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SOLO EL AMOR PUEDE DERROTAR AL TERRORISMO - Harun Yahya

SOLO EL AMOR PUEDE
DERROTAR AL TERRORISMO

 



SOLO EL AMOR PUEDE DERROTAR AL TERRORISMO

ios revela que en el hombre, Su creación, ha infundido de Su espíritu (Corán, 32:9) y lo ha hecho Su representante en la Tierra (Corán, 6:165). Una de las diferencias más importantes entre los seres humanos y los animales es que los primeros fueron creados con deseos y conciencia. Toda persona posee deseos que le incitan al mal, así como una conciencia que le inspira evitarlo. Junto a los atributos producto de esta última --amor, sacrificio, compasión, humildad, afecto, lealtad y amabilidad-- también presenta tendencias destructivas indeseables que surgen de sus deseos mundanos. Gracias a su conciencia, sin embargo, el creyente puede distinguir entre lo correcto y lo equivocado y optar por lo que es moralmente justo. La creencia acendrada, el temor reverente a Dios, la fe en el más allá, la seguridad de la existencia de los tormentos sin fin en el infierno y el anhelo del Paraíso, mantienen acorralados los deseos mundanos. Por lo tanto siempre se comportará correctamente, perdonará, responderá con el bien a la iniquidad, asistirá al necesitado y exhibirá compasión, amor y tolerancia.

Los terroristas, por otra parte, prestan oído a sus deseos de violencia en vez de escuchar la voz de sus conciencias y entonces cometen todo tipo de perversidades con gran facilidad. Se convierten en desamorados, agresivos y dañinos, sin el más leve signo de arrepentimiento. No temen para nada a Dios, no aceptan de ningún modo la moral de la religión. Nada les impide cometer crímenes.

Las normas prevalecientes en las sociedades sólo pueden refrenar a sus ciudadanos hasta cierto punto. El estado, mediante la puesta en vigor de leyes y un poderoso sistema judicial, puede proteger sólo parcialmente las calles, los espacios públicos y tomar las medidas necesarias para asegurar el orden y el descenso de la tasa de criminalidad. Pero puesto que es imposible tener bajo vigilancia a cada individuo las veinticuatro horas del día, es esencial que en alguna medida exista un autocontrol de los individuos. Quien no presta atención a la voz de su conciencia puede convertirse fácilmente en un animal, por decisión propia o influenciado por quienes le rodean. El resultado, como lo podemos ver, es una sociedad de individuos que alegremente mienten cuando les apetece, sin ninguna compunción por el gozo de bienes mal habidos y sin perturbarse en lo más mínimo por oprimir y explotar al débil. Está claro que en una sociedad que ha perdido los valores espirituales y no teme en absoluto a Dios, las medidas puramente coercitivas no van a resolver ningún problema en última instancia. La moral de la religión, por otra parte, ordena a las personas evitar las malas acciones, incluso las que se pueden hacer contra uno mismo a sabiendas de que la comunidad nunca les castigará. Pero la persona que sabe que Dios le determinará el Paraíso o el Infierno después de rendirle cuentas por cada una de sus acciones, decisiones o palabras pronunciadas, siempre evitará el pensar u obrar mal.

Lo más probable es que las organizaciones terroristas se vean privadas de todo espacio en una sociedad cuya gente rehuye lo incorrecto por propia voluntad. Donde prevalece la moral de la religión desaparecen naturalmente los problemas que dan origen a las organizaciones que apoyan el uso de la violencia. Si toda la sociedad poseyese virtudes superiores como la honestidad, el sacrificio, el amor y la justicia, no podría haber ningún lugar para cosas como la pobreza, la distribución desigual de los bienes, la injusticia, la opresión al débil, las limitaciones a la libertad. Por el contrario, emergería un orden social que cubriría las carencias del necesitado, en donde el adinerado protegería a todos, donde cada uno contaría con la mejor atención médica, educativa y de los distintos servicios públicos. La relación entre los diversos grupos étnicos, religiosos y culturales estaría dominada por la tolerancia y la comprensión.

Por esas razones, la moral adecuada es la clave para resolver tantos problemas sociales. La fuente de esa clave, a su vez, es el Corán, al que Dios ha revelado como guía para la humanidad.


El Verdadero Islam es el Islam Moderado


...quien matara a una persona que no hubiera matado a nadie ni corrompido en la tierra, fuera como si hubiera matado a toda la Humanidad. Y que quien salvara una vida, fuera como si hubiera salvado las vidas de toda la Humanidad...
(Corán, 5:32)

Luego de la revelación del primer versículo coránico al Profeta Muhammad (PB) y a lo largo de un siglo, el Islam se expandió de una manera pocas veces vista en la historia de procesos religiosos o políticos. Partió desde la Península arábiga y abarcó el Medio Oriente, Africa del norte y llegó hasta España, por lo que atrajo mucho la atención de occidente. En palabras del conocido experto en Islam John L. Espósito, Lo más notable acerca de la primera expansión del Islam es la rapidez y éxito con que lo hizo. Los estudiosos de occidente se han maravillado de ello12. En los siglos siguientes el Islam llegó a todos los rincones del mundo, desde Indonesia hasta América Latina y hoy día es aceptado como la religión de más rápido crecimiento. Sus aproximadamente mil millones de seguidores representan un quinto de la población mundial. El interés en el Islam aumentó particularmente después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 (Para más detalles ver El Surgimiento del Islam por Harun Yahya).

Al observar el mundo islámico de hoy día vemos una amplia gama de prácticas religiosas, las que dependen de las distintas tradiciones, costumbres, herencias culturales y visiones del mundo de las distintas sociedades. Esto ha conducido a que algunos que se dedicaron a investigar o intentar comprender esta religión, se llevasen impresiones erróneas al tomar las tradiciones de la sociedad bajo examen como principios islámicos. La única manera de llegar a tener una opinión verdadera del Islam es dejando a un lado las particularidades folclóricas y volverse al Corán, donde se expone la esencia de la moral islámica, y a las acciones de nuestro Profeta (PB).

Que la mayoría de una sociedad sea musulmana, no significa que el comportamiento, puntos de vistas y juicios de ese conjunto social sean necesariamente islámicos ni que corresponda que se los defienda en nombre del Islam. Al evaluar la visión de esta religión, a nivel de individuo o comunidad, debe tenerse siempre presente lo que terminamos de decir. En otras palabras, pueden existir diferencias que generalmente surgen de las condiciones prevalecientes y la única manera de saber cuáles son islámicamente correctas es cotejarlas con el Corán --la fuente más exacta de la verdad del Islam-- y las acciones y dichos del Profeta (PB).

