comience a hamacarse. Para que se mantenga hamacando
tiene que seguir dando esos sucesivos enviones desde atrás a la hamaca.
Pero la regulación del tiempo que pasa entre envión y envión es importante.
Cada vez que la hamaca se le acerca tiene que volver a empujarla con
la fuerza del caso en el momento preciso, es decir, cuando la hamaca
está en el punto más elevado del lado que usted se encuentra. Si la
empuja antes que llegue a ese punto, el resultado es una sacudida
o topetazo que altera la armonía o ritmo del movimiento de la hamaca.
Si la empuja después que pasó ese punto, se pierde el esfuerzo porque
la hamaca ya se está alejando de usted.
A esa "armonía de frecuencias"
los físicos la llaman "resonancia". La hamaca tiene una frecuencia.
Por ejemplo, llega hasta donde está usted cada 1,7 segundos y entonces
cada 1,7 segundos le da un nuevo impulso con los brazos. Por supuesto,
si quiere, puede cambiar la frecuencia del movimiento de la hamaca,
pero si lo hace también tiene que cambiar la frecuencia del impulso,
pues de lo contrario la hamaca no oscilará correctamente.33
Así como dos o más cuerpos
en movimiento pueden resonar, la resonancia también puede ocurrir
cuando un cuerpo que se mueve causa la resonancia del otro. Este tipo
de resonancia es visto a menudo en los instrumentos musicales y es
llamada "resonancia acústica". Por ejemplo, puede ocurrir entre dos
violines sutilmente afinados. Si uno de esos violines es tocado en
la misma sala en que está el otro, la cuerda del segundo vibrará y
producirá un sonido aunque nadie lo esté tocando. Eso sucede porque
ambos instrumentos han sido primorosamente afinados a la misma frecuencia
y la vibración de uno causa la vibración en el otro.34
En estos dos ejemplos dados, las resonancias son simples y es fácil
seguirles la pista. En física hay otras resonancias que no son nada
fáciles de detectar. Y en el caso de los núcleos atómicos las resonancias
pueden ser bastante complejas y delicadas.
Cada núcleo atómico
tiene un nivel de energía natural que los físicos han sido capaces
de identificar después de prolongados estudios. Esos niveles son totalmente
distintos uno del otro, pero se han observado contados ejemplos de
resonancia entre núcleos atómicos. Cuando sucede, existe armonía en
el movimiento de los núcleos, como en los ejemplos que dimos de la
hamaca y los violines. Lo importante en esto es que la resonancia
da curso a reacciones nucleares que pueden afectar a los núcleos.35
Al investigar Edwin Salpeter cómo las gigantes rojas producían los
átomos de carbono, sugirió que debía haber una resonancia entre los
núcleos del helio y del berilio que facilitaba la reacción. Dijo que
dicha resonancia favorecía la transformación de los átomos de helio
en berilio, cosa que podía explicar la reacción en las gigantes rojas.
Sin embargo, investigaciones ulteriores no pudieron respaldar esta
idea.

Fred Hoyle
fue el primero en descubrir el asombroso equilibrio en las reacciones
nucleares que tienen lugar en las gigantes rojas. Aunque ateo,
Hoyle admitió que este equilibrio no podía explicarse por medio
de la casualidad y que se trataba de un ordenamiento deliberado.
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Fred Hoyle fue el segundo astrónomo en ocuparse de ese tema. Avanzó
un paso más en la idea de Salpeter introduciendo el concepto de "resonancia
doble". Hoyle dijo que se tenían que producir dos resonancias. Una
haría que dos átomos de helio se fusionen y den lugar al berilio;
la otra haría que el tercer átomo de helio se una a la formación inestable.
Nadie le creyó a Hoyle. La idea de que sucediera una vez una resonancia
así, tan precisa, ya era bastante difícil de aceptar. Pero que pudiera
ocurrir dos veces ya era directamente impensable. Hoyle prosiguió
sus investigaciones durante años y finalmente demostró que estaba
en lo cierto: realmente en las gigantes rojas tenía lugar una resonancia
doble. En el exacto momento en que dos átomos de helio resonaban en
unión, aparecía un átomo de berilio en la fracción de 0,000000000000001
de segundo, tiempo que se necesitaba para producir carbono. George
Greenstein descubre porqué esta resonancia doble se trata de un mecanismo
extraordinario:
"En esta historia
hay tres estructuras (atómicas) totalmente separadas -helio, berilio
y carbono- y dos resonancias totalmente disociadas. Es difícil comprender
porqué estos núcleos deberían operar de consuno tan fácilmente… Otras
reacciones nucleares no operan por medio de una notable cadena de
solución de continuidad tan favorable… Es como descubrir resonancias
complejas y profundas entre un auto, una bicicleta y un carro. ¿Por
qué estructuras tan dispares deberían acoplarse tan perfectamente?.