Juzgar a la religión y a los musulmanes sin estudiar el Corán para poder saber si una práctica particular corresponde o no al mismo, es una forma de proceder muy inapropiada. El examinar el estilo de vida de una sola comunidad islámica y sacar conclusiones generales respecto a los principios de la religión, puede conducir a serios errores. Lo primero que hay que hacer para obtener una opinión correcta es aprender el Islam de sus propias fuentes. Cuando los distintos modelos existentes en diferentes partes del mundo son considerados a la luz de los criterios originales, muchos que pensaban que ya conocían éstos, lo estarán haciendo por primera vez y entonces podrán desprenderse de los conceptos equivocados con los que juzgaban hasta ese momento.


El Islam Prohíbe la Matanza de Inocentes


El terrorismo apunta al inocente, aunque Dios prohíbe matar aunque más no sea a uno solo de ellos.

Según el Corán es un gran pecado matar a una persona inocente. Quien lo hace sufrirá un gran tormento en la otra vida:

...quien matara a una persona que no hubiera matado a nadie ni corrompido la tierra, fuera como si hubiera matado a toda la Humanidad. Y que quien salvara una vida, fuera como si hubiera salvado la vida de toda la Humanidad. Nuestros Mensajeros vinieron a ellos con las pruebas claras, pero, a pesar de ellas, muchos cometieron excesos en la tierra (Corán, 5:32).

¡Este versículo iguala el asesinato de un inocente con la matanza de toda la humanidad! Otro versículo expresa la importancia que la fe le da a la vida:

No invocan a otro dios junto con Dios, no matan a nadie que Dios haya prohibido, si no es con justo motivo, no fornican. Quien comete tal, incurre en castigo (Corán, 25:68).

En otro versículo Dios da la siguiente orden:

Di: "¡Venid, que os recitaré lo que vuestro Señor os ha prohibido: que Le asociéis nada! ¡Sed buenos con vuestros padres, no matéis a vuestros hijos por miedo de empobreceros --ya os proveeremos Nosotros, y a ellos--, alejaos de las deshonestidades, públicas o secretas, no matéis a nadie que Dios haya prohibido, sino con justo motivo! Esto os ha ordenado El. Quizás, así, razonéis" (Corán, 6:151).

Cualquier musulmán que cree en Dios con sinceridad de corazón, acata escrupulosamente sus versículos santos y teme el sufrimiento en el más allá, evitará cometer todo tipo de daño u ofensa. Sabe que el Señor de la Justicia Infinita le premiará apropiadamente por todas sus acciones. Nuestro Profeta Muhammad (PB) señaló el tipo de gente que no es del agrado de Dios: Quienes actúan cruel e injustamente en las tierras sagradas, quienes adhieren a la forma de ser del ignorante y quienes derraman sangre humana sin razón valedera13.


El Islam Ordena a la Gente Proceder con Rectitud

La moral islámica ordena a los creyentes comportarse de manera digna al tomar una decisión, hablar o trabajar, es decir, en todo los ámbitos de sus vidas. Los mandatos de Dios en el Corán y la sunnah de nuestro Profeta (PB), describen detalladamente lo que se entiende por justicia. Se trata de las mismas advertencias con las que todos los mensajeros mencionados en nuestro Libro llevaron la justicia y la paz a los lugares donde fueron enviados. Los profetas ayudaron a que los pueblos creyentes se saquen de encima la crueldad y el despotismo. Como Dios ha revelado en un versículo:

Cada comunidad tiene un Mensajero. Cuando venga su Mensajero, se decidirá entre ellos con equidad y no serán tratados injustamente (Corán, 10:47).

Una de las peculiaridades más importantes del Islam es que ordena la justicia en todo momento, aunque sea con una persona cercana y querida (que obra mal). Es lo que expresa Dios en otro versículo:

¡Creyentes! Sed íntegros en la equidad, cuando depongáis como testigos de Dios, aun en contra vuestra, o de vuestros padres o parientes más cercanos. Lo mismo si es rico que si es pobre, Dios está más cerca (que vosotros) de él. No sigáis la pasión faltando a la justicia. Si levantáis falso testimonio u os zafáis,... Dios está bien informado de lo que hacéis (Corán, 4:135).

Este versículo expresa claramente que para un creyente la riqueza o posición social de la persona con que uno trate no tiene ninguna importancia. Lo valioso es la equidad --nadie debería ser tratado injustamente-- y la implementación escrupulosa de los versículos santos de Dios. Nuestro Libro ordena también:

¡Creyentes! ¡Sed íntegros ante Dios cuando depongáis con equidad! ¡Que el odio a un pueblo no os incite a obrar injustamente! ¡Sed justos! Esto es lo más próximo al temor de Dios. ¡Y temed a Dios! Dios está bien informado de lo que hacéis (Corán, 5:8).

Aquí Dios ordena a los fieles actuar siempre rectamente, incluso con sus enemigos. Ningún musulmán puede justificar una actitud distinta diciendo que fulano o mengano alguna vez lo dañó o lo dejó en una situación difícil. El musulmán tiene la obligación de responder con buena voluntad y exhibir la moral que Dios le ha ordenado, aunque aquéllos con los que trate estén equivocados o sean enemigos.

El Todopoderoso ha prescrito:

Dios no os prohíbe que seáis buenos y equitativos con quienes (aún siendo infieles) no han combatido contra vosotros por causa de la religión, ni os han expulsado de vuestros hogares. Dios ama a los que son equitativos (Corán, 60:8). Aquí informa a los musulmanes como debería ser su relación con otras personas. Estos versículos son el fundamento de la actitud del creyente con los demás y facilitan que el sincero respalde siempre lo correcto, lo cual se expresa en otra parte así:

Entre nuestras criaturas hay una comunidad que se dirige según la Verdad y que, gracias a ella, observa la justicia (Corán, 7:181).

Otros versículos sobre la cuestión de la justicia expresan:

Dios os ordena que restituyáis los depósitos a sus propietarios y que cuando decidáis entre los hombres lo hagáis con justicia. ¡Qué bueno es aquello a que Dios os exhorta! Dios todo lo oye, todo lo ve (Corán, 4:58).

Di: "Mi Señor ordena la equidad. Dirigíos a El siempre que oréis e invocadle rindiéndole culto sincero (culto exclusivo). Así como os ha creado, volveréis (a El)" (Corán, 7:29).

Dios prescribe la justicia, la beneficencia y la liberalidad con los parientes. Prohíbe la deshonestidad, lo reprobable y la opresión. Os exhorta. Quizás, así, os dejéis amonestar (Corán, 16:90).


Las diferencias raciales y nacionales no son un elemento de conflicto, sino una fuente de riqueza cultural.

En todo el mundo hay personas sometidas a un trato cruel debido a su raza, idioma o color de piel. Pero el Corán sostiene que todas las personas son iguales y que la diferenciación según las características mencionadas carece de sentido. Las palabras de nuestro Profeta (PB), Todos ustedes descienden de Adán y éste fue creado de arcilla14, enfatizan que entre las personas no hay ninguna diferencia al momento de nacer. El color de la piel, la posición social o la riqueza no confieren ningún tipo de superioridad a ningún ser humano.

Según el Corán, una de las razones por las que existen tribus, pueblos e individuos distintos, es para "que se puedan conocer entre sí". Todos son siervos de Dios y deben aprender uno del otro las diferentes culturas, idiomas, costumbres y aptitudes. La existencia de pueblos y tribus distintos tiene como motivo principal la riqueza cultural, no la guerra y los conflictos. Todo verdadero creyente sabe que sólo la benevolencia --en otras palabras, el respeto reverente y la fe en El-- puede comunicar grandeza, superioridad. Dice Dios:

¡Hombres! Os hemos creado de un varón y de una hembra y hemos hecho de vosotros pueblos y tribus, para que os conozcáis unos a otros. Para Dios, el más noble de entre vosotros es el que más Le teme. Dios es Omnisciente, está bien informado (Corán, 49:13).

En otra parte revela:

Y entre Sus signos está la creación de los cielos y de la tierra, la diversidad de vuestras lenguas y de vuestros colores. Ciertamente, hay en ello signos para los que saben (Corán, 30:22).

La historia muestra que entre los musulmanes hubo muchos ejemplos de comportamientos honrados y de plena justicia con otros, lo cual ayudó a crecer al Islam con una velocidad increíble en un área amplia, que abarcó el Norte de Africa, todo el Medio Oriente e incluso la península ibérica. Por medio de esa expansión la civilidad y la tolerancia de la moral islámica llegó a muchos pueblos, comunidades e individuos, juntando a millones de personas en una relación de aceptación mutua nunca vista antes. El conocido investigador Joel Augustus Rogers ha examinado los distintos pueblos y la relación entre los negros y la gente de otros continentes. En su libro Sexo y Raza describe la influencia del Islam:

Algunas de las razones por las que el Islam sobrevivió con un brillo especial durante siglos, son la ausencia casi completa en esta religión de juicios o valores basados en la raza, el no tomar en cuenta el color de la piel o la clase social de los individuos y el hecho de que la promoción a los niveles más encumbrados de la comunidad se cimienta sólo en la capacidad... El Islam estableció el crisol de razas más grande y a la vez la sociedad con mayores libertades que se conoce en la historia, hecho que tuvo lugar en el interior del imperio que más se extendió en el mundo. En el momento de mayor poder ese imperio se expandía desde España y el centro de Francia en occidente, hasta la India, China y el Océano Pacífico en oriente, incluida el Asia Central. Los gobernantes de esos dilatados territorios tenían distintos tonos de piel. Pero los musulmanes les daban menos atención a esto que el que le confería el color de una flor a otra en un jardín15.


Joel Augustus Rogers

El profesor Hamilton Alexander Rossken Gibb es uno de los mayores expertos del mundo en Islam. En su libro ¿Adónde Va el Islam? describe cómo considera esta religión la relación entre pueblos distintos:

Ninguna otra sociedad ha alcanzado tantos éxitos en la integración de tantas razas distintas en un pie de igualdad, oportunidad y esfuerzos... El Islam aún tiene el poder de reconciliar elementos aparentemente irreconciliables en lo que hace a raza y tradición. Si alguna vez la gran oposición entre las sociedades de oriente y occidente fuera reemplazada por la cooperación, será una condición indispensable la mediación del Islam16.

La moral islámica apunta a una sociedad edificada sobre la fraternidad, la paz, la libertad y la seguridad. Es por eso que todas las comunidades que entraron en contacto con el Islam han renunciado a sus conductas opresivas, crueles y agresivas, pasando a construir sociedades pacíficas y civilizadas. (Para más detalles ver Justicia y Tolerancia en el Corán de Harun Yahya). Muchos historiadores occidentales han documentado en sus obras los efectos profundos y positivos del Islam sobre las comunidades con las que entraron en contacto. El profesor Robert Briffault discute la relación entre el Islam y la sociedad occidental en su libro Construyendo la Humanidad:

Las ideas que inspiraron a la Revolución Francesa, a la Declaración de Derechos --que sirvieron de referencia para la redacción de la Constitución de los Estados Unidos de América-- y a la lucha por la independencia en América Latina (y en otras partes), no fueron inventos de occidente. La fuente y raíz de esa inspiración están en el Corán17.

Las citas dadas indican que a través de los siglos la moral islámica ha enseñado a los pueblos el valor de la paz, la tolerancia y la justicia. Hoy día casi todos los pueblos buscan un modelo así y no existe ninguna razón para que una cultura como la islámica no vuelva a adquirir primacía. Todo lo que hace falta para ello es que la gente quiera vivir según la moral coránica. A ese efecto cada musulmán debe dar el ejemplo, de modo de poder invitar luego a otros a ese camino. Cuando cada uno, desde los niveles más altos a los más bajos, implemente la moral ordenada por el Corán, el conjunto se volverá compasivo, tolerante, respetuoso, magnánimo y cariñoso. A su vez esto hará que la paz se extienda por todos lados.


El Musulmán Debería Invitar a Otros de Manera Amable a Adoptar la Moral Islámica

Todo musulmán tiene el deber de llamar a otros a adoptar la moral islámica e informarles de la existencia de Dios y las pruebas de Su creación. Dios nos ha hecho conocer esa responsabilidad:

¡Que constituyáis una comunidad que llame al bien, ordenando lo que está bien y prohibiendo lo que está mal! Quienes obren así serán los que prosperen (Corán, 3:104). Dios también nos revela cómo debe ser hecha esa invitación:

Llama al camino de tu Señor con sabiduría y buena exhortación. Discute con ellos de la manera más conveniente. Tu Señor conoce mejor que nadie a quien se extravía de Su camino y conoce mejor que nadie a quien está bien dirigido (Corán, 16:125).

Una palabra cariñosa, un perdón valen más que una limosna seguida de agravio. Dios se basta a Sí mismo, es benigno (Corán, 2:263).

Los verdaderos creyentes saben de la importancia de esta responsabilidad:

creen en Dios y en el Ultimo Día, ordenan lo que está bien, prohíben lo que está mal y rivalizan en buenas obras. Esos tales son de los justos (Corán, 3:114). Por lo tanto llaman a todos los que les rodean --amigos, parientes, etc.-- a que crean en Dios, lo respeten como El se merece y exhiban la moral apropiada. Esta característica agradable de los musulmanes se describe así:

Pero las creyentes y los creyentes son amigos unos de otros. Ordenan lo que está bien y prohíben lo que está mal. Hacen la azalá (la oración), dan el azaque (la limosna) y obedecen a Dios y a Su Mensajero. De ésos se apiadará Dios. Dios es poderoso, sabio (Corán, 9:71).