De eso depende nuestra existencia y la de todas las formas de vida
del universo".36
En los años siguientes
se descubrió que otros elementos, como el oxígeno, también se formaban
como resultado de esas resonancias asombrosas. Aunque Fred Hoyle es
un fervoroso materialista, el descubrimiento de dichas "operaciones
extraordinarias" lo forzó a admitir en su libro Galaxias, Núcleos
y Quasares que las resonancias dobles tenían que ser el resultado
de un designio y no de la casualidad. 37
En otro artículo escribió:
"Si usted quisiera producir
carbono y oxígeno en cantidades aproximadamente iguales por medio
de la nucleosíntesis estelar, hay dos niveles en los que tendría que
reparar; la atención habría que fijarla, precisamente, en dónde realmente
se encuentran esos niveles… Una interpretación de los hechos, con
sentido común, sugiere que un superintelecto se ha metido con la física,
como así también con la química y la biología, y que ninguna fuerza
ciega importante se expresa en la naturaleza. Me parece que los números
que se obtienen de los cálculos de las realidades son tan arrolladores,
aplastantes, como para llegar a la inferencia mencionada de manera
indiscutible".38
Hoyle declaró que la conclusión ineludible de esta franca verdad no
le debería pasar inadvertida a otros científicos.
"Creo que todo científico
que examine las evidencias no dejará de inferir que las leyes de la
física nuclear han sido deliberadamente diseñadas, proyectadas, en
lo tocante a las consecuencias resultantes en el interior de las estrellas".39
Esta verdad desnuda fue expresada en el Corán hace
mil cuatrocientos años. Dios señala la armonía en la creación de los
cielos en el versículo que dice: No habéis visto cómo ha creado Dios
siete cielos superpuestos… (Corán, 71:15)
Un Laboratorio De Alquimia Más Reducido: El Sol

El sol es
un reactor nuclear gigante que transforma constantemente los
átomos de hidrógeno en helio y produce calor en ese proceso.
Aquí lo fundamental es la increíble precisión con que se equilibran
estas reacciones dentro del sol. La más leve modificación en
cualquiera de las variables que gobiernan el proceso, llevaría
a una explosión catastrófica incontrolada.
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La conversión del helio en carbono descrita antes, es la alquimia de
las gigantes rojas. En estrellas más pequeñas como nuestro sol, tiene
lugar un tipo más simple de alquimia. El sol convierte al hidrógeno
en helio y esta reacción es la fuente de energía.
La existencia de esa reacción no es para nosotros menos esencial
que la que se produce en las gigantes rojas. Además, la reacción nuclear
del sol es también un proceso concebido, como el que ocurre en las
gigantes rojas.
El hidrógeno, el elemento consumido en esta reacción, es el más simple
en el universo porque su núcleo consiste de un solo protón. En el
núcleo del helio hay dos protones y dos neutrones. El proceso que
tiene lugar en el sol es la fusión de cuatro átomos de hidrógeno para
convertirse en uno de helio.
Durante ese proceso es liberada una gran cantidad de energía. Casi
toda la energía térmica y luminosa que llega a la Tierra es producto
de esa reacción nuclear solar.
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Núcleos de hidrógeno con un solo protón
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Núcleo de helio con dos protones y dos neutrones
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REACCION EXACTA EN EL SOL
1) Arriba: En el sol se unen cuatro átomos de hidrógeno
para formar un solo átomo de helio.
2) Abajo: Este es un proceso de dos pasos. En el
primero se funden dos átomos de hidrógeno formando uno de deuterión.
Esta transformación es lenta y permite que el sol se queme constantemente.
3) Página de enfrente: Si la fuerza nuclear fuese
un poco más potente, se formaría un di-protón en vez de un deuterión.
Pero una reacción así no puede sostenerse por un lapso de tiempo prolongado:
en unos pocos segundos ocurriría una explosión catastrófica incontrolada.