De este versículo queda en claro que todos los creyentes, a lo largo de sus vidas, tienen la tarea de explicar esa moral apropiada por medio de vivirla a la vez que a otros recomiendan las buenas acciones y les recuerdan evitar el mal comportamiento. Dios ordena decir todo de modo suave:

Di a Mis siervos que hablen de la mejor manera que puedan... (Corán, 17:53).

Dios describe por medio de una analogía el hablar correcto e incorrecto:

¿No has visto cómo ha propuesto Dios como símil una buena palabra, semejante a un árbol bueno, de raíz firme y copa que se eleva en el aire, que da fruto en toda estación, con permiso de su Señor? Dios propone símiles a los hombres. Quizás, así, se dejen amonestar. Una mala palabra es, al contrario, semejante a un árbol malo arrancado del suelo: le falta firmeza. Dios confirma con palabra firme a quienes creen en la vida de acá y en la otra. Pero Dios extravía a los impíos. Dios hace lo que quiere (Corán, 14:24-27).

Cualquiera que desee llevar una vida virtuosa debería animar a otros a hacer lo mismo. Cualquiera que quiera ver el buen obrar debería hacer un esfuerzo por difundirlo. Cualquiera que quiera ver a otros comportarse en consonancia con su conciencia, debería impulsarlos a proceder así. Cualquiera que se opone a la crueldad debería advertir del error en que caen a aquellos que la avalan. En resumen, cualquiera que quiere que prevalezca lo correcto, debería llamar a otros a sostener esa actitud. Pero al hacer ese llamado, lo más importante es tener presente que sólo Dios puede inspirar a la gente a convertirse en musulmán y conseguir que las palabras amables tengan algún efecto sobre ellos. Dios ha revelado que nuestro santo Profeta (PB), como resultado de su noble carácter y moral superior, siempre trató bien a la gente y le ha puesto como modelo para toda la humanidad.


El Islam Ordena la Solidaridad y la Cooperación Entre las Personas

Dios ha dado la siguiente orden:

...Ayudaos unos a otros a practicar la piedad y el temor de Dios, no el pecado y la violación de la ley. Y temed a Dios. Dios castiga severamente... (Corán, 5:2).

¡Pues sí! Quien se someta a Dios y haga el bien, tendrá su recompensa junto a su Señor.
No tiene que temer y no estará triste
(Corán, 2:112)

Page 65) Dios no hará ni el peso de un átomo de injusticia a nadie. Y si se trata de una obra buena, la doblará y dará, por Su parte, una magnífica recompensa
(Corán, 4:40)

Como aclara el versículo, el fiel sólo lucha por lo que es correcto y tiene en cuenta que Dios conoce perfectamente el bien que hacéis (Corán, 4:127). Nunca olvida que será recompensado por todas sus acciones por nuestro Señor, Quien aclara que la amable ayuda mutua debe darse en el marco de "la piedad y el temor de Dios". También se explica el sentido de la piedad:

La piedad no estriba en que volváis vuestro rostro hacia el Oriente o hacia el Occidente, sino en creer en Dios y en el Ultimo Día, en los ángeles, En el Libro y en los profetas, en dar de la hacienda, por mucho amor que se le tenga, a los parientes, huérfanos, necesitados, viajero, mendigos y esclavos, en hacer la azalá (oración) y dar el azaque (limosna), en cumplir con los compromisos contraídos, en ser pacientes en el infortunio, en la aflicción y en tiempo de peligro. Esos son los hombres sinceros, ésos los temerosos de Dios (Corán, 2:177).

La verdadera bondad, por lo tanto, es más bien distinta a como la percibe la sociedad en general. Quienes no viven según la moral coránica ven sus buenas acciones como favores que ellos conceden. Generalmente esa actitud la restringen a dar dinero al menesteroso o a ceder el asiento en el bus a una persona mayor.

Pero como hemos visto en los versículos mencionados, el Corán describe la piedad como un concepto que abarca toda la vida del creyente, como una obligación que debe ser cumplimentada a lo largo de la existencia de la persona y no sólo cuando lo siente o recuerda que hay que proceder así.


La moral coránica exige humildad, tolerancia y amabilidad. En las sociedades que viven según estas virtudes, reinan la paz y la seguridad.

Como servidor honesto, el musulmán es sincero y ayuda al pobre y necesitado aunque él mismo pase necesidades o tenga que renunciar a cosas que ama (Corán, 76:8). Dios ha revelado que prestar asistencia, ayudar a otros y hacer el bien son cosas que incumben al musulmán: y parte de sus bienes correspondía de derecho al mendigo y al indigente (Corán, 51:19). Cuando los creyentes ayudan lo hacen sin condiciones y están dispuestos a cualquier sacrificio para impulsar a los demás hacia lo correcto. No esperan nada en retorno aparte de obtener el contento de Dios, Quien describe ese proceder:

"Os damos de comer sólo por agradar a Dios. No queremos de vosotros retribución ni gratitud. Tememos, de nuestro Señor, un día terrible, calamitoso" (Corán, 76:9-10).

Los musulmanes saben que Dios es el Señor de la justicia infinita y nunca olvidan que su buen comportamiento será adecuadamente premiado en el más allá. Tampoco olvidan que la vida en este mundo sólo es temporaria y que su verdadera morada yace en Dios. En el Corán el Todopoderoso advierte a la gente del fin inevitable y la llama a comportarse de un modo que sea de Su aceptación:

No hemos creado sino con un fin los cielos, la tierra y lo que entre ellos hay. Sí, la Hora llega. Perdona, pues, generosamente (Corán, 15:85).

Servid a Dios y no le asociéis nada. Sed buenos con vuestros padres, parientes, huérfanos, pobres, vecinos --parientes y no parientes--, el compañero de viaje, el viajero (es decir, el seguidor de la causa de Dios) y vuestros servidores. Dios no ama al presumido, al jactancioso (Corán, 4:36).

La recompensa para quienes exhiben un comportamiento deleitable es el anuncio de buenas nuevas:

Quienes, en cambio, crean y obren bien... No dejaremos de remunerar a quienes se conduzcan bien (Corán, 18:30).

A los que temieron a Dios se les dirá: "¿Qué ha revelado vuestro Señor?". Dirán: "Un bien". Quienes obren bien tendrán en la vida de acá una bella recompensa, pero la Morada de la otra vida será mejor aún. Qué agradable será la Morada de los que hayan temido a Dios. Entrarán en los Jardines del Edén, por cuyos bajos fluyen arroyos. Tendrán en ello lo que deseen. Así retribuye Dios a quienes Le temen (Corán, 16:30-31).


El Islam nos Ordena Hacer el Bien y Evitar el Mal

Los creyentes adquieren el sentido correcto de lo conveniente y de lo perjudicial por medio del Corán, libro revelado por Dios como la Norma, que discierne lo verdadero de lo falso. Conceptos tales como "bueno" o "malo",·"justo" o "equivocado", son ilustrados en el Corán por medio de ejemplos que cualquiera puede comprenderlos. El respeto reverente a Dios brinda la luz y comprensión para ayudar a distinguir entre los ventajoso y lo inconveniente (Corán, 8:29).

Los musulmanes se pasan toda la vida poniendo a prueba su conciencia sobre lo bueno y lo malo, como lo describe el Corán. También cargan con otra responsabilidad importante: invitar a los seres humanos a ver la verdad, evitar las cosas perjudiciales y vivir de acuerdo a la moral coránica. El creyente hace notar permanentemente a los demás la diferencia entre el bien y el mal, porque Dios ha dado la siguiente orden a quien es fiel a El:

Que constituyáis una comunidad que llame al bien, ordenando lo que está bien y prohibiendo lo que está mal. Quienes obren así serán los que prosperen (Corán, 3:104).

En un versículo Dios enfatiza que quienes obren de acuerdo a esta orden serán mucho más felices que otros:

Sois la mejor comunidad humana que jamás se haya suscitado: ordenáis lo que está bien, prohibís lo que está mal y creéis en Dios. Si la gente de la Escritura creyera, les iría mejor. Hay entre ellos creyentes, pero la mayoría desvían a otros (Corán, 3:110).

El fiel cumple lo que dicta el Corán no sólo frente a los que son ignorantes de las diferencias entre lo correcto y lo incorrecto, sino también frente a los iguales a él. A veces la gente cae en el error no sólo por ignorancia sino también por descuido, por equivocación o por seguir deseos mundanos. Es entonces que el ubicado en lo correcto aconseja el bien, señala lo incorrecto y recuerda las órdenes coránicas. Advierte que quien en este mundo cae en la mala acción sufrirá los tormentos del infierno; que sólo los que hacen el bien y cumplen devotamente sus obligaciones religiosas serán premiados con el Paraíso. Esa responsabilidad maravillosa significa que nunca se cansa de advertir a los demás, con compasión y misericordia, independientemente de los errores en los que incurran. El Corán revela en muchos versículos que Dios ama a los pacientes y por eso llama a los creyentes a ser así cuando dan ejemplos de la moral coránica:

¡Vosotros, los que creéis, buscad ayuda en la paciencia y en la azalá (oración)! Dios está con los pacientes (Corán, 2:153).

En cambio, quienes sean pacientes y obren bien, obtendrán perdón y una gran recompensa (Corán, 11:11).


El Islam Ordena Retribuir con el Bien a Quien nos Hace el Mal

No es igual obrar bien y obrar mal. Repele (el mal) con lo que sea mejor y he aquí que aquél de quien te separe la enemistad se convertirá en amigo ferviente (Corán, 41:34).

Repele el mal con algo mejor (con un bien equivalente o con algo que sea mejor). Sabemos bien lo que cuentan (Corán, 23:96).


Quien presente una buena obra, recibirá diez veces más. Y quien presente una mala obra, será retribuido con sólo una pena semejante. No serán tratados injustamente
(Corán, 6:160)

En estos versículos Dios promete al creyente que obtendrá resultados positivos en tanto adopte una actitud afable frente al malhechor. El Corán subraya que la persona de fe puede establecer una relación cálida hasta con el enemigo. Responder al mal con el bien también es parte de la compasión. Cuando algún creyente ve a otros adoptando posiciones que no serán del agrado de Dios, en lo primero que piensa es en cómo les afectará en el más allá. Después se aproxima a ellos con humildad y tolerancia, cuidándose de no mostrarse engreído.

En el curso de sus vidas los creyentes pueden cruzarse con gente de características muy distintas. No obstante, no modificará su visión de la moral debido a la gente con la que se encuentre. Otros pueden burlarse, decir malas palabras, encolerizarse o incluso ser hostiles. Pero el verdadero creyente siempre es cordial, modesto y comprensivo. Nunca responderá a las expresiones soeces con otras iguales. No se burlará del burlón, no responderá con cólera al encolerizado, sino que permanecerá paciente y tolerante. Frente al comportamiento insultante responderá según la moral verdadera y con una comprensión tal que el otro se avergonzará. Esa es la conducta que nos recomienda nuestro Profeta (PB). Dice un hadiz: No respondas la malicia de la misma manera, sino que disculpa y perdona18. En otro hadiz exhorta a los creyentes en los siguientes términos: Ninguno de ustedes tiene que ser el tipo de persona débil que dice: "Quien no tenga compasión no la recibirá"19.

En el Corán se le dice a nuestro Profeta (PB) que perdone cuando es traicionado por alguno de los hijos de Israel:

Por haber violado su pacto (con Nosotros) les hemos maldecido y hemos endurecido sus corazones. Alteran el sentido de las palabras (reveladas); olvidan parte de lo que se les recordó. (Tú, Muhammad), siempre descubrirás en ellos alguna traición, salvo en unos pocos. ¡Borra sus faltas, perdónales! Dios ama a quienes hacen el bien (Corán, 5:13).

Como enseña este versículo, la pobreza moral exhibida por algunos no justifica proceder de la misma manera. Cada uno es responsable de sus acciones sólo ante Dios. Según el Corán, obrar con la comprensión, el afecto y la moral conveniente frente al mal comportamiento de alguien, es un signo de superioridad moral que revela el grado de devoción a Dios del creyente. Un versículo revela el premio que se alcanzará con esa actitud apacible:

Para quienes obren bien, lo mejor (el Paraíso) y más (la visión beatífica). Ni el polvo ni la humillación cubrirán sus rostros. Esos morarán en el Jardín eternamente (Corán, 10:26).


El Corán Ordena al Creyente Perdonar Siempre

Un signo importante de compasión es la capacidad de perdonar. Dios pide a sus servidores, ¡Sé indulgente! (adopta el perdón como conducta), prescribe el bien y apártate de los ignorantes! (Corán, 7:199).

Alguien puede considerar que es difícil actuar así, pero es algo que Dios premia bien. Seguramente el que se encoleriza no querrá perdonar los errores, pero el Todopoderoso ha revelado al creyente que es mejor hacerlo:

Una mala acción será retribuida con una pena igual, pero quien perdone y se reconcilie recibirá su recompensa de Dios... (Corán, 42:40).