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Núcleos de hidrógeno con un solo protón
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Núcleo de deuterión con un Protón y un Neutrón
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Núcleos de hidrógeno con un solo protón
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Núcleo de di-protón con dos protones
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¿Qué fuerza podría ser suficientemente grande para producir un deuterión
uniendo por medio de la presión dos núcleos? Esa fuerza es "la fuerza
nuclear fuerte", una de las cuatro fuerzas fundamentales de las que
hablamos antes. Se trata de la fuerza física más poderosa del universo,
la que es billones de billones de billones de billones de veces más
fuerte que la gravitatoria. Solamente dicha fuerza puede producir
la unión de los dos núcleos mencionados.
Pero lo realmente
curioso de todo esto es que las investigaciones muestran que la fuerza
nuclear fuerte, a pesar de su fortaleza, apenas alcanza para hacer
lo que hace. Si fuese levemente más débil no sería capaz de producir
la unión de los dos núcleos. Por el contrario, dos protones que se
acercasen uno otro se repelerían inmediatamente, con lo que la reacción
en el sol se vería frustrada incluso antes de iniciarse. En otras
palabras, el sol no existiría como una estrella radiante de energía.
Respecto a esto, dice George Greenstein: "Si la fuerza fuerte hubiera
sido levemente menor, nunca se habría encendido la luz del mundo".40
¿Pero, qué hubiera sucedido si la fuerza nuclear fuerte fuera más
fuerte? Para responder a esto tenemos que ver primero de un modo algo
más detallado el proceso por el que dos átomos de hidrógeno se convierten
en un deuterión. En primer lugar, uno de los protones es despojado
de su carga eléctrica y se convierte en un neutrón, proceso que se
logra con la "fuerza nuclear débil". Al unirse ese neutrón a un protón
forman un deuterión. La fuerza que causa esta unificación es la "fuerza
nuclear fuerte". La "fuerza nuclear débil" lo es sólo comparativamente,
y le lleva diez minutos realizar la conversión. A nivel atómico se
trata de un tiempo inmensamente prolongado y tiene el efecto de disminuir
la velocidad de la reacción que tiene lugar en el sol.
¿Volvamos ahora a nuestra pregunta. Qué sucedería si la fuerza nuclear
fuerte fuese más potente? La respuesta es que la transformación en
el sol cambiaría dramáticamente porque la fuerza nuclear débil sería
eliminada de la reacción.
Si la fuerza nuclear fuerte fuese algo más potente de lo que es,
podría fusionar dos protones inmediatamente, sin tener que esperar
diez minutos para que un protón se convierta en un neutrón. Como resultado
de esa reacción, habría un núcleo con dos protones en vez de un deuterión.
A un núcleo así los científicos lo llaman "di-protón". Se trata de
una partícula teórica cuya formación de modo natural nunca se ha observado.
Pero si la fuerza nuclear fuerte fuese mucho más potente de lo que
es, entonces en el sol habría di-protones reales. ¿Y entonces qué?
Sucederia que por medio de acabar con la conversión de protón a neutrón,
estaríamos eliminando la "válvula reductora" que mantiene al "motor"
del sol operando tan lentamente como lo hace. George Greenstein explica
cuál sería el resultado de ello:
"El sol cambiaría porque la
primera etapa en la formación del helio ya no sería la formación del
deuterión sino la formación del di-protón. Y esta reacción no involucraría
para nada la transformación de un protón en un neutrón. Se eliminaría
el papel de la fuerza nuclear débil y solamente estaría implicada
la fuerza nuclear fuerte…. y como resultado el combustible del sol
se convertiría repentinamente en muy bueno. Pasaría a ser tan potente,
tan forzosamente reactivo, que el sol y todas las estrellas similares
explotarían".41
La explosión del sol causaría que el mundo y todo lo que hay en él
estalle en llamas, transformando a nuestro planeta azul en otro quemado
en unos pocos segundos. Debido a que la fuerza nuclear fuerte está
tan precisamente conformada, calibrada, para no ser mayor ni menor
de lo que es, la reacción nuclear del sol se produce al nivel que
permite que la estrella radie luz y energía durante miles de millones
de años. Ese ajuste preciso es lo que permite que viva el género humano.
Si en este arreglo o disposición hubiese la más leve desviación, las
estrellas (incluido nuestro sol) no existirían, o de existir, explotarían
en un tiempo muy breve.
En otras palabras, la estructura del sol no es accidental ni involuntaria.
Todo lo contrario: Dios creó el sol para que la gente viva, como expresa
el versículo:
"El sol y la luna siguen cursos (exactamente) computados".
(Corán, 55:5)
Protones Y Electrones
Hasta ahora hemos examinado cuestiones concernientes a las fuerzas
que afectan los núcleos atómicos. Pero en el átomo hay otro equilibrio
importante que debemos considerar: el equilibrio entre el núcleo y
los electrones.