En otro versículo Dios revela: Quien es paciente y perdona, eso sí que es dar muestras de resolución (Corán, 42:43). También subraya que se trata de una forma de moral superior:

Quienes de vosotros gocen del favor (divino) y de una vida acomodada, que no juren que no darán más a los parientes, a los pobres y a los que han emigrado por Dios. Que perdonen y se muestren indulgentes. ¿Es que no queréis que Dios os perdone? Dios es indulgente, misericordioso (Corán, 24:22).

Con esas palabras el Todopoderoso anima al devoto a considerar el beneficio que obtiene al ser misericordioso y le ha ordenado que trate a otros como le gustaría que lo tratasen a él. Todos los creyentes quieren que Dios les perdone, proteja, sea clemente con ellos, y por eso mismo están dispuestos a disculpar y perdonar los errores de los demás. Esto es lo que mueve a los fieles a perdonarse mutuamente. Nuestro Profeta (PB) los estimulaba con estas palabras: Que la persona más cercana a Dios con algún poder (terrenal), perdone a quien lo ha agraviado20.


Al creyente, varón o hembra, que obre bien, le haremos, ciertamente, que viva una vida buena y le retribuiremos, sí, con arreglo a sus mejores obras
(Corán, 16:97)

Al saber los creyentes que en algún momento se equivocarán en algo, serán tolerantes con otros. Esos versículos del Corán que tratan del arrepentimiento, dejan en claro que cometer un error nunca es tan importante como la determinación de no volver a cometerlo jamás. Uno de ellos expresa:

Dios perdona sólo a quienes cometen el mal por ignorancia y se arrepienten enseguida. A éstos se vuelve Dios. Dios es omnisciente, sabio (Corán, 4:17).

Cuando el creyente ve la sinceridad en la persona con la que trata, actúa con compasión y perdona. Si alguien cometió un error y se arrepiente en verdad, no se le puede juzgar por sus acciones pasadas. Si un individuo comete un error grave sin doblez, el creyente no tendrá ningún problema en perdonarle porque Dios recomienda ese comportamiento como un ejemplo de la moral debida:

que dan limosna (gastan) tanto en la prosperidad como en la adversidad, reprimen la ira, perdonan a los hombres --Dios ama a los que hacen el bien-- (Corán, 3:134).

El creyente, al perdonar, no hace distinción entre el error pequeño o grande ni procede de acuerdo a una medida. Sabe que todo ocurre con el permiso de Dios como parte de lo que El destina a cada uno. En consecuencia, si alguien se equivoca y le produce deterioros severos o perjuicios financieros muy graves, se pone en manos de Dios y no se encoleriza o deprime. Y si el error llega a costarle la vida al fiel, sus deudos sometidos a Dios sabrán ser pacientes.

Por otra parte, si alguien viola normas coránicas y se excede de los límites puestos por Dios, el creyente jamás puede juzgarlo o dejar de perdonarlo, bajo ningún motivo, pues sólo El puede dictaminar sobre el comportamiento de los humanos. El verdadero arrepentimiento tendrá su premio sólo frente a Dios, Quien ha revelado en muchos versículos que no perdona que se Le asocie (otros a El) (Corán, 4:48), pero sí perdonará las equivocaciones de los creyentes que se arrepientan de corazón. Puesto que ningún ser humano puede saber a ciencia cierta si otro se ha arrepentido francamente, nosotros debemos perdonar de la manera en que Dios ha revelado y tratar a los que se equivocan de acuerdo a como lo indica el Corán respecto a cada cuestión.


El Islam Ordena un Comportamiento Afable

Dios posee una compasión infinita y es perdonador, protector y manso con los creyentes. El Compasivo y Misericordioso ha puesto a disposición de los seres humanos todas las bendiciones del universo y los auxilia con mensajeros que informaron sobre el sendero recto. Cada una de sus revelaciones es un poste indicador que lleva a ese camino y el conjunto de las mismas son la guía para llegar a ser Sus siervos sinceros. Nuestro Señor es Halim (El Clemente), Adl (El Señor de la Justicia Infinita), 'Afuw (El Perdonador), 'Aziz (El Poderoso), Barr (La Fuente de todo Favor), Ghafir (El Indulgente), Hafiz (El Protector), Karim (El Generoso), Latif (El Sutil), Muhsin (El Señor de la Bondad Infinita), Ra'uf (El Compasivo), Salam (La Paz), Tawwab (El Aceptador del Arrepentimiento) y Wahhab (El Dador).

Los creyentes, si en verdad están empapados de amor y compasión, se caracterizan por saber que están bajo la protección de nuestro Señor y por ser conscientes de Su benevolencia y gracia Infinita. Debido a eso anhelan convertirse en el tipo de siervo a quien El los ve con deleite, por lo que merecen Su misericordia y Paraíso. El musulmán auténtico siempre trata a los demás con bondad. Dios ha ofrecido como ejemplo a ser seguido por todos los creyentes la naturaleza mansa de nuestro Profeta (PB):

Por una misericordia venida de Dios, (Tú, Muhammad,) has sido suave con ellos (con los creyentes). Si hubieras sido áspero y duro de corazón, se habrían escapado de ti. Perdónales, pues, y pide el perdón de Dios en su favor y consúltales sobre el asunto. Pero, cuando hayas tomado una decisión, confía en Dios. Dios ama a los que confían en El (Corán, 3:159).


¡Y ten paciencia! Dios no deja de remunerar a quienes hacen el bien
(Corán, 11:115)

Quien es paciente y perdona, eso sí que es dar muestras de resolución
(Corán, 42:43)

Este versículo explica que esa naturaleza propia del Profeta (PB) ejerció una influencia positiva sobre la gente, ayudando a aumentar la devoción a El. El Corán también nos da como modelos a imitar la naturaleza pacífica de otros profetas. Un versículo nos relata la influencia positiva que ejerció el Profeta Suayb (P) y como hizo más fuerte la obediencia a Dios. Al ser enviado al pueblo de Madián, sus habitantes le dijeron, ...Tú eres, ciertamente, el benigno, el honrado (Corán, 11:87). La moral superior del Profeta Abraham (P) es otro ejemplo para todos. El Corán nos relata que era tierno, manso y muy cariñoso:

El perdón que Abraham pidió para su padre no fue sino en virtud de una promesa que le había hecho; pero, cuando vio claramente que era enemigo de Dios, se desentendió de él. Abraham era, ciertamente, tierno, benigno (Corán, 9:114).

Abraham era, ciertamente, benigno, tierno, estaba arrepentido (Corán, 11:75).

Dios ha ordenado a Sus creyentes que se comporten siempre de manera agradable, que hablen amablemente y que traten bien al prójimo. Sus profetas obraron así. Por ejemplo, cuando el Profeta Moisés (P) se iba a dirigir donde estaba Faraón --uno de los gobernantes más crueles y represores de todas las épocas-- Dios le habló en estos términos:

Ve, acompañado de tu hermano, con Mis signos, y no descuidéis el recordarme. Id a Faraón. Se muestra rebelde. Hablad con él amablemente Quizás, así, se deje amonestar o tenga miedo de Dios (Corán, 20:42-44).

Estos versículos son un importante recordatorio de que todos tienen la obligación de vivir la moral que revela el Corán, que es la de los profetas. El Corán propone los siguientes ideales para el género humano: amar a todas las criaturas creadas por Dios; ser gentil y amable de la mejor manera posible; favorecer siempre el compromiso y la tolerancia; no hablar nunca de forma ruda, incluso en las circunstancias más exasperantes; cuando sea preciso, sacrificarse con gusto y voluntariamente; desear y buscar siempre lo mejor para los demás; relegar los deseos personales; querer para los demás exactamente lo que se quiere para uno; estar siempre dispuesto a asistir a otros en caso de necesidad y rechazar todas las formas de crueldad. Sin duda, este es el modelo ético que están buscando los habitantes del planeta.


El Islam Defiende la Libertad de Culto

En materia de creencia el Islam ofrece a la gente una libertad completa en el lenguaje más claro. Así ha sido desde que fue revelado y constituye la base de la moral islámica de hoy día. Los versículos sobre el tema son transparentes:

No cabe coacción en religión. La buena dirección se distingue claramente del descarrío. Quien no cree en los taguts (todo lo que es adorado fuera de Dios y aleja de El: demonios, ídolos, magos, adivinos, etc.) y cree en Dios, ese tal se ase del asidero más firme, de un asidero irrompible. Dios todo lo oye, todo lo sabe (Corán, 2:256).

Una palabra cariñosa, un perdón valen más que una limosna seguida de agravio. Dios se basta a Sí mismo, es benigno
(Corán, 2:263)

Según el Islam las personas son libres de elegir la creencia que deseen y nadie puede obligar a alguien en tal sentido. Es cierto que el musulmán tiene el deber de comunicar el Islam y explicar la existencia de Dios, hacer saber que el Corán es el libro de Su revelación y que el Profeta Muhammad (PB) fue Su mensajero, hablar del más allá, del Día del Juicio y de la belleza de la moral coránica.

Pero todo ello solamente se tiene que explicar y de ninguna manera corresponde tratar de imponer alguna de esas cosas. Dios informa en un versículo a nuestro Profeta (PB) que él es solamente un mensajero:

Llama al camino de tu Señor con sabiduría y buena exhortación. Discute con ellos de la manera más conveniente. Tu Señor conoce mejor que nadie a quien se extravía de Su camino y conoce mejor que nadie a quien está bien dirigido (Corán, 16:125).

Otro versículo dice:

Y di: "La Verdad viene de vuestro Señor. Que crea quien quiera, y quien no quiera que no crea... (Corán, 18:29). Nuestro Señor advierte al Profeta Muhammad (PB): Tú, quizá, te consumas de pena porque no creen (Corán, 26:3). También le recuerda lo siguiente:

Sabemos bien lo que dicen (los infieles)... No debes tú forzarles. Amonesta, más bien, por el Corán a quien tema Mi amenaza (Corán, 50:45).

La gente es libre de elegir de manera correcta o equivocada. Cuando se explica el Islam --el sendero verdadero que Dios ha revelado--, muchos creen por propia decisión, sin estar sometidos a ninguna presión. El que se equivoca en su elección, tendrá que enfrentar las consecuencias en el más allá. En esto el Corán es absolutamente claro: Si tu Señor hubiera querido, todos los habitantes de la tierra, absolutamente todos, habrían creído. Y ¿vas tú a forzar a los hombres a que sean creyentes,... (Corán, 10:99).

Si tu Señor hubiera querido, todos los habitantes de la tierra, absolutamente todos, habrían creído. Y ¿vas tú a forzar a los hombres a que sean creyentes,...?
(Corán, 10:99)

¡Amonesta, pues! Tú eres sólo un monitor, no tienes autoridad sobre ellos
(Corán, 88:21-22)


Cuando el creyente explica la religión, algunos pueden pasar a creer mientras que otros pueden ser aprensivos y burlones. Quien sigue su conciencia puede decidir dedicar su vida a agradar a Dios aunque otros --como los que rechazan su forma de proceder-- seguramente se valdrán de palabras perversas para repudiarlo. Pero el rechazo de gente así no debe perturbar a quienes invitan al sendero recto. Dios ha expresado: La mayoría de los hombres, a pesar de tu celo, no creen. Y tú no les pides un salario a cambio. No es sino una amonestación dirigida a todo el mundo (Corán, 12:103-104).

Lo importante es que quien obra de acuerdo con el Corán y despliega el tipo de moral que agrada a Dios, no hace ninguna concesión respecto de sus valores, independientemente de las reacciones que enfrente y deja las cosas en manos de Dios, Quien nos ha dicho que Su religión tiene que ser explicada de la manera más cordial:

No discutáis sino con buenos modales con la gente de la Escritura, excepto con los que hayan obrado impíamente. Y decid: "Creemos en lo que se nos ha revelado a nosotros y en lo que se os ha revelado a vosotros. Nuestro Dios y vuestro Dios es Uno. Y nos sometemos a El" (Corán, 29:46).

No debemos olvidar que cada suceso, grande o pequeño, tiene lugar de acuerdo a los designios de Dios, Quien revela el sendero auténtico a los invitados a creer en El. Por esa razón el creyente no se angustia por el comportamiento de quienes rechazan a Dios. El Corán da distintos ejemplos: Tú quizá te consumas de pena, si no creen en esta historia (el mensaje coránico), por las huellas que dejan (como mal ejemplo en el prójimo) (Corán, 18:6). Es decir, Dios le dice a nuestro Profeta (PB) que no se aflija cuando al exhortar a creer lo rechazan. También leemos: Tú no puede dirigir a quien quisieras. Dios es, más bien, Quien dirige a quien El quiere. El sabe mejor que nadie quienes son los que siguen la buena dirección (Corán, 28:56).

Esto significa que en toda oportunidad que se invita a alguien a creer, las palabras cariñosas y cada detalle de ese llamado solamente pueden tener efecto sobre quien los escucha, si Dios quiere.

La única responsabilidad del creyente es llamar a la gente a seguir el Corán. No puede ser condenado por el rechazo de los incrédulos a torcer su camino, ni porque se autocondenen, en definitiva, a los tormentos del infierno: Te hemos enviado con la Verdad como nuncio de buenas nuevas y como monitor, y no tendrás que responder de los condenados al fuego del Infierno (Corán, 2:119).

Dios ha dado al género humano razón y conciencia. Sus mensajeros y los libros divinos revelados a ellos exhiben el sendero de la Verdad y la gente es responsable de lo que elige con total libertad.