La masa y
el volumen de un protón son incomparablemente más grandes que
los de un electrón. Pero, aunque resulte muy extraño, ambas
partículas tienen igual carga eléctrica (aunque opuesta). Debido
a ello, los átomos son eléctricamente neutros.
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Dicho en los términos más simples, los electrones giran alrededor del
núcleo. Los electrones tienen carga negativa y los protones positiva.
Como cargas opuestas se atraen, los electrones del átomo son arrastrados
hacia el núcleo. Pero los electrones se mueven también a una velocidad
enorme, cosa que, bajo condiciones normales, provocaría que se alejen
del núcleo. Ambas fuerzas (centrípeta y centrífuga) están equilibradas,
de modo que los electrones se mueven en sus órbitas alrededor del
núcleo.
Los átomos también están equilibrados en término de sus cargas eléctricas:
el número de electrones que orbitan es el mismo de protones en el
núcleo. (Por ejemplo, el oxígeno tiene ocho protones y ocho electrones).
De esta manera la fuerza eléctrica de un átomo se equilibra y el átomo
es eléctricamente neutro.
Hasta ahora estamos hablando de física básica. Sin embargo, en esta
estructura aparentemente simple hay algo muy importante que muchos
pasan por alto. Un protón es bastante más grande que un electrón en
tamaño y en peso. Si un electrón fuese de la medida de una nuez, un
protón sería del tamaño de un ser humano. Físicamente son totalmente
distintos.
¡Pero tienen la misma carga eléctrica!
Aunque esas cargas son opuestas (el electrón negativa, el protón
positiva), son iguales en su intensidad. No existe ninguna razón obvia
para que esto sea así. Conceptual (y "lógicamente") un electrón debería
llevar una carga mucho más pequeña porque es mucho más chico.
¿Pero si esto fuese cierto, qué sucedería?
Lo que sucedería es que cada átomo en el universo estaría cargado
positivamente en vez de ser eléctricamente neutro. Y como cargas iguales
se repelen, cada átomo del universo repelería a todo otro átomo. La
materia, como la conocemos, no podría existir.
¿Qué sucedería si eso se vuelve real? Qué sucedería si cada átomo
empieza a repeler a otro?
Sucederían cosas absolutamente extraordinarias. Empecemos con los
cambios que ocurrirían en nuestros cuerpos. Las manos y brazos que
sostienen este libro, se romperían al instante. Y no sólo las manos
y brazos sino todo el cuerpo: las piernas, los ojos, los dientes.
Todas las partes del cuerpo explotarían en un santiamén.
La sala donde está sentado y el mundo que lo rodea se desplomarían
de inmediato. Todos los mares, las montañas, los planetas en el sistema
solar y todas las estrellas y galaxias del universo se harían añicos
y pasarían a formar un polvo cósmico. Y nunca volvería a haber nada
en el universo para observar, pues éste se convertiría en una masa
de átomos desorganizados empujándose entre sí.
¿Cuánta debería ser
la diferencia de las cargas eléctricas entre protones y electrones
para que suceda eso tan espantoso? ¿Del uno por ciento? ¿Del uno por
mil? George Greenstein trata esta cuestión en El Universo Simbiótico:
"Cosas pequeñas, como piedras, personas y otras, estallarían si las
dos cargas difiriesen tan sólo en 1/1011. Estructuras más
grandes, como la Tierra y el Sol, requieren para su existencia un
equilibrio aún más perfecto que el de 1/1018" .42
Aquí nos encontramos
con otro ajuste primoroso que prueba que el universo está creado y
diseñado con una intención, un propósito particular. Como sostiene
John D. Barrow y Frank J. Tipler en su libro El Principio Cosmológico
Antrópico, "hay un gran designio en el universo que favorece el desarrollo
de la vida inteligente".43
Por supuesto, todo diseño prueba la existencia de un
"diseñador" consciente. Éste es únicamente Dios, "el Señor de todos
los mundos", descrito en el Corán como la única Autoridad, Quien creó
el universo de la nada y lo diseñó y moldeó como El deseó. Dice el
Corán: …El edificó el cielo. Alzó su bóveda y le dio forma armoniosa.
(Corán, 79:27-28)
Gracias a los equilibrios extraordinarios que hemos visto en este capítulo,
la materia puede permanecer estable. Y esa estabilidad es la evidencia
de la perfección de la creación de Dios, como se revela en el Corán:
Y entre sus Signos está el que los cielos y la tierra
se sostengan por una orden Suya... (Corán, 30:25)