¿Quién hay, pues, que hable mejor que quien llama a Dios, obra bien y dice: “Soy de los que se someten a Dios”?
(Corán, 41:33)

La moral islámica sólo puede ser vivida por medio de una decisión sincera, entregándose a Dios y atendiendo el dictado de la conciencia, que siempre ordena actuar correctamente. Es una violación absoluta de la moral islámica forzar a otros a creer en algo determinado, porque la creencia es incondicionalmente una resolución individual. Si algún sistema obliga a adoptar una fe, los que se "convierten" lo harán sólo por temor. La única manera de vivir una religión es en un entorno que permita la total e irrestricta libertad de conciencia. Esto es lo que Dios reveló a nuestro Profeta (PB):

¡Amonesta, pues! Tú eres sólo un monitor, no tienes autoridad sobre ellos. Sin embargo, a quien se desvíe y no crea, Dios le infligirá el castigo mayor. Volverán todos a Nosotros. Luego, nos tocará a Nosotros pedirles cuenta (Corán, 88:21-26).

Vale la pena enfatizar que el Islam da total libertad a las personas para elegir su religión, así como ordena respetar a todas las religiones. Incluso si alguien cree en lo que el Corán denomina superstición, puede vivir seguro y en paz en tierras musulmanas y cumplir con sus ritos sin problemas. Dios ordena a nuestro Profeta (PB) lo que tiene que decir a quienes Le rechazan:

Di: "¡Infieles! Yo no sirvo lo que vosotros servís, y vosotros no servís lo que yo sirvo. Yo no sirvo lo que vosotros habéis servido y vosotros no servís lo que yo sirvo. Vosotros tenéis vuestra religión y yo la mía" (Corán, 109:1-6).

Al amparo de la moral coránica cualquiera es libre de actuar según su creencia y nadie debería impedirlo ni obligarle a seguir una conducta distinta. Esto último viola la moral y es inaceptable para Dios. El Corán describe los monasterios, las iglesias, las sinagogas y los lugares de adoración de la Gente del Libro bajo Su protección:

...Si Dios no hubiera rechazado a unos hombres valiéndose de otros, habrían sido demolidas ermitas, iglesias, sinagogas y mezquitas, donde se menciona mucho el nombre de Dios. Dios auxiliará, ciertamente, a quienes Le auxilien. Dios es, en verdad, fuerte, poderoso (Corán, 22:40).

La vida de nuestro Profeta (PB) exhibe permanentemente esa forma de proceder. Cuando los cristianos fueron a verlo, permitió que recen en su mezquita21. Ese tipo de tolerancia fue mantenido durante la época de los califas que le sucedieron. Después de la captura de Damasco una iglesia que se había transformado en mezquita fue dividida en dos para que cada comunidad rece en una parte de ella22.


El Islam Ordena Abolir la Opresión

Los musulmanes nunca deberían permanecer callados frente a la injusticia de la que son testigos ni ante la que se enteran por boca de otros. Su compasión, que surge de la moral coránica, les dirige a defender al explotado, a oponerse a la crueldad, a la humillación y a la tiranía, y a combatir ideológicamente según sus creencias. Ya sea que tratemos con los amigos más cercanos o con extraños totalmente desvinculados de nosotros, debemos evitar la opresión. Más aún, hay que aprovechar la oportunidad para ganarse el contento de Dios y llevar a la práctica la moral coránica. Dado que la conciencia del creyente es muy sensible, su compasión nunca le permite hacerse el distraído ante la más leve injusticia o crueldad. Se pondrá a la vanguardia de la moral evitando cualquier acción que podría ser injusta o denigrante para otros. En cualquier momento que ve a alguien actuando así, su conciencia no tendrá paz hasta hacer todo lo posible para corregir esa situación. La verdadera compasión no permite pasar por alto o subestimar el mal trato, de cualquier tipo que sea.

Es raro que el ignorante enfrente la opresión y por lo general sólo lo hace cuando le afecta individualmente o le pisa los talones. Esa dejadez o individualismo proviene de olvidar o negar que en el más allá estará frente a frente con todo lo hecho en esta vida. Pero el creyente, bien consciente de ello, tratará a todos con gran compasión, incluso al desconocido y buscará rescatarlo de la vejación. Aunque nadie lo apoye en esa tarea, juntará todas sus fuerzas para impedir los actos de crueldad. Si bien la mayoría de las personas se comportan de otro modo, el creyente nunca quitará de su conciencia las obligaciones que debe atender. Los musulmanes saben que en la otra vida tendrán que rendir cuenta por lo que hicieron o dejaron de hacer para evitar el mal y que entonces de nada valdrán las excusas del tipo "no lo vi", "no lo escuché", "nunca me imaginé lo que iba a pasar".

Fue revelado: ...y vendrá, solo, a Nosotros (Corán, 19:80). La gente será llevada ante Dios y tendrá que rendir cuentas de lo que hizo en este mundo, por lo que será juzgada. Sólo quienes en esta vida sigan los dictados de su conciencia primigenia saldrán airosos de esa situación. Quienes se comporten bien oponiéndose a toda forma de crueldad, combatiendo el mal y permaneciendo en el sendero de Dios, pueden esperar el premio apropiado. Dios se refiere a esto:

¡Pues sí! Quien se someta a Dios y haga el bien, tendrá su recompensa junto a su Señor. No tiene que temer y no estará triste (Corán, 2:112).

 

    

12. John L. Esposito, Islam: The Straight Path (El Camino Recto), Oxford: Oxford University, Reino Unido, 1991, p. 33
13. Hadiz de Sahih Bukhari
14. Ultimo sermón del Profeta Mahoma
15. Andy Thomas, Islam Insanligin Ruh (El Islam es el Espíritu de la Humanidad), Timas Yayinlari, Estambul, 1997, p. 33
16. H.A.R. Gibb, Whither Islam? (¿Adónde va el Islam?), Londres, 1932, p. 379
17. Prof. Robert Briffault, Insanligin Gelisimi (The Making of Humanity --Construyendo la Humanidad--), http://www.tolueislam.com/Shabbir/SA_WINC_4.htm, Andy Thomas, Islam Insanligin Ruh (Islam is the Spirit of Humanity --El Islam es el Espíritu de la Humanidad--), Timas Yayinlari, Estambul, 1997, p. 38
18. Sahih Bukhari, Volumen 6, Libro 60, Número 362
19. Hadiz de Sahih Bukhari
20. http://www.therevival.co.uk/articles/hadith_nonviolence.htm
21. Ali Bulac, Cagdas Kavramlar ve Düzenler, Iz Yayincilik, 16a edición, Estambul, 1998, p. 241
22. Ali Bulac, Cagdas Kavramlar ve Düzenler, Iz Yayincilik, 16a edición, Estambul, 1998, p. 241